Cuatro gobiernos patearon la pelota y no terminaron la obra del Monumento, lo que daba el pie justo para que Pullaro pasara factura pública.
Apenas un “no nos merecíamos los argentinos y los que vivimos en esta ciudad el obrador, las chapas, los andamios, quitándole belleza a esta obra magnífica”.
Pullaro, Milei y el Monumento
De hecho, apenas le tomó prestada al intendente de Rosario, Pablo Javkin, durante la ronda con la prensa, la frase de que, si se trataba del Obelisco, lo bañaban en oro las autoridades nacionales.
Pero no cuestionó a fondo la deserción, la nula inversión y el desinterés por un monumento del mayor símbolo patrio de una Nación, la abulia de obra pública, la apatía por gestionar y hasta incluso indiferencia.
Lo hizo Javkin al hablar de “desprecio y destrato” de los gobiernos en general y el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, de abandono.
Es más, el gobernador adelantó que este sábado, cuando Milei llegue el acto por el 20 de Junio, tampoco reprochará la borrada por completo de su gobierno, como también hicieron los de Alberto Fernández y Mauricio Macri.
“Me pone contento que venga el presidente al acto. Reclamo permanentemente lo que nos corresponde, pero el Día de la Bandera es para estar juntos. Es para eso, en definitiva”, respondió ante la consulta.
E insistió: “Más allá de las diferencias que podamos tener, engalana que venga la máxima autoridad del país. Más allá de las diferencias, y las diferencias están, por la defensa de los recursos que le corresponde a Santa Fe, es importante que venga”.
Por qué no pelea
Se puede razonar que al confrontar con vehemencia se exponga la desidia del gobierno nacional y destaque a quien se hizo cargo de su abandono. Es una estrategia bastante lineal que, en este caso, tiene otra maceración.
Cuando el gobierno nacional enfrenta debilidades y todos salen a pegarle, Pullaro opta por mantener la mesura. ¿Habla de la calma de un político, de complacencia al presidente o de una oportunidad perdida?
Respecto de lo último, podría pensarse que, en una situación política frágil como la de Milei, es oportuno aprovechar el contexto y clavar el puñal, y así desmarcarse totalmente del gobierno nacional. Eso implicaría colocarse como opositor definitivamente y no limitarse, como ahora, a las idas y vueltas. ¿Lo quiere realmente en este momento Pullaro? No.
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Además, no sería inteligente en la estrategia de mantener distancia sin romper. Tampoco de buen anfitrión en un acto institucional semejante como el Día de la Bandera. “Es una jornada para ser todos uno”, romantizó el gobernador.
“No es la esencia de Maxi. Es boxeador, no luchador de MMA”, grafica alguien que conoce cómo se mueve el gobernador en estos casos.
Quizás una explicación se encuentre en el contexto: en tres días llega el presidente. De por sí, se espera que el ambiente esté caldeado por alguna manifestación política de la oposición (incluso en la provincia ven un desafío por controlar el tema), además de tener a la figura del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en las filas, lo que le agrega un condimento agrio a la escena.
Es decir: un panorama en el que el ruido llega por problemas del propio gobierno. ¿Dejarlo cocinarse solo o meter la cuchara? Suena a un error darle la excusa al Ejecutivo nacional de que el conflicto lo agitó su par santafesino.
La destreza política parece haber estado en hacerse cargo de una obra abandonada. Así logró converger en varios aspectos políticos que le suman a su recorrido. Y también a su narrativa.
Una cosa es ser hostil, otra marcar con firmeza los intereses santafesinos, como repite el gobernador. Pero también es un interés no arreglar el Monumento y dejarlo a la buena de Dios. En conclusión: el gobernador parece entender, en este caso, que “institucionalidad mata política”. Aunque en el fondo también esto que hace es política.