Myriam Bregman, la principal referencia de la izquierda en la Argentina, postula abiertamente que hay que terminar con el gobierno de Javier Milei lo más pronto posible porque la permanencia del libertario en la Casa Rosada será cada día más gravosa para los intereses de la clase trabajadora. La metodología que propone es una huelga general con movilizaciones en las principales ciudades del país. El entusiasmo viene precedido del auge de su imagen en varias encuestas de opinión y de las acciones callejeras que se multiplican, como la que realizaron el fin de semana pasado bajo el rótulo de “La marcha de la bronca”, el clásico de Miguel Cantilo que fulguró en el cancionero popular tras la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970).
La diputada nacional del Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U) encabezará este domingo en Rosario, junto a dirigente locales, un acto en el Club Sportivo América (Tucumán 2159). En la previa, Bregman dialogó con La Capital sobre la coyuntura política y la apuesta a futuro del movimiento político que encabeza, que por primera vez desde el regreso de la democracia se muestra expectante para las elecciones presidenciales de 2027.
Vienen de hacer la denominada “Marcha de la bronca”. ¿Cuál es la evaluación y la perspectiva para el futuro?
La evaluación es muy buena. Fue una autoconvocatoria. Lancé la idea y prendió en organizaciones sindicales, políticas, ambientales. También se sumaron artistas, hasta el propio autor de la canción (Cantilo). Molestó mucho, incluso el diario La Nación sacó una editorial enojándose de que no podíamos compararlo con la dictadura de Onganía. Hubo unas 50 mil personas en Buenos Aires y más de 70 convocatorias en todo el país. Tuvimos también una fuerte presencia de los comités que armamos en toda la Argentina. Ahora hay que poner toda la fuerza y coordinar las peleas en cada lugar. El problema no es que falta lucha, resistencia a Milei. El problema es que todo lo damos por separado. Nuestro gran desafío ahora es poder coordinar todas esas peleas para derrotar a Milei y sus cómplices.
Casi todas las encuestas ubican a la izquierda y su figura en particular en un lugar expectante para las elecciones presidenciales. ¿A qué atribuye esa tendencia?
Creo que es la acumulación de muchos años de lucha. El hecho de que los sondeos me encuentran con muy buena imagen y reconocimiento público en todo el país tiene que ver con que al asumir Milei había dos opciones. Una era dejarlo hacer, dejarlo correr, o a lo sumo hacer algún discurso o exclamaciones en las redes sociales, y la otra era enfrentarlo de lleno, y esto es lo que hicimos. Lo enfrentamos en el recinto de Diputados, no le votamos nada, no creímos en sus cantos de sirena. Y en la calle, a pesar de la represión, lo enfrentamos desde el minuto cero. Eso es muy valorado y es lo que recogemos todos los días de la gente. El hecho de que la derecha se haya radicalizado de modo tan brutal, y que quienes anunciaron que venía el fascismo luego se borraran, hizo que la izquierda quedara como el verdadero antagonista del gobierno. Con mucho orgullo decimos que hay que enfrentarlo y derrotarlo. Esta persona no puede seguir adelante. Porque que haya caído en las encuestas, que pierda imagen, no significa que no intente seguir avanzando contra las y los trabajadores. Remarco eso porque están tratando de utilizar la llegada del Papa para crear un clima de unidad nacional, pero al mismo tiempo están tratando en Diputados de que no salga un dictamen favorable a las personas con discapacidad o impulsando una reforma electoral para dejar afuera del juego a la mayor parte de la representación política y acomodar el sistema para la reelección de Milei.
Llama la atención que, para contraponer el clima político que trajo Milei, los analistas sugieren un discurso moderado, pero ustedes van en el sentido contrario...
Es que esa película ya la vimos y terminó mal. Ese fue el discurso que se intentó instalar en 2019. Cuando a fines de 2017 el gobierno de Mauricio Macri entraba en crisis, con muchas movilizaciones frente al Congreso, el peronismo, la fuerza opositora mayoritaria en ese momento, decía que no había que nada: vamos por la vía electoral a hacer un gran frente con un discurso moderado para derrotar a la derecha. Y le ganaron con Alberto Fernández. Pero produjeron desencanto y enojo. No se animaron a expropiar Vicentin después de anunciarlo. Aprobaron toda la deuda fraudulenta con el FMI. Llegó a tal nivel de hartazgo que la gente votó a Milei. Como ese cuento de la unidad y la moderación ya lo vi, creo que más que nunca hay que tener claridad. O lo derrotamos ahora o en lo que quede de su mandato seguirá haciendo mucho daño, seguirá gobernando para los ricos y entregando nuestras tierras. Incluso aquellos que tienen la esperanza de que el cambio lo pueden producir meramente por una elección llegarán en peores condiciones, porque si se sigue fortaleciendo esta ultraderecha y derrotando al pueblo trabajador, ellos serán los que lleguen en mejores condiciones. Por eso no me cierra por ningún lado ese discurso, porque lo único que contempla es la comodidad de los dirigentes.
¿La vía para derrotarlo es ir a una huelga general, como propone el partido que integra?
Por su puesto, porque eso lo indica la historia de todos los pueblos del mundo. Con una huelga general que logre paralizar el país, con una movilización en las principales ciudades de la Argentina, se puede derrotar al gobierno. Siempre pongo este ejemplo: para remover a la Corte Suprema corrupta menemista, el gobierno de Néstor Kirchner se montó no sobre un debate jurídico de las instituciones sino en las gomas quemadas de 2001. De lo contrario, no se iba nadie, se quedaban todos. Acá, cada vez que se habla de movilización, de lucha, dicen “ah, la izquierda”. Pero sin eso, ¿qué se consiguió? ¿Qué consiguieron con la rosca en el Congreso en estos tres años y medio? Hasta parar la ley de extranjerización de la tierra fue más importante una bandera que lanzaron de la tribuna y la levantaron los jugadores en el Mundial.
Así como en 2023 la rebeldía de la mayoría de los jóvenes se inclinó hacia la derecha, ¿cree que esta vez se puede volcar a la izquierda?
Creo que no era rebeldía sino prepotencia. De eso seguramente vamos a hablar en el acto en Sportivo América. Quiero charlar eso con la juventud. No confundir la rebeldía, que significa transformarlo todo y enfrentar a los poderes fácticos, con prepotencia contra nuestros derechos. Milei perdió desde 2023 hasta ahora más de 20 puntos de aprobación, y la mayor parte de lo que perdió fue el voto juvenil. Hay algo nuevo en esa juventud que hay que interrogar. Es una juventud que ya se desencantó del peronismo y le ocurre lo mismo ahora con Milei. No quiere lo viejo y hay que mostrarle que hay algo nuevo. Que existe el socialismo, que eso significa transformar la sociedad desde sus raíces. Eso me entusiasma. Poder hablar con todo ese sector, decirles que no se queden en sus casas masticando bronca, atrapados por los que plantean salidas individuales, o que no se queden atados a las redes sociales.
Durante la gestión de Milei acordaron con el bloque peronista en Diputados varios proyectos. ¿Esa sintonía legislativa puede trasladarse en un eventual balotaje en 2027?
Hablar de estrategias electorales ahora es un poco abstracto, porque no sabemos con qué sistema electoral vamos a votar. Lo que más quiere el gobierno es que hablemos ahora de cuestiones electorales, cosa que no voy a hacer. En cuanto a las votaciones en el Congreso, sí puedo hablar. Cuando hay que votar en contra del gobierno, ahí estamos. Y no nos importa con quién coincidimos, no somos sectarios. En nuestro bloque no se fue nadie para ir a votar leyes del gobierno y tenemos una diferencia profunda. El peronismo, más allá de la rosca en que está sumido, no se sabe qué plantea. No escucho a nadie que me pueda contestar qué van a hacer con la deuda externa, con la ley de glaciares que destruyó Milei, con la reforma laboral. Axel Kicillof, por ejemplo, su actitud en el cierre de Fate es vergonzosa. Es el gobernador de la provincia más potente de la Argentina, donde está ocurriendo un industricidio, y no tuvo siquiera la actitud de recibir a los trabajadores. Tiene tiempo para ir a Nueva York y reunirse con los acreedores que le dejó María Eugenia Vidal. No cuestiona la deuda que le dejó en dólares y con jurisdicción extranjera. Para eso tiene tiempo y coraje. Nadie duda que tanto Vidal y Daniel Scioli son personajes conservadores, pero sin embargo bajos sus gestiones se aprobaron expropiaciones. Kicillof no tuvo el coraje de enfrentar a un solo patrón.