Edición Impresa
Domingo 03 de Enero de 2016

Nicolás Manzi, editor

Considero que el hecho más importante en la cultura en 2015 fue el debate político en torno a lo que consideramos es el deber del Estado respecto a la cultura y las industrias culturales. No fue un evento ni una producción cultural, pero si consideramos que durante el 2015 tuvimos que asistir a las escuelas a emitir el voto cinco veces en la provincia de Santa Fe, no cabe la menor duda de que lo que hubo todo el año fue un debate, con críticas a las gestiones, con propuestas más o menos vacías de contenido de parte de otros partidos, pero sobre todo con clara consciencia de hacia dónde apunta cada postura política.

La vituperada "ideología" al fin de cuentas se hace presente en cada decisión de cada actor dentro de la cultura, es clave a la hora de pensar la propia producción.

Creo que todo el año estuvimos tratando de divisar cuál es el futuro de los nacientes proyectos culturales, qué se puede planificar, hacia dónde deberemos profundizar nuestro trabajo, cómo nos vamos a sostener.

Como en otros momentos mucho más graves en la institucionalidad, esa consciencia crítica que se despierta es una gran motivación para volver sobre una construcción cultural que focalice en la identidad, en la apropiación de tradiciones.

Quiero decir, hay un profundo entendimiento entre las personas que trabajan en la construcción cultural; las manifestaciones que vendrán en el campo del cine, de la literatura, del arte y de la música (digo por globalizar a todas las artes) volverán a debatir sobre la responsabilidad social y política del arte, sin perder el estilo.

Con respecto a la cultura local, por ejemplo, el debate estará dado sobre la atención que demandan las expresiones del arte dentro de la cultura local. Hay músicos, pintores, actores, escritores, artistas en general, que desarrollan sus actividades de singular valor estético, todos con el mismo desafío de poder vivir del trabajo que hacen.

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