Hace casi tres décadas, Albertina Carri construye un corpus de obra diversa atravesada por la voluntad indómita de abrir interrogantes y disputar sentidos, en lugar de ofrecer certezas o, peor aún, respuestas. De esta manera, se convirtió en una de las realizadoras fundamentales del cine latinoamericano contemporáneo.
En esa vida dedicada “al baile de incertidumbres” propuesto por “la máquina”, su trabajo más reciente es “Cine vivo”, “un libro, un artefacto”, publicado por el sello chileno independiente Banda Propia en octubre de 2025. Un volumen que reúne décadas de escritura, manuscritos inéditos, guiones, y documentos internos de trabajo.
Después de presentarlo en formato performance en el Festival de Cine San Sebastián (uno de los encuentros más importantes del circuito internacional especializado), en lo que fue una experiencia inédita para el evento en sus más de setenta años de historia, Carri vendrá a Rosario para ser parte de la segunda edición de Mostra Cine fuera de la norma. El evento de producción local y autogestiva, que busca generar encuentros en torno a producciones audiovisuales de temática LGBTIQ+, tendrá lugar del 16 al 18 de octubre en el Cine Lumière, con entrada libre y gratuita.
En este marco, el sábado 17 de octubre, desde las 18, Albertina dialogará sobre “Cine vivo” con quien suscribe esta nota. Luego de la conversación, se proyectará una selección de cinco de sus cortometrajes: "Barbie también puede estar triste", "Restos", "Excursiones", "Aurora" y "Melancolía”.
El libro/artefacto de la cineasta no es una compilación estática. Es una invitación cargada de movimiento a pensar, a poner en común, a discutir sobre cine y, por lo tanto, sobre las formas posibles de ver y habitar el mundo. Al igual que en toda su obra, en esta publicación Carri insiste en atisbarse hacia los bordes, tensar las “trampas de las convenciones”, evadir la restricción de taxonomías. Por eso el ensayo se derrama en verso. Por eso la selección de textos heterogéneos no está ordenada, montada, cronológicamente, sino que se organiza en torno a cuatro nudos que también son de cierta manera las obsesiones persistentes de la autora: “Biográfico/heterobiográfico”, “Archivo y memoria”, “Zonas de contagio” y “Porno y política”.
“Este libro es especial. Es una cosa en sí misma, sin dudas, es un volumen, pero es también todo el tiempo que pasó en el que se fueron esos textos, que se escribieron para diferentes espacios y diferentes instancias hasta convertirse ahora en esta cosa específica llamada artefacto, libro, volumen. A mí me interesa mucho en el sentido que es como un laboratorio de ideas. Es algo de largo tiempo y de largo aliento. De hecho es un libro que se puede leer de corrido pero también lo podés abrir y leer en cualquier parte, desordenadamente, o según los intereses del momento o la voluntad de investigar un tema u otro. A mí eso me da mucha alegría”, contó Albertina en diálogo con La Capital.
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“Salió hace casi un año en Chile y acá en Argentina recién en marzo, así que todavía está dando sus primeros pasos, pero ya tuvo muchas instancias de encuentro con el público y los lectores. A veces hacemos lecturas performáticas donde invitamos a entrar en cierta experiencia de lo que nosotras llamamos cine vivo, a ese artefacto entre proyección, música, lectura, pensamiento, y poner en marcha algunas discusiones”, sumó.
Cine de otras maneras
Si bien Carri ha publicado varios libros (heterogéneos, por supuesto) a lo largo de su recorrido, como “Los rubios. Cartografía de una película”, el epistolario ensayístico “Las posesas” junto a Esther Díaz, o la novela “Los que aprendí de las bestias”, este nuevo trabajo se piensa a sí mismo como una forma de “hacer cine de otras maneras” o por otros medios. Es por esto que el volumen encontró lugar en la programación de diversos festivales de cine (que también son una forma de hacer cine de otras maneras): se presentó por primera vez en FIC Valdivia en Chile, pasó por San Sebastián, y ahora llega a Mostra en Rosario.
“Para mí los festivales de cine son un lugar muy importante porque son un lugar de encuentro con gente, con público, y con contemporáneos y no contemporáneos que están en la actividad, y discutís cine. Algo que cada vez pasa menos, porque cada vez hay menos salas, y el tipo de cine que se estrena es un cine muy específico como el de superhéroes o ese tipo de cosas. De alguna manera, los festivales están discutiendo con eso porque siguen siendo presenciales, hay salas llenas y generan oportunidades de ver películas que después no se encuentran en ningún otro lugar. Pero sobre todo eso, encontrarte con mucha gente que está pensando el cine, discutiendo sobre cine, viendo por dónde ir cada vez que hay estos cambios y vaivenes tecnológicos que el cine absorbe, asume, es parte”, compartió Albertina, quien fue directora artística de Festival Internacional de Cine LGBTIQ Asterisco durante sus primeros años.
En ese sentido, la cineasta reflexionó también sobre la curiosidad de que la suya haya sido la primera performance de la historia del festival vasco, en relación a la noción de cine expandido, aquel sueño vanguardista de los sesenta.
“Esto fue claramente un evento de cine expandido, en un momento donde además es raro el concepto. Porque en el momento en que se concibió el concepto, la idea era justamente sacar al cine de las salas para llevarlo a museos y otros espacios con otro tipo de espectadores y de formas de ver el cine. Y resulta que ahora estamos viviendo en la realidad del cine expandido, porque vemos cine parados, sentados, dándole la espalda, atendiendo a los chicos. Las pantallas entran a nuestras casas. Eso era algo más de la televisión y pareciera que ahora el cine también es parte de eso. Habría que ver si es cine o no. Entonces en esta idea de salir de las salas pero en términos de pensamiento, está bueno que los festivales estén acogiendo el libro”, detalló.
A lo largo de las más de 350 páginas del volumen, Albertina indaga sobre cómo, dónde, a través de qué gestos, se construye o puede construirse esa vitalidad en lo cinematográfico. La introducción avisa: no hay veredictos ni conclusiones, sólo deseo de explorar, de echarse de cabeza y zambullirse de cuerpo entero en las preguntas.
“Hay algo con respecto al cine independiente que es bastante performático. Tiene toda esa impronta autoral y todos esos juegos con el yo como un recurso narrativo más dentro de los recursos narrativos. En general son películas con las que una va, las presenta, se encuentra con el público. Entonces me parece que es parte de ese movimiento, de esa misma búsqueda de otro tipo de espectador, que es un espectador reflexivo, dispuesto a pensar otras formas del relato, no porque esté dispuesto sólo en ese momento, sino porque pensar otras formas del relato y la narración es también pensar otras formas políticas. No quiere decir que las pantallas vengan a dar soluciones, de hecho yo estoy bastante en contra de ese cine que busca dar respuestas, sino que las pantallas te inviten al pensamiento, a la interpelación, a reflexionar que quizás aquello que estaba tan naturalizado no es lo mejor para los humanos o para la vida en común”, cerró Carri.