"Yo estaba cenando en un bar del centro y vi por la televisión que habían matado a dos personas en la puerta de mi casa". De esta manera peculiar un vecino del barrio Tablada se enteró del doble crimen ocurrido la noche del martes en la esquina de Doctor Riva y Chacabuco. En esa intersección, dentro de un taxi de la ciudad de San Lorenzo, fueron acribillados el chofer y un pasajero. La principal hipótesis es que al joven que iba en el asiento trasero lo esperaron para emboscarlo y que el taxista recibió los disparos solo por estar allí, sin tener que ver con un posible conflicto de fondo. Hubo cuatro detenidos ligados a Alan Funes, uno de los administradores del narcomenudeo en la zona, aunque no hay elementos concretos para ligarlos al ataque.
Otra vez Tablada. Después de terminar el 2023 con 20 homicidios y ubicándose como uno de los tres barrios de la ciudad con más casos registrados en el año, este punto de la zona sur continúa atravesado por la violencia. Los nuevos operativos de fuerzas federales y provinciales focalizaron en sus calles, entre otras identificadas como zonas rojas, los planes anunciados con el objetivo de controlar el crimen organizado. Incluso un puñado de puntos de venta de drogas fueron reducidos a escombros como símbolo de una decisión política tajante. No obstante, siempre Tablada.
En esta ocasión fue el martes por la noche, cerca de las 21. A esa hora un Fiat Siena blanco con chapa de taxi de San Lorenzo, identificado con la empresa Potolo, llegó al cruce de Doctor Riva y Chacabuco. Allí se detuvo cuando, en circunstancias que se investigan, al menos una persona disparó contra el vehículo con un arma calibre 40. En el interior iba el chofer, identificado como José Luis Assale, de 63 años, y un pasajero de 21 años que se llamaba Carlos Uriel Acosta.
La investigación que lleva adelante el fiscal Matías Edery parece tener una hipótesis: a Acosta lo entregaron, de alguna manera lo hicieron llegar a ese punto del barrio Tablada donde fue asesinado. Se había subido al taxi en San Lorenzo y al llegar a destino, cuando el ticket se estaba imprimiendo, fue emboscado a balazos. Recibió al menos seis disparos distribuidos entre el pecho y los brazos. Mientras que sobre Assale se presume que ligó los tiros de rebote, recibiendo heridas en distintas partes del cuerpo. En la escena los peritos recogieron 8 vainas calibre 40. Todo es materia de una pesquisa incipiente y sujeta a posibles giros en una trama que se perfila por demás de oscura.
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José Luis Assale, el taxista asesinado.
Luego de que trascendió el asesinato de Assale, sus compañeros de trabajo comunicaron que realizarían un paro durante la madrugada del miércoles. También se manifestaron en redes sociales, donde lo recordaron y lamentaron el hecho.
Un barrio de testigo
Este miércoles por la mañana el barrio había vuelto al movimiento habitual de vecinos que no renuncian a la idea a ocupar la calle, al menos mientras dure la luz del día. Con la cautela que ya caracteriza a los barrios como Tablada, donde uno no sabe hacia donde corren los rumores, algunos se animaron a hablar.
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"Se escuchó una ráfaga muy rápida, como de un arma automática. Cuando nos asomamos ya no vimos nada, estaba el auto y estas dos personas adentro", contó una mujer. "Yo estaba cenando en un bar del centro y vi por la televisión que habían matado a dos personas en la puerta de mi casa", comentó un hombre a metros de donde horas después, como marcas del doble crimen, solo quedaban cristales de los vidrios del taxi y pequeños rastros de sangre.
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"Lo que me dejó mal es que vinieron unos atorrantes y le sacaron las pertenencias que tenían. Fue antes que llegue la policía", contó una vecina. Aseguró haber visto un grupo de jóvenes que apareció a pie y se abalanzó sobre el taxi para llevarse algunos objetos que no alcanzó a distinguir. Desde la Fiscalía indicaron que el taxista no tenía ni su celular ni la billetera.
Detenidos pero sin vínculo
Minutos después del hecho cuatro personas fueron detenidas. Según versiones oficiales un llamado al 911 alertó sobre la presencia de los posibles autores del doble crimen en una casa de Ayacucho al 4300. Incluso, tal como describieron los informes policiales, el presunto denunciante mencionó a Leila S. Se trata de una mujer que en el último tiempo fue demorada en varias ocasiones por su vínculo con Alan Funes, preso en una cárcel federal por homicidios y por administrar el narcomenudeo en algunos puntos de Tablada.
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Con ese dato los agentes del Comando Radioeléctrico que trabajaban en el hecho se dirigieron al domicilio de Ayacucho al 4300. Según esta versión al llegar al lugar advirtieron que un grupo de personas intentó escapar por los techos, por lo que los agentes ingresaron a la vivienda. Allí aprehendieron a Uriel G., de 18 años; a Carlos D. V., de 21 años y a Leila S., de 27. Minutos después, ya en la calle, dieron con Ezequiel S., de 32 años, quien llevaba consigo una pistola calibre 380. En la casa también encontraron una pistola calibre 9 milímetros, un cargador y varios cartuchos, además de celulares que fueron incautados.
Los cuatro demorados quedaron a disposición de la Justicia, en principio por la tenencia ilegítima de armas de fuego. En relación al doble crimen con el paso de las horas no habían surgido pistas que pudieran relacionar a los detenidos por el ataque, por lo cual en ese caso podrían quedar desvinculados.
Un contexto
Leila S., nuevamente detenida, había sido imputada a mediados de enero por amenazar a personal del Ministerio de Seguridad de la provincia que estaba a cargo de la demolición de un domicilio sindicado como punto de venta de drogas. El derribo se estaba realizando bajo la orden de la jueza Silvia Castelli, quien tomó la medida en el marco de la ley de narcomenudeo a la cual la provincia adhirió en diciembre. En ese contexto la acción judicial afectó a cinco viviendas que en distintas investigaciones aparecían relacionadas a la distribución de estupefacientes a baja escala.
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"¿Qué es lo que hacen acá? Esta es mi casa, vengo de Fiscalía. Ustedes no pueden tocar nada. No saben lo que les va a pasar, esta es la casa de Alan Funes", aseguran que dijo Leila S. a los operarios que el 12 de enero trabajaban en el derribo de la propiedad ubicada en Ayacucho al 4300, a metros de donde la madrugada del miércoles fue detenida. El fiscal Aníbal Vescovo le imputó los delitos de amenazas coactivas y resistencia a la autoridad, y la jueza Hebe Marcogliese dispuso que quedaría libre bajo la condición de fijar un domicilio, pagar una caución de 400 mil pesos y presentarse una vez por semana ante la Oficina de Gestión Judicial. Asimismo le habían prohibido acercarse al domicilio en cuestión.
En relación al lugar donde ocurrió el doble crimen hay un largo historial de hechos violentos. Incluye el homicidio de Esteban Vallejo, de 32 años, asesinado en noviembre de 2021 en el ingreso de un pasillo de Chacabuco al 3900. O el de Leandro Leonel Lanieri, de 17 años, acribillado en septiembre pasado en Chacabuco al 3800. Apenas unas cuadras alrededor, sobre todo en los terrenos conocido como La U, los crímenes se acumulan de a decenas en los últimos años.
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La mayoría de estos hechos estuvieron vinculados a conflictos por el narcomenudeo. Otros no llegan a crímenes pero forman parte de la misma trama, como es la larga historia de violencia que rodea a una vivienda de Chacabuco al 3900 sindicada como punto de venta de drogas. En marzo de 2022 fue noticia por haber recibido al menos 32 disparos en un ataque que se sumó a otros anteriores y dejó, como consecuencia, la fachada repleta de agujeros.
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Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
En esa casa vive Carina Verónica A., de 52 años, detenida días antes de aquella balacera en el marco de una causa por venta de drogas que la dejó con prisión domiciliaria ahí mismo. Su nombre apareció a la vez en una causa por extorsiones vinculadas al narcomenudeo que tuvo como víctima a una vecina de la misma cuadra. Según consta en la investigación, un preso en la cárcel de Piñero la amenazaba para que vendiera drogas en su casa.
Este recluso, que a mediados de enero fue condenado en esta causa a 10 años de prisión, aseguraba que trabajaba para Ariel Máximo "Guille" Cantero, sindicado líder de Los Monos. En la investigación se supo que planeaba atentar contra la casa de Carina A. para cerrar su punto de venta, en principio relacionado a otros mandos superiores. Una historia que sirve como muestra de que donde este martes ocurrió el doble crimen todo es más complejo de lo que parece.