Cuando Pablo Lagrutta probó los helados italianos nunca más se olvidó de su sabor e hizo todo lo posible para aprender a fabricarlos él mismo. En ese entonces la producción artesanal en Argentina no estaba tan en auge como en la actualidad y le pareció una buena idea aprender el oficio heladero para abrirse camino en Rosario.
Lo logró en el 2019, cuando dio nacimiento a su heladería gourmet Salvador, en calle Moreno 441. Tras más de cinco años en el mercado local, emprendió su regreso al viejo continente para abrir Salva Helados, su nueva marca con la que acaba de estrenar local en la ciudad de Barcelona, sobre calle Bruc 126.
“Abrimos hace cuatro días y la respuesta del público fue increíble, vino mucha gente, sobre todo catalanes que pasaban por la zona. Es un verdadero helado artesanal y fabricamos todos los gustos acá en Barcelona, tuvimos que montar una fábrica desde cero y equiparnos para comenzar con la producción. Esta apuesta la hicimos para asentarnos en España y expandirnos a otras ciudades, de hecho, el plan es avanzar con nuevas aperturas en ciudades como Madrid o Valencia”, contó Lagrutta al suplemento Negocios de La Capital.
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Lagrutta perfeccionó durante años las fórmula del helado artesanal que ahora lleva a Barcelona.
Foto: cortesía Salva Helados.
En esta aventura Pablo no está solo. Lo acompañan tres socios más: Tomás y Manuel Baravalle, el primero empresario, el segundo médico cirujano, además de la abogada Soledad Terrile. Esta última fue una pieza clave en el desembarco de Salva Helados, ya que hace años vive en Barcelona y conoce de primera mano el mercado español, por lo que brindó asesoramiento en la parte jurídica y los trámites comerciales que la marca debió cumplir para habilitar el local con atención al público. “Nos llevó más de un año tener todos los papeles en regla y conseguir el local que queríamos porque el alquiler es costoso, además de que no hay tanta oferta, pero después de mucho esfuerzo lo logramos”, remarcó Lagrutta.
Detalles de la apertura en Barcelona
El espacio enfrentó una serie de reformas para ponerlo a punto, el objetivo era llegar con los tiempos al verano y aprovechar la temporada alta en Europa, donde el movimiento de turistas también es muy alto. Se le dio una estética minimalista, ya que la idea de los socios era ofrecer una atención “al paso”, por lo que no cuenta con mesas y sillas. Son 18 gustos de helado los que venden, los mismos que en Rosario, aunque también rotarán algunos para ir variando la carta. El dulce de leche es uno de los más solicitados, destacó Lagrutta, junto con el pistacho y las cremas con chocolate.
“Toda la materia prima que usamos en Argentina está acá y a costos más accesibles, eso es un plus muy importante. Lo único que fabrico yo es el dulce de leche porque en España no se consigue, pero en lo que respecta a producción y sabores seguimos el mismo proceso. Queremos acercar calidad a un mercado que está muy industrializado, no hay tantas opciones artesanales en Barcelona y por eso nos parecía que la propuesta tenía potencial para funcionar bien”, aseguró.
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El nuevo local de la heladería en la ciudad catalana.
Foto: cortesía Salva Helados.
Lo fundamental al momento de fabricar artesanalmente, según sostuvo, es respetar los pasos que lleva cada preparación sin apurar los tiempos y trabajar con materia prima de excelente calidad, por ejemplo, con frutas frescas y no con variedades congeladas. En su caso, para llegar con stock a la inauguración, produjo alrededor de 150 kilos y explicó que se quedará en España el tiempo que sea necesario hasta que la producción esté bien asentada. Igualmente, tiene pensado viajar con frecuencia y vivir unos meses en cada país.
Diferencias entre los consumidores
Al momento de testear ambos mercados, Lagrutta comprobó que los amantes del helado pueden variar en sus consumos según el territorio donde se encuentren. Mientras que en Rosario la estrella de las ventas son las apps de delivery, en España casi no hay pedidos a través de aplicaciones de comida, se las utiliza solo en ocasiones muy especiales. “Las personas prefieren ir al local o comprar en un súper y cocinarse, lo mismo sucede con las heladerías, además el precio cambia y es más caro a domicilio”, consideró el empresario.
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Frente vidriado de la tienda de Salva Helados.
Foto: cortesía Salva Helados.
Otra diferencia está en la cantidad que se lleva, ya que el público catalán prefiere una bocha o a lo sumo dos bochas de helado, mientras que los rosarinos compran más los cuartos de helado o medio kilo. En suelo local este producto es, sin dudas, más popular y lleva a que la gente lo elija en distintas ocasiones, para compartir en reuniones, salidas con amigos, etc. “El 99% de las ventas fueron de bochas de helado, mucho menos que los volúmenes que se manejan en Argentina. El cono con un gusto lo vendemos a 2 euros con 90 centavos y los dos gustos a 3 euros con 90 centavos, un precio apenas por arriba del promedio, ya que se trata de una oferta premium”, señaló el dueño de Salva Helados.
Si bien Argentina y, sobre todo Rosario, siguen siendo líderes indiscutidos del sector, la incertidumbre económica y el aumento constante de las materias primas ponen en jaque a las heladerías. Ya hace tiempo, distintas marcas advierten una caída en las ventas y en los márgenes de rentabilidad, lo que las llevó al cierre de algunas sucursales o a frenar la apertura de nuevas a la espera de ver cómo se acomoda el panorama. Estos factores también jugaron en la decisión de Lagrutta y su equipo por explorar otros horizontes, aunque el saldo es positivo si se trata de llevar el verdadero sabor del helado artesanal cada vez a más personas.