“El corazón incauto” es un texto de la rosarina Patricia Suárez y la santafesina Sandra Franzen que se interna en el mundo campestre. Relata la relación que entablan una mujer, su marido -quien no puede resistir el impulso de vestirse de mujer- y un trabajador rural que se enamora de él. El director Alejandro Ullúa cuenta cómo es la versión que estrena hoy en Rosario.
—¿Cuál es el conflicto de la obra?
—Situada en la pampa gringa de 1920, aborda el vínculo inocente pero extraño de un matrimonio de inmigrantes italianos, capataces de una estancia, que durante la noche practican un ritual. Ella lo ayuda a él a vestirse de mujer y transformarse en la señorita Angeles. Como si fuera un juego de niñas con muñecas. Esa complicidad es interrumpida cuando un peón golondrina, contratado para la cosecha, mordido por un perro (cimarrón) entra al rancho a pedir ayuda y se encuentra con su patrona y esta “chica” de la cual queda perdidamente enamorado. A partir de entonces, el cambio de identidades, el amor sincero y la condena social que implicaría saber la verdad, provoca un conflicto existencial. Están en juego las facetas que tiene el amor.
—¿Cómo se insertan estos personajes transgresores en el clima de una obra de ambiente campero?
—Desde su realidad, signada de privaciones y trabajo constante, pero, algo muy importante, desprovistos del psicoanálisis, la urbanidad y exceso de información que hoy se tiene de casi cualquier tema. Ellos reaccionan de manera primaria. No analizan sus sentimientos. Mas bien están azotados por un vendaval de pasiones que los desorienta.
—¿Qué te atrajo del texto de Patricia Suárez?
—Creo que el hecho de tener 51 años y haberme casado legalmente hace 5 con el hombre del que me enamoré y con quien convivía desde hacia 27 años atrás, fue definitorio. La obra habla de la inclusión de personas que amamos de otro modo. Además, el género del melodrama es fascinante.
























