Otro muerto más en un partido de fútbol el triste lunes 10 de junio. Y van, no se cuántos más hombres muertos y heridos y mujeres manoseadas e insultadas en este otoño recordable por la insensata decisión de que el deporte más popular de los argentinos se juegue de noche. Pues en esta época del año anochece temprano, y bajo la cínica consigna de fútbol para todos y un país de buena gente, se ha logrado expulsar a los hinchas tranquilos y no violentos que llevan los colores del club en bufandas, remeras y sobretodo en el corazón, del campo de juego del club de sus amores. Porque hay que tener algo de suicida para concurrir a la cancha en estas condiciones de inseguridad y violencia, salvo previo testamento y despedida familiar. Pues qué protección puede haber si no hay iluminación adecuada en las calles, la policía está sobrepasada y la población refugiada en sus casas. Ni en auto ni en moto se puede llegar a un estadio, pues roban los neumáticos o te queman el auto. Y si pretendés transmitir tu amor deportivo a la familia, olvidate de llevar a tu mujer e hijos. Pues no sabés si vuelven todos, si no intentaron violar a una de las chicas, si no hubo una corrida y alguien cayó, alguien que después descubres que era el sobrino de, el primo de, el abuelo de. A ideas brillantes como ésta de jugar al fútbol de noche en invierno, y ante otras más locas aún, sugiero ir por más. Decretar que las 19 sean las 7 de la mañana. Que los bancos abran a las 22, los colegios comiencen a las 20 si los chicos van de mañana y a la 1 de la madrugada si van de tarde. Que supermercados y restaurantes, como otros negocios, adopten este original sistema y estén abiertos de 20 a 8 de la noche. Ganaremos por lejos el Guinness al país más originalmente desquiciado del planeta.



































