El debut de la selección argentina en el Mundial no sólo se vivió en casas, bares y pantallas gigantes. En Rosario también hubo quienes siguieron el partido desde otro lugar: arriba de una moto, con una mochila térmica en la espalda y el celular marcando entregas. En "Una tarde más" de La Capital+ registraron algunas de esas experiencias.
Los cadetes de aplicaciones de delivery atravesaron una jornada particular durante el primer partido de Argentina. Con el centro prácticamente vacío y una ciudad que parecía haberse detenido por casi dos horas, muchos repartidores continuaron trabajando mientras escuchaban el partido de fondo, entre radios, celulares y los gritos que llegaban desde balcones y ventanas.
“Siempre hay demanda, pero ayer hubo un bono y pagaban más”, contó uno de los cadetes consultados por el móvil de La Capital+. Según relató, durante el partido hubo un incentivo extra para quienes siguieran activos: un pago extra de 1.500 pesos por entrega.
Los pedidos aumentaron, aunque sin llegar a niveles extraordinarios. “Hubo muchos pedidos, pero dentro de lo normal. Muchos eran para la zona del Alto Rosario”, explicó uno de los entrevistados. Las hamburguesas aparecieron entre las comidas más solicitadas de la jornada.
Las propinas también fueron uno de los puntos destacados de la jornada. Para varios cadetes, estuvieron por encima de un día habitual. “La propina estuvo bastante bien”, coincidieron varios. En algunos casos, sumaron montos importantes: hubo repartidores que aseguraron haber llegado a reunir hasta 10 mil pesos extra en propinas.
Aunque no todos tuvieron la misma experiencia. Algunos señalaron que las propinas fueron similares a cualquier otro día y que el principal cambio estuvo en los tiempos de entrega. “La gente tardaba mucho más en bajar. Te hacían esperar abajo porque estaban mirando el partido”, contó otro trabajador.
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Una jornada marcada por los goles
El ritmo de trabajo, sin embargo, estuvo atravesado por el partido. Muchos repartidores escucharon los goles en plena calle, guiándose por el estallido de los vecinos más que por la transmisión en tiempo real. Incluso algunos vivieron los festejos con delay, enterándose por los gritos antes de recibir la notificación o ver la jugada en el celular.
La mayoría trabajó durante todo el encuentro o, al menos, hasta el entretiempo. Algunos aprovecharon la alta demanda y los bonos, otros decidieron cortar antes para poder ver la segunda mitad con más tranquilidad.
“Voy a seguir trabajando en la fase de grupos, pero si pasamos a octavos no. Ahí el fútbol me puede más”, resumió entre risas uno de los repartidores, reflejando una sensación compartida entre muchos: durante el Mundial, incluso para quienes trabajan, separar la rutina de la pasión futbolera se vuelve casi imposible.