India crece en la ciudad de Victoria en los noventa menemistas, en el núcleo de una oligarquía a la que observa con extrañamiento y curiosidad, “entre la rosca y la guita”, entre “el lujo y la sordidez” de la época. Crece también a la par del puente que cambiará para siempre el paisaje litoraleño de dos orillas. Este universo propone “Debilidad humana”, la novela de la artista rosarina Lila Siegrist, publicada recientemente por Mansalva Ediciones, que presenta este miércoles 9 de abril, a las 18.30, en Mal de Archivo (Urquiza 1613), acompañada por Virginia Giacosa y Julia Enriquez.
“Debilidad humana” es el quinto libro de Siegrist, quien ya tiene publicados “Vikinga criolla” (Yo soy Gilda editora, 2012), “Tracción a sangre” (Ivan Rosado, 2013), “Destrucción total” (Blatt & Ríos, 2014) y “Te quiero abrazar mucho” (Mansalva, 2020).
“Lejos de las lánguidas poéticas pluviales pone en acción una que traslada el vigor al futuro: ‘La gana no era por la sexualidad y, menos aún, por el instinto de dominio y autoridad. La gana era el fenómeno primordial de potencia’”, dice María Moreno en la contratapa, citando un fragmento de la novela que también da cuenta de su cierta impronta “coming of age”.
Con un manejo siempre preciso y cuidadoso del lenguaje, Lila traslada a la materialidad del texto el contraste primordial de una época, ese que también encarna la protagonista: el refinamiento y la ostentación que choca contra el barro y la visceralidad de una adolescente.
India cumple tareas administrativas, a bordo de su fiel Honda Dax, para su padre, El Ingeniero, un actor clave en el pilotaje del puente vinculado a las más altas y cuestionables esferas del poder. India se mantiene a ras del suelo, no tiene aspiraciones grandilocuentes vinculadas a ninguna idea de profesión. Adopta pero no se identifica con los protocolos de clase que la rodean. Esto le da un lugar privilegiado en ese universo: es necesaria pero invisible. Se convierte en testigo y espía de los entramados del poder que ocurren en su propia casa.
“Para mí ella es una gran autodidacta. Lo que emprende, lo emprende con profundamente y conocimiento práctico. No es una teórica del paisaje, es una gran exploradora de situaciones y cuestiones fácticas. Cuando ella le presenta su currículum, aparece esto: sabe andar a caballo, manejar tractores, poner una mesa y usar la IBM”, contó Siegrist en diálogo con La Capital.
En esas exploraciones, descubre una biblioteca de su padre, enunciada en su totalidad en la novela, y empieza a leer sus títulos de forma secreta. En esa biblioteca real, fluvial y autobiográfica (también vinculada a su anterior libro), está el origen de la novela. “India empieza a reconocer el paisaje a través de lo que lee. Empieza a adorar y a amar el detalle del paisaje propio, nativo y natal, y a estar sensibilizada con ese paisaje gracias a la lectura. Es como un trabajo opuesto: ella habita ese paisaje sin leerlo y a través del ejercicio de lectura lo empieza a reconocer en la realidad. Es como un trasvasamiento”, apuntó la autora.
>> Leer más: Lila Siegrist presentó "Carta a mi abogado" en La Toma
“En ese gran listado de la biblioteca de el Ingeniero, que por momentos es una biblioteca clandestina, oculta, divergente y rara, con una catalogación muy particular, ella se reconoce”, agregó Lila.
La artista se crió en la cabecera rosarina del puente, al que vio crecer durante su adolescencia. “Si hablamos de autobiografía, tengo una filiación con el río y con el puente bastante cercana, no es que me puse a investigar nada demasiado exógeno. Es un escenario fluvial y a la vez un escenario vinculado por la política, la rosca, el poder. Son intereses genuinos que he estado explorando e investigando desde un lugar autodidacta. Son pesquisas para construir el bagaje de esta ficción”, detalló Siegrist.
“Debilidad Humana” es breve pero profunda. En sus menos de cien páginas, que según su autora se recorren en “una hora cuarenta y cinco” de lectura, logra con destreza orgánica desplegar una serie de elementos estéticos y narrativos siempre al servicio de la historia. La construcción del puente une más que dos orillas y llega también a la mismísima Casa Rosada. Y vinculado sobre todo a este último, la novela apela con gracia y sin cinismo al humor para dar cuenta de la sordidez de la época.
“Hay mucho humor. Me río de ciertos hombres que administran el poder. Hay cierta sorna tierna, cándida. No hay escenas violentas ni crueles, eso fue algo deliberado. Y en relación al humor, hay un testeo que hice con amigas que me leen, amigas que quiero y valoro mucho y me interesa su mirada lectora, y ahí sucede la confirmación del humor. Porque en la palabra escrita, el humor tiene la particularidad de que puede pasar de la parquedad a la algarabía porque da en fibras particulares”, compartió Lila.
>> Leer más: El fragor del torrente
“Hay un arco temporal real, compuesto, que va desde finales de los ochenta hasta nuestros días. Y después hay referencias a ciertos lugares de la militancia de los sesenta y los setenta, cierta pertenencia a una oligarquía descentrada de las provincias del país”, agregó la escritora sobre el universo espacio-temporal de “Debilidad humana”, clave para su forma y para su fondo. En la novela, aparecen como pinceladas algunas de las múltiples estéticas que marcaron la época en esta parte del mundo, y que van desde “El amor después del amor” de Fito Páez hasta las primeras telenovelas de Cris Morena.
India es la protagonista de la novela pero una observadora de la historia (que podría llevar mayúsculas). A pesar del amor por el paisaje, su único arraigo es en el movimiento. “Ella está descentrada del relato, aunque ella misma es el relato. No hay un perfil hegemónico de ella, siempre está mirando como de manera oblicua los fenómenos que atiende. Y sin embargo, sus decisiones tienen que ver con buscar un lugar y huir, buscar un lugar y huir”, cerró Siegrist.