Un artista quedó en medio de una polémica viral tras intervenir una escultura de San Martín en la ciudad de San Lorenzo, en el marco de la visita del presidente Javier Milei. Joaquines, también arquitecto e investigador, trabaja hace tiempo sobre la intervención de símbolos patrios. En esta oportunidad, le agregó una pequeña lágrima de acrílico a la figura del prócer y generó debate, pero también recibió fuertes ataques en redes.
El artista realizó la intervención el día anterior de la visita del primer mandatario, y la registró con una foto en sus redes sociales, donde se veía a San Martín con la lágrima celeste. Esa imagen fue retomada por medios de San Lorenzo y rápidamente se multiplicó en portales de distintas localidades de la región y redes sociales. En un momento, llegó a X y fue replicado por figuras como el influencer libertario conocido como Gordo Dan.
Como no está en la plataforma de Elon Musk, Joaquines comenzó a recibir mensajes hostiles en Instagram, que lo acusaban sobre todo de vandalizar la figura de un prócer, pero además lo hostigaban de manera personal. Hasta intentaron hackearlo pero logró recuperar su cuenta.
“Me afectó en el sentido que me hizo pensar en lo grave que es ese dispositivo y lo bien que funciona. Es muy orgánico el disciplinamiento del que hace algo que no quieren que sea hecho. A mí no me importa que me insulten a mí pero sí ese disciplinamiento, y que la gente no haga cosas porque son muchos los que te atacan. Es muy difícil pronunciarse si lo que se ve del otro lado es que se van a venir insultos sobre tu cuerpo, sobre tu profesión, sobre lo que hacés, sobre lo que sos”, cuenta Joaquines en diálogo con La Capital.
Graciela Sacco, artista visual rosarina, llamaba “interferencias urbanas” a sus intervenciones urbanas. “Eso me parece algo muy lindo y muy astuto de ella. Pero yo pienso en lo que hice en la línea de una irrupción, más que una intervención. Porque fue una perchita de acrílico que estuvo colgada un rato, irrumpió un segundo”, agrega el artista.
El elemento de la polémica era un pequeño aplique de acrílico con unos pliegues que permitían colgarlo del monumento como una pequeña percha. Joaquines no sabe cuánto tiempo duró la lágrima sobre la representación San Martín, que por supuesto no sufrió daño alguno. De la intervención, o la irrupción, sólo quedan las fotografías tomadas oportunamente.
A pesar de la hostilidad recibida, incluso durante entrevistas periodísticas, Joaquines celebra que un “gesto tan chico” y efímero haya abierto “tantos interrogantes”. Por un lado, porque da cuenta de la capacidad del arte contemporáneo de efectivamente disputar sentidos. Por otro lado, permite reflexionar sobre la figura de los próceres y el rol de los monumentos.
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Activar símbolos de disputa
“Me hizo retomar esta idea que estudié en urbanismo de cómo los monumentos generalmente después de un rato pasan inadvertidos. Así sea el mismísimo San Martín, Padre de la Patria, uno pasa por adelante del que está por Pellegrini en el Parque Independencia y es parte del paisaje de cada día”, dice el artista. Pero de pronto, una pequeña intervención reactiva el interés por ese monumento y la figura que representa.
La invitación de Joaquines es entonces a “seguir interviniendo los símbolos sensibles, que en muchos casos están como neutralizados, pero que con una intervención se activan como símbolos de disputa”. De manera similar, cuestiona la idea de “neutralidad” de los próceres, en tanto figuras estancas en las páginas de la historia, que no generan tensión alguna.
“San Martín es una figura que todos los gobiernos en algún momento han querido tomar. Es en sí mismo un símbolo de disputa. Creo que lo que muchos me están diciendo es que no estoy vandalizando el monumento en sí mismo, sino el patrimonio simbólico. Y eso para mí es espectacular, porque bienvenida la idea de que lo simbólico tiene valor”, comparte el artista, que hace al menos una década trabaja sobre la intervención de símbolos patrios como la mismísima bandera argentina, y que de hecho había instalado (antes del cierre de campaña de Milei en Rosario) una lágrima idéntica en el monumento a Manuel Belgrano que está en el Parque de la Bandera.
“Un periodista me decía que San Martín es lo único que no nos divide a los argentinos. Y la verdad que hace dos semanas no se para de discutir si San Martín estaría o no estaría contento con que el sable corvo esté en un lugar o en otro”, agrega Joaquines.
En este sentido, el artista interviene la figura de San Martín justamente porque la considera valiosa, porque le asigna una carga afectiva. “Rápidamente te ponen en un lugar de falta de respeto a la figura, y es al contrario. Yo me meto con la figura de San Martín porque le cargo una emoción. Creo que no puede ser interpretado solamente como un objeto estático. Para mí faltarle el respeto es dejarlo congelado, cristalizado”, detalla.
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“Creo que el arte permite revivir, cargar de sentido, de dinamismo, de devolverle capacidad de diálogo a San Martín. Y tampoco cierra ese pronunciamiento, porque yo por ejemplo no le puse una bandera partidaria, o en el pie de foto de Instagram no escribí ningún texto”, suma el artista. Más allá de que Joaquines no esconde su ideología (de oposición al gobierno de Milei), ni su intención detrás de la intervención, la lágrima no buscó cerrar una sola interpretación posible.
“Algunas lecturas decían, algunas en chiste y otras no: ‘llora de emoción porque vino Milei’ o ‘llora de emoción porque recuperó su sable’. Si te ponés a preguntarte un poco, lo podés llevar a muchas interpretaciones. Para mí llora porque vino Milei, y no de emoción. Pero lo interesante de la imagen es que los próceres lloran por algo en este momento. A partir de ahí, ¿qué pasa? Si yo me pongo a pensar en por qué hoy lloraría San Martín sería por encontrarse con un país tan dañado que la gente no tiene ni una capa para pensar nada en paz. El estado de violencia y de crispación, es gigantesco y es ridículo”, apunta el artista.
Es así que inmediatamente, al detectar su postura política, muchos decretaron que el gesto de Joaquines no era arte o que él mismo no era un verdadero artista. Para el también arquitecto, esto último no sólo responde a una profundización global de la polaridad política, sino también a que el “arte visual contemporáneo hoy está encerrado en sus circuitos especializados”, donde “no disputa sentido ni en lo masivo ni en el espacio público, ni busca generar controversia transversal”.
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“Como sociedad, estamos muy poco preparados para eso justamente porque el arte quedó fuera del diálogo. Pero cuando de repente el arte sí aparece como muy accesible a todos, de una manera realmente muy inofensiva, genera una discusión que aparece en la televisión, en la radio, en las redes sociales. Para mí es re potente porque le devuelve al arte visual, y es lo que deseo con mucha fuerza, la capacidad de intervención del campo simbólico real”, cierra.
Finalmente, lo que Joaquines sí descarta de plano son los cuestionamientos que lo acusan de “politizar” a la figura del prócer. “Es San Martín. Es la figura política más importante de nuestro país. Y además es un monumento. Y los monumentos no son más que la deriva política en el espacio público, siempre. San Martín puesto ahí es un acto político, el Monumento a la Bandera es un acto político, las iglesias y su forma son un acto político, la arquitectura, la irrupción en el espacio es primeramente política”, concluye.