Ama el lugar donde creció, lo considera muy representativo y añora su infancia en los espacios verdes donde ahora juegan sus hijos. Obtuvo la primera mensura del Morrison Building, con trámites a prueba y error, para poder escriturar la casa paterna de la que sus cinco hermanos le cedieron derechos. Allí, cerca de ferroviarios como su padre, que lo conocen desde niño, siente que el mundo está completo. Leonardo Cadoni, de 41 años, formó su familia en el mismo lugar donde vivió, pero al que le gustaría ver “con una puesta en valor en general, más allá de que cada uno es responsable de mantener su propiedad”.
No sólo declama, lo suyo es acción y compromiso. Y, a pesar de no haber logrado formar una vecinal, junto a otros vecinos, oficia de portavoz del barrio. Entre las demandas, recuerda las que se realizaron en 2018 para reclamar seguridad. Desde siempre acompaña iniciativas oficiales para trabajarlas en conjunto con los vecinos.
“También sería bueno lograr un crédito a largo plazo, para que los vecinos mejoren sus frentes, pinten una reja o cambien una chapa, porque acá hay realidades económicas diferentes”, propone.
“Tengo un profundo sentido de pertenencia que me genera un vínculo de afecto con este lugar, tuve posibilidad de vivir en otro lado, y no lo hice porque me llamaba mucho el arraigo, acá había muchos sentimientos, recuerdos”, dice para fundamentar su decisión de comprar el departamento en planta baja de calle Agustín Tosco: “Estuviera como estuviera y de a poco ir refaccionándolo, fue eso, el vivir en el lugar donde me crié junto a mis cinco hermanos, un lugar muy especial, muy representativo”.
Además aclara que, en ese sentido de pertenencia tan arraigado, “también está el sentido del esfuerzo que hizo mi papá que trabajaba en la Estación Rosario Norte, por estar acá, por comprar esta casa, algo que después se vio opacado cuando (el entonces presidente Carlos) Menem privatizó los ferrocarriles, entonces lo despidieron como a miles de personas”, evoca.
De aquellos momentos de su infancia temprana elige entre sus recuerdos de la vida cotidiana a la cocina: “Ese lugar era especial, con el comedor diario, donde teníamos el encuentro los ocho, los seis hermanos, mi mamá y mi papá”.
Ligado a esos recuerdos, está el haber tenido una infancia libre, cuando no existía el Alto Rosario como tal, ni el parque Scalabrini Ortiz, el verde les parecía un prado inmenso. Allí jugaban con todos los chicos del barrio y andaban en bicicleta sin peligros.
“Tengo dos hijos y no puedo creer que van a jugar a la misma calle, que hoy sigue siendo de tierra, aunque logramos que le hicieran un mejorado”, comenta. Sobre la primera mensura, Leonardo cuenta con orgullo que para llegar a escriturar fue resolviendo los trámites que en tanto bien del Estado iban apareciendo, pero su mayor satisfacción fue haber logrado la primera mensura del Morrison Building, para lo que resultó imprescindible la acción conjunta con el vecino que habita el departamento del piso superior. Para diciembre 2023, ya tenía la escritura en sus manos y de paso había plantado un mojón en el barrio que anhela ver con una puesta en valor en general.