Un trazo que hilvana “los tres tiempos que habitamos simultáneamente”, el territorio propio del ejercicio de la memoria, es lo que busca retomar el artista Joaquines con su nueva muestra. A través de un trabajo primordialmente con objetos de la cultura popular, materia central de su obra y recorrido artístico, recupera ciertos registros de la tradición del terror para abordar de forma situada la presencia fantasmagórica, y por tanto presente, de la dictadura militar y el terrorismo de estado. El evento de apertura es este martes 19 de marzo, a las 19.30, en Gabelich Contemporáneo (San Juan 911).
“La memoria también es la sombra de los párpados”, que desde su título asoma los diálogos que propone, está compuesta de tres piezas: una instalación (“Fantasma”), un objeto (“Luto”) y una pieza audiovisual (“Pretérito desperfecto”). Después del evento de inauguración, la muestra podrá visitarse de martes a viernes de 15 a 20, y los sábados de 11 a 14.
Joaquines nació en la Base Naval Puerto Belgrano y se crió en un Batallón de Infantería Marina en Tierra del Fuego. Para cursar sus estudios de grado, se mudó a Rosario, donde desde entonces se desempeña en múltiples facetas como arquitecto, investigador de CONICET, docente y artista. El imaginario (y la imaginería) militar sigue a Joaquines desde su nacimiento, pero no es esa presencia biográfica la que motiva las piezas de su nueva muestra, sino la creciente resonancia de discursos y políticas negacionistas y represivas en la actualidad.
“La intención que tienen estas tres obras es trazar puentes y conexiones entre la coyuntura que estamos viviendo hoy sobre la crisis de la memoria, el cuestionamiento y la persecución en torno a la última dictadura, y el terror, que para mí era importante traer. A todes quienes nos importa lo colectivo estamos muy afectades y atravesades por esto, y me parecía importarle darle cuerpo”, contó el artista en diálogo con La Capital.
El recurso del terror como género discursivo es una novedad en la obra de Joaquines, históricamente más vinculada al “humor, el sarcasmo, la sátira”, y su incorporación está directamente vinculada por la coyuntura política y social. “Soy muy genuino en mi producción, realmente es algo que me brota de una manera muy auténtica. Desde el 10 de diciembre para acá, antes también pero sobre todo desde ese día que se materializó lo que yo entiendo como la llegada del fascismo a nuestro país, por vías democráticas pero llegada de fascismo al fin, yo no encuentro humor”, aseguró sobre el proceso subjetivo que se tradujo en la muestra. “Soy científico, soy artista, y de repente pareciera que somos el gran peligro de la sociedad, y se nos apunta y deshumaniza, y eso me parece terrorífico”, sumó, remarcando los recortes a la cultura y las ciencias operados por el gobierno nacional en estos primeros meses de gobierno.
Una de las piezas centrales de “La memoria también es la sombra de los párpados”, adelantó el artista, es un Falcon en tamaño real ("Fastasma"). "Yo soy muy argentino y tengo mucho respeto a los símbolos de mi país. De repente es osado trabajar con eso, al menos desde mi sentido de la responsabilidad. Decidí trabajar el Falcon en tamaño real porque entendí que hay una alegoría del elefante en la habitación con esa obra. La puse en el centro de la sala en ese sentido, visible. Me dejó esa sensación de que, como decía Lacan, los artistas llegan antes al inconsciente. Con ese Falcon, y con lo fantasmagórico, pensaba, como en un cuento de Mariana Enríquez, en un auto fantasma que anda por la ciudad", contó respecto de esta parte particular de la propuesta.
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Ese terror del cual Joaquines es fanático desde chico, en sus formatos artísticos, se volvió carne. “Yo además soy marica, y tengo una forma de vestir y ser que tiene una presencia en el espacio público, y desde las PASO en adelante sentí otra violencia atravesada por mi cuerpo en la ciudad. El terror se hizo muy presente y dejé de encontrar el chiste que me permitía el punto de fuga. Eso es algo de lo que Mariana Enríquez habla mucho, de la presencia de lo fantasmagórico como parte de la historia de nuestro país”, explicó Joaquines. Con la referencia a Enríquez, se enmarca en una genealogía o tradición incipiente de artistas, sobre todo “mujeres indi(cis)plinadas, tortas y maricones”, quienes en los últimos años produjeron narrativas “desde el espanto”: desde las múltiples expresiones de la violencia, de las crisis sociales e institucionales, de la fragilidad de la vida que adopta formas varias y particulares, tan cíciclas como monstruosas, en esta parte del mundo.
Nacido en 1990, Joaquines hace propios los fragmentos de la historia que no le tocaron vivir, para insistir sobre las continuidades, retornos y confluencias de los distintos períodos en este presente. “Creo que a nuestra generación nos cuesta entender el ciclo argentino, que es terrible. Esa cosa que nuestros viejos o abuelos nos dicen en el famoso ‘yo ya la viví’. En un país donde se disputan desde siempre dos modelos de vida, cuando la pelota está del otro lado, sus símbolos, sus frases, son siempre muy similares. Y creo que entonces hay algo muy importante, al menos con lo que puedo aportar yo desde el arte, que es evidenciarlo y señalarlo. Creo realmente que eso nos sirve colectivamente”, apuntó el artista.
Además de la inauguración de esta nueva propuesta, el 23 de marzo, como vigilia del 24 y Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se va a presentar una reedición de “Los días menos felices”, una muestra que Joaquines presentó en 2019 en Rosario (y en 2021 en Buenos Aires), compuesta por 15 piezas en miniatura, donde también retoma objetos de la cultura popular (a los que considera con la capacidad de “decir por fuera de las palabras”, de manera “muy breve y concentrada” y mostrar “lo que es inefable de ellos”) para abrir diálogos, preguntas, romper y producir sentidos. Su reedición, como casi todo gesto artístico del artista, busca ser un ejercicio de memoria, de seguir tejiendo con ese hilo que une temporalidades, retóricas, gobiernos y tradiciones artísticas para imaginar otros futuros posibles.
“A esa obra yo la amo porque me puso en una situación muy hermosa con mi manera de producir. Hay algo de mi sistema de producción artístico, que estaba ya bastante monótono y algo cambió ahí. Son objetos que fueron apareciendo desde el 2015 al 2019. Había algo de ese momento para mí que era tener mucha conexión con las noticias, con la televisión y estar todo el tiempo viendo qué pasa. En mi taller, mientras trabajaba en ese qué pasa, estaban los objetos y juguetes, que son mis pinceles de alguna manera. Mientras iban apareciendo noticias, iban apareciendo imágenes”, recuperó Joaquines. Por eso la necesidad de volver a mostrar aquellas piezas inspiradas en declaraciones de Bullrich durante su gestión en el gobierno de Mauricio Macri que, según él, hoy resuenan con las de otros funcionarios como Manuel Adorni o Sandra Pettovello, titulares de diarios que parecen rimar en el sentido menos poético de la palabra.
Joaquines "La memoria también es la sombra de los párpados"
“La memoria también es la sombra de los párpados” abre este martes 19, a las 19.30, en Gabelich Contemporáneo
Foto: Sol García Casanovas
"Quienes gobiernan en este momento y buscan construir la hegemonía en el relato actual, insisten en que el arte no sirve para nada. Y que los científicos y los artistas somos los culpables del hambre de este país. Una locura que sin embargo entra, que cala hondo. Y lo que vengo trayendo acá hace tiempo justamente tiene que ver con el problema estructural del hambre que tiene que ver con el sistema financiero que siguen perpetuando ellos. Entonces me pareció importante volver a salir con esto, porque me quieren convencer hasta a mí que soy responsable de esto", agregó el artista.
Finalmente, subrayó la relación de su obra con otra tradición y genealogía artística, de profunda imbricación con lo nacional. "Yo realmente, mi producción y mi recorrido artístico, me preocupo mucho por trabajar un arte conceptual o contemporáneo con identidad argentina. Y busco un vínculo y entrar un diálogo, después se verá si bien o mal, con grandes artistas de nuestra historia como León Ferrari o Liliana Porter. Yo admiro mucho su trabajo. A los dieciséis años, por primera vez con internet en mi casa en Tierra del Fuego, buceando por el mundo de las imágenes llegué a León Ferrari, y a mí realmente me salvó, en esa dimensión. Me hizo dar cuenta que no estaba tan errado en lo que me pasaba con los objetos y cómo me hablaban".
En esa historia personal, se funda un sostenido acto de fe, una convicción de insistir con lo que el arte puede a su vez sostener y movilizar, resistir y transformar, “ante tanto ataque simbólico”. “Hay algo de defender el arte que tiene que ver con la memoria en un sentido futuro: no sé dónde va esto, pero quizás le llega a otra persona que anda por ahí con esa misma mirada del mundo. El diálogo del arte es con la historia”, cerró.