“Lo efímero es el signo de estos tiempos. Y el déficit de atención ya es un estilo de vida”, dice Richard Coleman entre risas. Con cuatro décadas de trayectoria, Coleman es una de las figuras más importantes (y complejas de clasificar) del rock argentino. También es un agudo observador de la realidad y del presente en la música. La excusa ideal para charlar con él es su regreso a Rosario: el cantante y guitarrista se presentará este sábado 27 de mayo, a las 21, en la sala Lavardén (Sarmiento y Mendoza), con un show unipersonal en formato electroacústico. Armado con sus guitarras, pedales y efectos electrónicos, mostrará canciones “intervenidas” de Fricción, Los 7 Delfines y sus discos como solista, además de sus coautorías con Gustavo Cerati y otras sorpresas.
En diálogo con La Capital, el músico que encarnó al “dark” argento por excelencia en los años 80 y 90 habló de su encuentro con Brian Eno en Londres , de lo poco valorado que está el formato de álbum y del exceso de revisionismo en el rock.
—¿Cómo es el show que traés a Rosario? ¿A qué le diste prioridad a la hora de elegir las canciones?
—Con este show arranqué en diciembre, y es un show que presenté en Londres el año pasado. Es un recital electroacústico, y la característica que tiene es que los temas están intervenidos por partes instrumentales sostenidas por electrónica, por loops y efectos de pedales. Entonces elegí canciones que soportaran este tipo de intervención más que nada. Las canciones están un poco destruidas (risas): algunas se parecen más a la forma original y otras se disparan para otro lado. Son temas de mi repertorio, de toda mi carrera: mi carrera solista, Los 7 Delfines, Fricción, algunas canciones que hice con Gustavo (Cerati) y algún cover también. Este formato me está dando mucha satisfacción, porque tiene un costado experimental y me da cierto vértigo que es muy necesario para tocar en vivo.
—En 2021 publicaste un single, “Humanidad”, pero no estuvo seguido por ningún álbum. Desde hace tiempo el formato de single se impuso al álbum, que siempre fue el formato por excelencia del rock, al menos desde mediados de los años 60 en adelante. ¿A vos qué te parece ese cambio?
—Lo efímero es el signo de estos tiempos. Pasa un poco por ahí. Y el déficit de atención ya no es una enfermedad o una condición, es un estilo de vida, no? (Risas). El rock está también en esa adaptación, es parte del desafío. El single “Humanidad” fue especial para mí, porque fue una canción que surgió como una unidad, no surgió como parte de otro proyecto. Hasta ese momento uno venía trabajando en un álbum del cual se extraían los cortes. Yo soy un compositor de discos, porque pienso en un concepto y en la información que quiero desarrollar, desde el arte de tapa hasta las canciones. Pero “Humanidad” surgió genuinamente como una canción sola. Es un tema muy post pandemia, tiene que ver con la salida de esa situación. Después de que la edité me preguntaban ¿se viene el álbum? (Risas). Y dije: “No, esto es una reflexión aislada”. Actualmente estoy grabando otra canción, pero no voy a forzar la situación del álbum. Yo nunca trabajé bajo presión de sacar nada, siempre me sentí muy libre en ese sentido. Y ahora no tengo un concepto de álbum. Además, está este nuevo paradigma de la distribución de la música. Siento que el destino de un álbum no es muy valorado. No le hace honor realmente al trabajo del músico. El álbum termina en una plataforma, y ahí parece sólo una lista de canciones. Poca gente le va a dedicar el tiempo para escucharlo completo, de corrido, así como está pensado. Es un destino un poco ingrato para la obra. No para el artista, no hablo de mí. Para el producto no está bueno. Es cierto que ahora hay un renacimiento del vinilo como objeto de arte, como objeto de colección. Pero convengamos que eso es algo bastante limitado, es para un grupo de gente pequeño.
—El año pasado publicaste en Instagram una foto con Brian Eno, un ídolo tuyo de toda la vida. Estaban los dos en el estudio de Eno en Londres. ¿Cómo se dio ese encuentro?
—Se dieron una serie de felices coincidencias que llevaron a ese momento, que fue muy importante para mí como admirador de la obra de Eno. Es una de las personas que más ha influido en mi carrera desde varios puntos de vista. Esto surgió a partir de una fundación que se llama EarthPercent, de la cual forma parte Brian Eno y además trabaja la esposa de un amigo mío que vive en Londres. Estos amigos me gestionaron la posibilidad de visitar el estudio de Eno. Y dio la feliz casualidad de que él estaba ahí y me recibió. Fue un momento hermoso. El justo había recibido las pruebas de su nuevo álbum y me mostró su disco recién llegado y todo su estudio. Conversamos, estuve más de una hora con él. Es un tipo divino, muy generoso, muy sencillo. Le comenté de mi admiración, y de cómo su obra me había llevado a descubrir a David Bowie cuando yo era adolescente. Yo me sentía un niño ahí (risas), estaba muy emocionado.
eno.jpg
Brian Eno y Richard Coleman en Londres.
—El rock argentino está pasando por una época de mucho revisionismo: salen biografías, autobiografías y documentales. Y lo más reciente es la serie sobre Fito Páez que se estrenó en Netflix. ¿Qué opinás de esta tendencia? ¿Y a qué pensás que responde?
—El revisionismo no es lo mío. Es cierto que hace un tiempo viene sucediendo, y creo que tiene que ver con la partida de algunos de nuestros artistas. Digamos que eso tiene algún sentido... Si no es oportunista tiene sentido. Partieron Luca (Prodan), Miguel (Abuelo), Federico (Moura), Pappo, Gustavo, Luis (Alberto Spinetta)... Y está bueno tener algo escrito sobre ellos con respeto y rigurosidad. Por ese lado lo veo más o menos bien. Lo que yo no entiendo... A ver, cómo explicarlo para no resultar violento... A veces me preguntan sobre Gustavo o los inicios de mi carrera. Y a mí me lleva mucho tiempo y energía mental hablar de cosas que sucedieron hace más de 30 años. Me cansa revisitar mi pasado. Después me tengo que recuperar de eso. Yo miro para adelante, la nostalgia y las efemérides me agotan. Están repitiendo efemérides todo el tiempo. Este año se cumple tanto de... Y al año siguiente se cumple otro aniversario. Te harta. Yo no quiero darle eso al público, ni al que es contemporáneo a mí ni al público nuevo. Yo puedo tocar un par de canciones de Fricción, pero como las siento ahora, trasladando esas palabras al presente, dándoles un nuevo significado. No reuniría a Fricción para que todos nos sintamos como en aquella época, extrañando aquello. Y tampoco le mostraría a una nueva generación la música de hace 30 años creyendo que esa es la posta, no les contaría una fantasía de lo que eran los 80. Para mí todo eso es absurdamente comercial.
—En el caso puntual de Soda Stereo, de la reciente gira “Gracias totales”. ¿Pensás que eso es diferente porque ya no está Cerati y funciona como un homenaje?
—La gira de “Gracias totales” tuvo otro tipo de motivación. Eso nace de la necesidad de Zeta (Bosio) y Charly (Alberti) de hacer una última gira que les quedó trunca, y de la necesidad de salir a tocar sus canciones, cuando hay tantas bandas tributo haciendo la mímica de Soda Stereo, no? Ellos todavía están con capacidad musical, y no tienen por qué ponerse a hacer temas nuevos o armar otra banda. Esa gira surgió por el lado de la satisfacción personal de ellos. Yo lo encaré como productor artístico en la parte de las guitarras, pensando de qué manera Gustavo hubiera presentado esto si hubiera tenido la posibilidad de hacerlo con tres guitarristas que no fueran él. Para mí no fue tan complejo porque lo conocía muy bien a Gustavo. Zeta y Charly me convocaron y yo me sentí honrado por el convite y la responsabilidad también.