El barrio Inglés es único por donde se lo mire. Es el más pequeño de Rosario, tiene dos manzanas que suman 36 viviendas, es inexpandible y no cuenta con vecinal, pero sí vecinos comprometidos con esa expresión mínima de comunidad que nació como tal, hace casi 140 años.
Fue llamado Talleres, Morrison y Ferroviario, y su presente no puede escindirse del pasado, como lo revela el lenguaje de suburbio inglés de su arquitectura. El alto grado de protección patrimonial que lo preserva, funge al mismo tiempo como corsé para la puesta en valor que necesita.
Expansión del ferrocarril
Fundado por los ingleses en paralelo a la expansión del Ferrocarril Central Argentino, entre las calles Mongsfeld, Central Argentino, Lídice y el nacimiento de avenida Alberdi, hoy es un enclave ineludible por el color de sus ladrillos desnudos, la chapa festoneada en los techos pintorescos y sus chimeneas.
El dúo de manzanas nació con destino definido: Batten Cottages, doce casas de dos pisos para residencia de personal jerárquico y administrativo, y Morrison Building, 24 departamentos en doce unidades, para obreros. La calidad de construcción se conserva en general, pero, en muchos casos, resentida por el paso del tiempo.
En tanto valioso testigo del pasado, el grupo arquitectónico adquirió alto grado de preservación patrimonial, una relación que, en palabra de sus habitantes, hoy no ayuda a resolver la necesidad de mantenimiento. “Hace unos años, como somos muchos jóvenes, comenzamos una movida a pulmón para darle valor al barrio y, aunque muchas cosas no se pueden hacer, logramos mejoras en la calle y parquizado, pero falta mucho, sobre todo en Morrison”, explica Ileana Di Vanni, que habita una de las casas de Cottages, porque su padre fue jefe de Estación.
>> Leer más: El barrio Inglés mantiene vivo su encanto como puede
Un barrio que necesita reformas
“El barrio necesita reformas bien hechas, como el cambio de las cubiertas de los techos, las pasarelas y los frentes”, señala un vecino. Y deja en claro que la serie de arreglos, que estima en monto importante, mejorarían la calidad de vida sin perder la esencia del barrio. Entre las mejoras realizadas “que empujan”, anotan el mejorado en la calle interna de tierra Agustín Tosco, el cierre de un paso por el cual los vehículos a gran velocidad eludían controles y el cerco en el parque Ferroviario, un espacio verde que valoran, para evitar que los autos que se dirigen al shopping Alto Rosario lo tomen como estacionamiento.
Desde lo arquitectónico, el barrio tiene tres partes: la actual sede histórica del Club Rosario Central, en la antigua capilla anglicana sobre calle Alberdi que, en 1889, vio nacer el Central Argentine Railway Club, las 12 casas sobre calle Central Argentino y los 24 departamentos, en doce unidades de planta baja y primer piso con galerías de circulación, sobre calle Tosco. También perteneció al conjunto, el hoy Centro de Jubilados y Pensionados Nacionales Ferroviarios, Alberdi 33 bis.
Puesta en valor
La puesta en valor que vienen pidiendo los habitantes del barrio, de los que sólo tres familias no pertenecen a la herencia ferroviaria, encontró eco en varios proyectos que no se concretaron, al igual que un fondo de compensación. Entre los antecedentes está la ordenanza de un abarcativo Plan Especial Barrio Inglés que, en 2020, “apuntaba a reformas y mantenimiento estructural, con foco en la recuperación del espacio público del entorno, pero no prosperó, aunque sí en el Presupuesto 2022 se logró incorporar una partida para ese fin”, explica su autor, el entonces concejal Roy López Molina.
En la actualidad, los vecinos dan cuenta del proyecto que busca plasmar el concejal Fabrizio Fiatti, trabajando con las áreas técnicas de la Municipalidad, para “promocionar, revitalizar y volver a dar impulso a la zona y al área”: pavimento y trabajo en las cloacas internas, que pasan por el centro de los patios y desembocan en un emisario, en una de las esquinas, forman parte de los requerimientos del barrio. Aunque también aluden a la responsabilidad de cada vecino con su vivienda, no pasan por alto que entre los habitantes hay distintas realidades económicas.
El platito de muñeca en el barrio Inglés
Al ser las mismas casas de 140 años atrás, el barrio no puede pensarse escindido de un pasado que no necesita evocación, está allí, es presente. En 2013, durante el zanjeo para tendido eléctrico, en el parque Scalabrini Ortiz, al este de las viviendas, salió a la luz gran cantidad de fragmentos de todo tipo ¿Un antiguo basural? ¿Cómo era la vida cotidiana en las dos manzanas al final y el principio de los dos últimos siglos respectivamente?
>> Leer más: Analizan un plan especial para poner en valor el barrio Inglés
Entre los restos, aparecieron fragmentos de platitos de juguete. ¿Replicaba con el juego la costumbre del té de las cinco? Algo llamativo, las botellas de bebidas alcohólicas estaban en un lugar más alejado: la empresa ferroviaria prohibía el consumo de alcohol, ambos basurales estaban detrás del alambrado que limitaba el barrio que ofició desde sus comienzos como un enclave sin serlo y, al conservar su morfología, hoy también lo parece.
Esos y otros datos emergieron del trabajo realizado por el arqueólogo y conservador de museos Gustavo Fernetti, en el marco del proyecto "Área Ferroportuaria N° 1, los barrios obreros". dirigido por Soccorso Volpe. Los barrios estudiados fueron el Inglés y Refinería. Allí aparece lo que el tiempo no cristaliza, la vida cotidiana de quienes consumieron y descartaron los restos hallados, entre ellos el delicado platito del juego de té, de las niñas inglesas, al abrigo de las chimeneas y lejos del lodazal en que por entonces se convertía la hoy avenida Alberdi en su nacimiento.
>> Leer más: Nombres oficiales y memoria urbana: los barrios de Rosario a los que todos llaman distinto