Adentrada en la adolescencia Rose se hizo consciente de que no tenía los síntomas que ella le inventaba a los doctores, un falso padecimiento de leucemia se convirtió en uno de sus más grandes temores. Estaba obligada a mentir. Y al mismo tiempo, una sensación de impotencia se apoderaba de su cuerpo.
"Síndrome de Munchhausen"
Los extraños comportamientos de “Dee Dee” siempre llamaron la atención de sus cercanos. Durante el juicio los peritos revelaron que su madre podría haber tenido el “síndrome de Munchhausen”, un trastorno mental que se caracteriza porque el adulto responsable a cargo de un niño exagera e inventa diagnósticos relacionados con enfermedades. Aparentemente, la verdadera afectada por un padecimiento no era Gypsy Rose, sino su madre “Dee Dee”.
Esto no impidió que fuese sentenciada a diez años de cárcel por asesinato en segundo grado, mientras que su novio Godejohn recibió cadena perpetua por homicidio en primer grado.
Ambos fueron a la cárcel, donde Gypsy Rose tuvo enormes mejoras en su estado de salud. Después de todo, ahí podía caminar, relacionarse con otras personas y no estaba obligada a consumir cantidades enormes e injustificadas de medicamentos y vivir en una silla de ruedas. Subió más de seis kilos, un cambio muy poco común en los reclusos. La prisión le hizo bien, en lugar de mal, como es la norma.
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Gypsy Blanchard acaba de salir de prisión, con 32 años. Durante su condena mejoró mucho su condición física y psíquica, lo contrario de lo que sucede normalmente.
“Sabía que no necesitaba la sonda de alimentación. Sabía que podía comer. Sabía que podía caminar. Pero le creí a mi madre cuando me dijo que tenía leucemia”, admitió la mujer en una entrevista con la cadena televisiva ABC en la prisión. Ella me usó como un peón, me afeitaba el pelo y decía: ’se va a caer de todos modos, ¡así que vamos a mantenerlo bonito y ordenado!’ Creo firmemente que el asesinato no está bien, pero al mismo tiempo, no creo que merezca tantos años como me dieron. Creo que sí merezco pasar un tiempo en prisión por ese crimen, pero también, entiendo por qué sucedió”, declaró.
“Con mi madre no podía caminar. No podía comer. No podía tener amigos. No podía salir afuera y jugar con amigos o cualquier otra cosa. Siento que soy más libre en la cárcel que viviendo con ella, porque ahora se me permite vivir como una mujer normal”.
Un caso que recogió el cine
Hoy tiene 32 años y finalmente pudo pedir la libertad condicional. En 2019 anunció que había empezado a escribir su libro autobiográfico, en el que relata las traumáticas experiencias que tuvo que vivir. Pero la industria de Hollywood no esperó a que ella dé su propia versión. La serie de televisión “The Act” se basada en su caso, mientras que la película “Corre” también está inspirada en este. De la misma manera, el documental “Madre muerta y querida” estudia su caso, el cual se ha posicionado como uno de los más polémicos en la historia de Estados Unidos.
Los extraños comportamientos de “Dee Dee” siempre llamaron la atención de sus cercanos. Era la menor de seis hermanos y cuando su madre se enfermó, ella se dedicó a cuidarla, aunque no duró mucho tiempo. La mujer, llamada Emma, falleció a sus 59 años. Sus familiares la acusaron de haberla dejado morir por falta de alimentación, mientras que tampoco solía bañarla. Sus condiciones eran deplorables, pero no tenían mayores pruebas para inculparla. “Dee Dee” se casó a los 24 años con Rod Blanchard, un adolescente de 17 que seguía en el colegio y que la dejó embarazada.
Asustado ante las implicancias de ser un padre menor de edad, él se esfumó poco antes de que naciera Gypsy Rose el 27 de julio de 1991. Sola y con una bebé en sus brazos, “Dee Dee” empezó a tener una fuerte obsesión con su hija y, ante la ausencia de Blanchard, se tomó la libertad de inventar una serie de mentiras en torno a ella.
Se fue a vivir con su padre, Claude Pitre, y su madrastra, Laura, en donde se encargó de cocinar. Al poco tiempo, la nueva esposa de su progenitor se enfermó gravemente y pasó nueve meses en cama. Una comida que ingirió afectó a su organismo. Estuvo al borde de la muerte y las sospechas hacia “Dee Dee” se hicieron fuertes.
Ello, sumado a la manera obsesiva en que trataba a Gypsy, desencadenaron que Claude Pitre las echara de la casa. Laura se recuperó completamente poco tiempo después de que “Dee Dee” se fuera del hogar. La sospecha de que la envenenaba con la comida es muy alta.
Ese fue el inicio de una serie de comportamientos que más tarde su hija viviría en carne propia. Aislada y sin la posibilidad de comentárselo a otras personas. Gypsy Rose tenía tres meses de vida cuando visitó por primera vez un hospital en 1991. “Dee Dee” le dijo a los doctores que la pequeña tenía dificultades para respirar mientras dormía, por lo que tras numerosos estudios e insistencias, le diagnosticaron apneas del sueño y le recetaron un aparato para enfrentar esta condición.
Aquello no conformó a la mujer, por lo que fue sumando cada vez más síntomas a medida que visitaban a los médicos. Los controles se convertían en una rutina que marcaría la vida de su hija para siempre. Ya a sus 7 años, “Dee Dee” inventó que su hija sufría de alteraciones cromosómicas y una distrofia muscular, motivos ficticios por los que la obligó a sentarse en una silla de ruedas, a pesar de que podía caminar. Gypsy Rose solo era una niña, por lo que seguía al pie de la letra todo lo que le ordenaba su controladora madre.
Fichas médicas falsas y medicación para enfermar
Tres años después, en 2001, especialistas del Hospital Universitario de Tulane la analizaron y no encontraron ningún rastro de esos diagnósticos, pero a su madre no le importó. Estaba convencida de que sí los tenía, aunque no tenía evidencias que lo respaldaran. Armó fichas médicas falsas, esparció los rumores de las enfermedades y no se despegaba ni un segundo de Gypsy Rose. Para ese entonces, la niña acumulaba, según su madre, enfermedades como asma, epilepsia, problemas auditivos, dificultades en la vista, parálisis del tronco inferior y daños en su sistema digestivo, entre una lista interminable. “Dee Dee” le suministraba altas dosis de numerosos medicamentos para que así se sintiera decaída, con mareos, náuseas y dolores de cabeza. También empezó a alimentarla a través de una sonda nasogástrica que entraba por su nariz y que llegaba a su estómago. Las enfermedades eran falsas, pero los hábitos que adquirió Gypsy Rose no lo eran.
Estaba sumergida en una ola de mentiras frente a la que tenía dudas, pero que no podía expresarlas, debido a que quería evitar el enojo de “Dee Dee”. Este cuadro se intensificó cuando le dijo que tenía leucemia. En ese momento, el temor de que pudiese ser real se apoderó de su cuerpo, por lo que siguió fielmente las normas que le indicaba su madre. De esa manera perdió parte de su dentadura por el consumo excesivo de remedios, dejó de ir al colegio y empezó a ser educada por su mamá, quien rapó su cabeza y acudió a diversas organizaciones para solicitar “apoyo”.
Así consiguió llevarla a Disney World y un auto con el espacio suficiente para trasladar la silla de ruedas, además de otros aportes y la reconstrucción de su casa, justo después de que el huracán Katrina la destruyera en 2005. Pero lo que “Dee Dee” no había considerado es que esa frágil y pequeña niña más tarde se convertiría en una adolescente, con mayor conciencia acerca de lo que ocurre a su alrededor. Cuando Gypsy Rose cumplió 19 años, su caso ya era “viral” en Estados Unidos, pero no estaba segura de la veracidad de lo que su madre expresaba sobre ella. Sabía que no sufría de todos esos diagnósticos y afirmaciones, como que tenía la capacidad intelectual de un niño de 7 años, no le parecían ciertas.
No supo que había cumplido 20 años
Poco a poco, discutía cada vez más con “Dee Dee”, por lo que los “castigos” también se hicieron más estrictos: llegó a golpearla, a privarla de alimentación y a atarla a su cama para que no se levantara, además de poner campanas en las puertas para vigilar sus movimientos. Estaba asfixiando a su hija y le mentía regularmente en cuanto a su edad, para que así no se enterara de que ya había cumplido 20 años. Una vez, luego de enterarse de que tuvo contacto con un hombre de 35 años en una feria de ciencia ficción, la amenazó con “romperle los dedos con un martillo”. La violencia iba en ascenso y Gypsy Rose estaba menos dispuesta a aceptarla, a pesar de que sentía que no podía escapar.
Un novio secreto, la clave
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Gypsy y su novio cuando fueron detenidos por el asesinato de "Dee Dee", en 2015.
Más adelante, su madre le permitió volver a usar la computadora, y ella se las ingenió para crearse un usuario en una página de citas en línea. Ahí conoció a Nicholas Godejohn, un joven de Wisconsin que trabajaba en una pizzería, tenía dos años más que ella y padecía de un trastorno de personalidad múltiple. Solo un mes antes de que empezaran hablar, había sido detenido por masturbarse mientras miraba pornografía en un local de comida rápida.
Aun así, ella estaba ilusionada con la idea de que él pudiese ser la carta de salvación que la ayudaría a escapar de su casa, por lo que forjaron una contacto íntimo a través del chat, en donde incluso llegó a mandarle fotos posando con un cuchillo en su lengua, una acción que a “Nick” le parecía atractiva. Un día, ilusionada con la idea de que Godejohn pudiese agradarle a su madre, organizaron una cita “casual” para verse en persona.
El plan consistía en que ella y “Dee Dee” fueran al cine para ver una película de princesas, lugar en el que también estaría él. Pero esa idea no gustó a su madre, por lo que le prohibió que siguieran teniendo contacto. Fue ahí cuando la pareja buscó opciones alternativas para que Gypsy Rose se alejara de su madre. La que más los convenció fue planear un asesinato. “Mi odio hacia ella la obligará a morir. Es mi lado malvado haciéndolo. No lo arruinará, porque le gusta asesinar”, escribió Godejohn.
Durante la noche del miércoles 10 de junio de 2015, Gypsy Rose dejó sin seguro la puerta principal de la casa en la que vivía con su madre, en Springfield, Misuri, Estados Unidos. Nicholas Godejohn entró y se dirigió a la pieza en la que dormía “Dee Dee” con un cuchillo en sus manos. Se abalanzó sobre ella y le dio un total de 17 puñaladas. Mientras tanto, Gypsy Rose estaba escondida en el baño principal, tapándose los oídos para no escuchar los gritos de su madre.
Terminado el ataque, el hombre fue a buscarla, tuvieron relaciones sexuales y juntos recogieron una suma de $4.000 dólares, para luego irse a un motel en los suburbios de la ciudad y, al día siguiente, tomar un ómnibus en dirección a la casa de los padres de Godejohn, en Wisconsin. “Fue raro. Cuando los recogí en la estación, le pregunté: ¿cómo está tu madre? Me habían dicho que ella vivía en un refugio para personas sin hogar, porque su madre la había echado”, contó la mamá del joven en una entrevista, “pero actuaron como si nada”.
"La perra está muerta"
Después del crimen, Gypsy Rose subió una llamativa publicación a su cuenta de Facebook. “La perra está muerta”, escribió, por lo que sus vecinos se preocuparon y llamaron a la policía. Cuando llegaron, hallaron el cuerpo ensangrentado de “Dee Dee”, durante la madrugada del 14 de junio de 2015. “¿Quién realizó el asesinato? ¿Cuáles eran los motivos? Si Gypsy Rose no podía caminar, ¿por qué no estaba en la residencia?”, fueron algunas de las preguntas que se hicieron los policías, por lo que iniciaron un rastreo para conocer su paradero. La encontraron en la casa de los padres de Godejohn, en donde se enteraron de que todas las enfermedades eran producto de una mentira. Y cuando le preguntaron por qué escribió esa publicación en redes sociales, ella respondió que deseaba que el cadáver fuese encontrado, para que así tuviese “un entierro apropiado”. En ese momento, Gypsy ya tenía 23 años.