Silvina Garré y Litto Nebbia están entre los grandes nombres de la cultura rosarina. Con más de cuarenta años de camino compartido, vuelven a encontrarse en un escenario de la ciudad para mostrar “Sonidos del Sur”, un show único junto al destacado guitarrista Daniel Homer. Se presentarán el viernes 13 y sábado 14 de diciembre, a las 21, en el auditorio principal del Centro Cultural Contraviento (Rodríguez 721).
Tras la experiencia compartida del álbum “Archivo Jobim” (2016), en reconocimiento al autor brasilero, y antes de publicar “Archivo Bacharach” (en homenaje al estadounidense Burt Bacharach, fallecido en 2023), interpretarán canciones propias y de autores de la talla de Tom Jobim, Milton Nascimento, y Caetano Veloso, entre otros.
En una cálida charla con La Capital, Garré habló de su entrañable vínculo con Nebbia, el vínculo entre la composición y su formación como psicóloga, y su reciente regreso a vivir en Rosario después de cuatro décadas fuera de la ciudad:
- ¿Cómo fue volver a encontrarse con Litto para este show en particular, después de tantos proyectos compartidos?
Con Litto nos conocemos desde el 83. Hace 41 años, yo empecé a trabajar como solista y él me convocó para cantar en la banda de sonido de la película “Evita, quien quiera oír que oiga”. Antes nos habíamos conocido en conciertos que hicimos con otros rosarinos, en los que estuvieron Litto, Juan Baglietto, Lalo de los Santos, Rubén Goldín. Ahí fue la primera vez que conversé con él. Pero después empezamos a tocar juntos. En el 83, yo daba mis primeros pasos como solista, tenía 21 años. Y él me dijo: “Eduardo Mignogna va a hacer su ópera prima, es un documental, y yo voy a hacer la música. Hay tres canciones cantadas y queremos que las cantes vos”. Terminé grabando una voz en off también, de cartas y textos, y fue un trabajo divino. A partir de ahí, siempre hicimos cosas. Compartimos escenarios, él me convocó muy generosamente para varios proyectos hermosos, y yo lo convoqué porque quería hacer un disco con canciones de él. Yo le dije que no quería hacer un tributo, que quería que toque él y haga los arreglos. Así salió el disco “Más que loca”, que son todas canciones de Litto. Yo le pedí que me pasara temas porque quería hacer temas conocidos pero no todos hits, sino algunos más actuales también. Y tiene tantas canciones que me mandó a mi casa como veinte CDs (risas). Somos amigos y además nos llevamos muy bien. Además de un gran músico, Litto es muy amoroso, muy buena gente, y muy inteligente, así que es muy lindo siempre trabajar con él.
- ¿Cómo se elige a esta altura de la carrera, y del camino compartido, un repertorio?
Este es un show particular. Nosotros grabamos el disco de Jobim juntos así que va a haber mucho de eso, también algo de Caetano, y también algunas canciones mías y otras de Litto. Como la noche tiene esta suerte de temática brasilera, fue bastante sencilla la elección de temas. Y también está Daniel Homer, que va a tocar con nosotros y también solo. Así que va a ser muy diferente a otros shows.
- Volver a vivir en Rosario también implica, como en este caso, habitar nuevos espacios culturales de la ciudad. ¿Cómo lo vivís?
La verdad que sí, se agradece mucho a Marcelo Gastaldi, uno de los creadores de este espacio. Siempre se agradece que haya nuevos espacios para la cultura y el arte, sobre todo en una ciudad como Rosario en la que hay tantos artistas en todas las disciplinas. Así que lo estamos esperando muy ansiosos.
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- ¿Y cómo fue el reencuentro con la ciudad?
Tengo mi familia acá, y tuve ganas de volver a vivir en mi ciudad después de cuarenta y pico de años fuera de ella. Nunca había vivido sola en Rosario y la verdad que es muy linda la experiencia, estoy contenta. Hay un reencuentro que ha sido muy importante para mí. Un reencuentro no sólo humano con las personas que quiero, sino con la ciudad que quiero. Ahora ya estoy más habituada, pero en el primer tiempo era algo muy emocionante, porque pasaba por lugares que estaban cuando me fui y siguen estando. Está hermosa la ciudad.
- ¿Sentís que el reencuentro habilita algo nuevo artísticamente?
No particularmente con el lugar, sino quizás con el estado anímico o emocional que puede llegar a generar el estar en un lugar. En todos lugares, uno se puede conmocionar y emocionar. Lo que yo escribo siempre tiene que ver con mi mundo interno. Así que más que los espacios físicos, lo que modifica son las interacciones con las personas, o ver una película o leer un libro. Son cosas que pueden pasar en cualquier parte del mundo, pero después yo siempre voy a hablar desde una sensación interior, de alguna manera poética. No voy a relatar ningún hecho concreto, fáctico, sino que voy a hablar de cosas que siento y pienso, incluso sobre temas que son bastante universales.
- Sin dudas tu obra tiene que ver con estas profundidades, con hablar de lo universal de la experiencia humana. ¿Qué cosas te nutren en ese sentido?
He escrito canciones después de ir al cine. Eso es mágico. La composición es algo bastante misterioso y no quiero que pierda su misterio así que tampoco lo analizo tanto racionalmente, porque no es un proceso racional. Lo racional es posterior, la parte de quizás corregir un acorde. Pero la composición se da más desde el inconsciente, el inconsciente dicta y uno escribe, por lo menos en mi caso. Yo no planeo un tema, no es esquemático mi proceso compositivo. El cine me nutre muchísimo. Voy mucho sola al cine. No me gusta ir con nadie, porque salgo y quedo un rato en la película. Lo mismo me pasa con otro tipo de espectáculos, como el teatro. Después, por supuesto, me nutre leer. No solamente libros, sino también filosofía, ideas. Una buena charla con algún amigo también, con esos amigos con los que se puede charlar hondamente. Se abren un montón de espacios después de algunas charlas. Hay una suerte de co-crear ahí previo a la canción, porque uno empieza a saber más sobre uno hablando con otro que sabe escuchar y que está en una sintonía similar. La inspiración también puede ser un recuerdo, una imagen de la infancia, una imagen muy lejana que aparece de forma vívida. Eso después se combina con otras cosas, porque nunca se habla de una sola cosa. A veces me preguntan para quién escribí tal canción, y yo contesto con una frase de Nietzsche que está al principio de “Así habló Zaratustra” y que dice “este libro es para todos y para ninguno”. Porque uno no sabe, no lo puede controlar. Y eso es lo que tiene de lindo y especial. A mí me pasó que hace poco escuché “Diablo y alcohol”. Cuando lo escribí, no tenía ni idea de qué estaba escribiendo. Y hace un tiempo lo escuché y le encontré una significación que no había visto antes.
- Pensando en tu formación como psicóloga y en lo que contás de tu manera de componer, de alguna forma tu obra son retazos de inconsciente que dejaste por ahí.
Yo empecé a estudiar psicología de grande, cuando ya había escrito muchísimas canciones. Siempre supe que lo que más me gustaba era el psicoanálisis y cuando empecé a estudiar los procesos del inconsciente, dije “esto es lo que pasa cuando uno escribe canciones”. Habría que haberle dicho a Freud que además de en los sueños y en los chistes, el inconsciente se manifiesta en las canciones (risas).
- ¿Qué te sorprende después de tantos años de carrera?
No es que me sorprende, pero me sucede la felicidad absoluta. Tocar en vivo, hacer el show, escuchar a los músicos, la emisión de mi propia voz, la emoción de la gente, el canto del público, son todos momentos de absoluta felicidad. No estoy exagerando. Es algo que no puedo comparar con nada más, no he tenido otro sentimiento de felicidad más grande que ese. Y sigue sucediendo, tal vez la sorpresa sea esa. Pero estoy muy agradecida de seguir sintiéndome así después de tantos años. Cuando uno está tocando, se cancelan muchas cosas, incluso dolores físicos. Es tan necesario para el alma y para apaciguar aquellos momentos en los que uno no está tan bien.