La insistencia de Donald Trump en avanzar sobre Groenlandia volvió a tensar la política internacional. El presidente de Estados Unidos reactivó su ofensiva diplomática para que Washington se adueñe del territorio autónomo del Ártico, gobernado por Dinamarca, al que considera un activo central para la seguridad nacional estadounidense.
El planteo tomó mayor relevancia luego de una fuerte demostración del poder militar de Estados Unidos tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. En ese contexto, las declaraciones de Trump dejaron de sonar como una provocación aislada y comenzaron a generar preocupación entre los aliados europeos.
Groenlandia ocupa una posición geopolítica clave entre el país norteamericano y Europa, sobre la denominada brecha GIUK, un corredor marítimo que conecta el Ártico con el océano Atlántico. Ese paso resulta central para el control naval y la seguridad regional.
Además, la isla permite el despliegue de sistemas de alerta ante eventuales ataques con misiles y facilita el monitoreo del tráfico marítimo en el Ártico. A ese valor estratégico se suma su riqueza en recursos naturales. Groenlandia cuenta con yacimientos de petróleo, gas y minerales de tierras raras, insumos clave para la transición energética y la industria tecnológica y militar.
>> Leer más: El provocador posteo de Donald Trump mostrando a Groenlandia, Canadá y Venezuela como parte de EEUU
Trump descarta la fuerza, pero exige negociar de inmediato
Este miércoles, Trump descartó públicamente el uso de la fuerza militar para tomar Groenlandia, aunque exigió negociaciones "inmediatas" con Dinamarca. Afirmó que el control del territorio representa un “interés de seguridad nacional fundamental" para Estados Unidos.
Durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, el mandatario criticó el nivel de gasto en defensa de Dinamarca dentro de la OTAN y aseguró que solo Estados Unidos puede garantizar la protección efectiva de Groenlandia. Funcionarios europeos rechazaron de forma tajante esa postura.
"No quiero usar la fuerza para adquirir Groenlandia", afirmó Trump, aunque mantuvo la presión política y económica sobre los gobiernos involucrados.
Amenazas comerciales y presión diplomática
Lejos de moderar su postura ante las críticas, Trump endureció su estrategia. Amenazó con imponer aranceles significativos a Dinamarca y a otros siete países de la Unión Europea si no acceden a negociar la transferencia del territorio. Según detalló, los gravámenes comenzarían en 10% el próximo mes y subirían a 25% en junio, lo que abriría la puerta a un nuevo conflicto comercial transatlántico.
Además, envió una carta a la primera ministra de Noruega en la que vinculó el rechazo al Premio Nobel de la Paz con un cambio en su visión internacional. "Ya no me siento obligado a pensar únicamente en la paz, sino en lo que es bueno y correcto para Estados Unidos", escribió.
Las reacciones no tardaron en llegar. El primer ministro británico, Keir Starmer, sostuvo que cualquier decisión sobre el futuro de Groenlandia "le pertenece únicamente al pueblo de Groenlandia y al Reino de Dinamarca" y calificó como "incorrecto" la implementación de aranceles contra aliados.
El presidente francés, Emmanuel Macron, llamó a rechazar la ley, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von Der Leyen, argumentó que, si Washington avanza con las sanciones comerciales, la respuesta del bloque será "inquebrantable, unida y proporcional".