Xi Jinping fue “coronado” este fin de semana como el dirigente más poderoso de China desde Mao Tse Tung. Un dictador institucionalizado, de hecho, que asumió por un tercer mandato, algo para lo que en 2018 hizo modificar la Constitución. Además, Xi Jinping se perpetúa en el poder rodeándose solo de sus hombres de confianza y sin un sucesor a la vista. Es casi seguro que, si no se enferma, dentro de cinco años buscará un cuarto mandato. En la composición de la nueva cúpula, los siete dirigentes que conforman el Comité Permanente del Politburó, solo hay fieles a Xi y que no pueden proyectar su figura más allá de lo que permita el jefe máximo. Tras la dramática clausura del sábado, en la que el expresidente Hu Jintao fue sacado a la fuerza del hemiciclo, en un episodio que recordó a las “purgas” del pasado, no se esperaba que ninguno de sus aliados llegara a la nueva cúpula.
Aunque había especulaciones con los posibles candidatos, lo único que quedó claro es la continuidad como secretario general del PCCH de Xi Jinping, quien ha roto la norma de retirarse tras diez años en el puesto y seguirá como número uno. Detrás de él, en el Politburó vienen seis altos cargos. Cuatro superan la edad oficial de jubilación, 68 años, que sin embargo no se aplica a Xi ni a alguno de sus más estrechos colaboradores.
Como manda la tradición, los ’siete magníficos’ del PC de China comparecieron este domingo tras la primera sesión plenaria del Comité Central elegido en el Congreso del Partido Comunista. Sus 203 miembros escogieron a los 24 del Politburó, de los que salen los siete del Comité Permanente. Entre ellos, y como ya se preveía, ningún aliado de Hu Jintao o del aún primer ministro Li Keqiang. Li es uno de los grandes perdedores del Congreso: se retirará prematuramente en marzo. Otro nombre que perdió la partida es Hu Chunhua, quien sonaba para el Comité Permanente, pero quedó fuera: al parecer por propia renuncia tras el incidente con Hu Jintao.
Xi Jinping domina sin oposición el Partido Comunista y por tanto a la misma China, decidido a transformar el mundo en su empeño por hacer de su nación la única potencia global. Su peligroso viraje al nacionalismo militarista es una preocupación para todo el mundo. Su promesa de “recuperar” a Taiwán prefigura una futura guerra de imprevisibles consecuencias.
Ante un grupo de medios seleccionados, los siete integrantes del Comité Permanente del Politburó se presentaron en el majestuoso Salón Dorado del Gran Palacio del Pueblo. Entre los aplausos de los periodistas (sic), la comitiva encabezada por Xi Jinping salió de a uno de sus enormes portones laterales, que llegan hasta el techo, revelando el orden jerárquico de la nueva cúpula. Como es obvio, Xi encabezó la fila india. Mientras Xi avanzaba por la alfombra roja saludando a los presentes, su séquito le seguía en dirección al estrado colocado en el centro de la sala, aplaudiendo. Para posar ante las cámaras, con Xi Jinping en el centro y los demás, alterándose a su izquierda y derecha dependiendo de su rango. Desde un atril tras el que pendía una bandera roja con la hoz y el martillo, Xi los presentó uno a uno al público.
China Covid
Los dos meses de cuarentena total en Shangai, ciudad de 25 millones de habitantes, tuvieron un enorme costo económico y humano. Pero Xi ratificó la "línea dura" del "Covid cero".
Como número dos se sitúa Li Qiang, secretario del Partido Comunista en Shanghai. A sus 63 años, se perfila como el elegido para sustituir en marzo al actual primer ministro, Li Keqiang. A pesar del desastroso confinamiento por el Covid ordenado en Shanghai, que duró más de dos meses, Xi Jinping lo ha premiado por su contundencia para imponer confinamientos y restricciones. Un modo de decir que la irracional y represiva política de “Covid cero” de Xi seguirá vigente en China a pesar del creciente malestar social y su impacto en la economía. Ningún otro país del mundo ha adoptado esta línea de “Covid cero”. China es el país de origen de la enfermedad, surgida de la ciudad de Wuhan a inicios de 2020.
Los demás miembros del grupo de siete dirigentes son todos fieles de Xi, entre ellos como número tres Zhao Leji, quien repite en el Comité Permanente y es uno de los más estrechos aliados de Xi Jinping. Es autor de una feroz campaña “anticorrupción” que ha purgado a los rivales internos de Xi, entre ellos los partidarios del anterior presidente, Hu Jintao. Tradicionalmente, el número tres suele presidir la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del régimen comunista.
Protestas con miedo, incluso en Londres
La disidencia al poder absoluto de Xi Jinping se limitó a algunos carteles y afiches pegados en baños públicos o autopistas. Incluso en el exterior, muy lejos de China, hay temor a manifestarse públicamente en la comunidad china.
Cuenta la CNN que “Jolie estaba muy nerviosa cuando entró en el campus Goldsmiths, de la Universidad de Londres, el viernes por la mañana. Jolie, que llevaba una máscara para ocultar su identidad, esperó el momento adecuado para buscar en su bolso varias hojas de papel A4 que había impreso a altas horas de la noche. Cuando se aseguró de que ninguno de los alumnos —especialmente los que, como Jolie, proceden de China— la observaba, pegó rápidamente uno de ellos en un marco para anuncios. “Vida, no política de cero Covid; libertad, no encierro de ley marcial; dignidad, no mentiras; reforma, no revolución cultural; votos, no dictadura; ciudadanos, no esclavos”, decía en inglés.
Estas mismas palabras, pero en chino, habían sido escritas a mano con pintura roja en una pancarta que alguien colgó sobre un paso elevado en Pekín. Otra pancarta en el puente de Sitong denunciaba a Xi como “dictador” y “traidor nacional” y pedía su destitución. Las dos pancartas fueron rápidamente retiradas por la policía y todas las menciones a la protesta fueron borradas de la Internet china.
En un número de ciudades chinas y en cientos de universidades de todo el mundo aparecieron lemas contra Xi. En China los eslóganes se garabatearon en paredes y puertas de los baños públicos, uno de los últimos lugares que se libran de la mirada de las cámaras de vigilancia. En el extranjero, hubo carteles como Jolie. Los chinos en el exterior han aprendido a guardarse sus opiniones bajo Xi. Este intensificó la vigilancia de la diáspora china, intimidando y acosando a quienes se atreven a hablar y amenazando a sus familias en China.