Escenario
Sábado 11 de Marzo de 2017

El cantante callejero Marcelo Moyano afirma que "uno atrae lo que siente"

El cantante callejero es no vidente y tiene una discapacidad motriz que se llama osteogénesis imperfecta, necesita ayuda para ir y volver y siempre la encuentra.

No importa la lluvia, el frío o el agobiante calor. Marcelo Moyano siempre está. Tiene una tenacidad que inspira y una voz que cautiva a cada adepto que se frena a escucharlo en la peatonal Córdoba, donde toca canciones folclóricas con su guitarra desde hace 13 años. El cantante callejero es no vidente y tiene una discapacidad motriz que se llama osteogénesis imperfecta, necesita ayuda para ir y volver y siempre la encuentra. Porque como él dice: "Uno atrae lo que siente".

 Después de años de esfuerzo, el artista empieza a cosechar su siembra: acaba de lanzar su primer disco, "A mí me gusta cantar", y hoy lo presenta en el escenario de Vorterix, a las 21.30. Además, en octubre del año pasado, el Concejo lo nombró Ciudadano Distinguido de Rosario. "Sentí alegría de que reconozcan a una persona que trabaja en la peatonal como puede. Me es muy difícil generar mi propio recurso. Ser genuino es muy complicado. Porque yo podría estar tirado en el piso pidiendo monedas. Creo que uno tiene que estimular su talento. Hay gente muy cómoda en esta sociedad".

   La nota empieza en Mitre y Córdoba. Marcelo acaba de bajar del 115 que lo trae del barrio Triángulo hasta el centro y espera a Escenario para lo que será una tarde agitada de entrevista y sesión de fotos.

   De los 30 minutos que duró la sesión de fotos, 20 fueron de saludos ininterrumpidos: "Marcelito, este sábado te vamos a ver a Vorterix", "Marcelito, ¡te quiero!", le decían los que pasaban. Y abrazos. El afecto de la gente se hacía ver a cada segundo, mostrándole su apoyo incondicional.

   —¿Cómo surgió tu pasión por la música?

   —Desde que tengo tres años que me gusta la música. Mi papá escuchaba tango y folclore. Y gracias a mi abuelo aprendí el tango "El pañuelito", a los cuatro años. Lo mío es natural, fui a pocas clases de canto y un amigo me enseñó a tocar la guitarra.

   Lograr obtener una cita con una señorita fue su inspiración. Todo comenzó 13 años atrás, a sus 30 años, una tarde invernal en la que Marcelo le preguntó a un amigo: "¿Por qué en vez de cantar acá no vamos a cantar a la peatonal, así vemos si alguna señorita quiere tomar un café?". Ese día ninguna chica quiso tomar un café, pero empezaron a caer monedas y más monedas en la gorra de Marcelo.

   Los primeros días en la intersección de Córdoba y San Martín fueron duros. "Algunos comerciantes no me dejaban estar ahí, me decían que estorbaba el paso". Pero pese a las críticas, Marcelo siguió. "Soy una persona muy tenaz. Siempre logro el objetivo", asegura.

   El día a día en la peatonal es inquieto e impredecible. Aunque ya están los espectadores fijos que son los que van y vienen de la oficina y los comercios, están los curiosos que pasan y descubren por primera vez a Marcelo. "A veces uno no sabe quién está en frente. Uno siempre es agradecido por el anónimo. Al no ver las caras, es muy importante que la gente me salude". El reconocimiento es el regalo. "Me doy cuenta de lo que siembro cuando voy a una peña y me preguntan "¿no tocás hoy?"

Le da una cortina musical a la peatonal que a veces parece desolada a pesar de ser transitada por tanta gente, que va a apurada de acá para allá, inmersa en su mundo.

—¿Qué te inspira para cantar con tanta pasión?

—Son ganas, está adentro de mí. La gente frena y ese es el logro.

   —¿Qué es lo más duro de trabajar en la calle?

—Lo más duro es la sensibilidad de la gente. Yo puedo estar parado 20 minutos en Córdoba y San Martín, pueden pasar cientos de personas y nadie me pregunta si necesito cruzar. Pero si me caigo, tengo 50 personas a mi alrededor. Eso significa que no hay apertura hacia el ser humano que tenés enfrente. Hay un adormecimiento de conciencia.

Pero el lado luminoso es muy notable: "Le agradezco a la peatonal porque me dio muchos amigos", cuenta con una gran sonrisa.

   El primer álbum de Marcelo se llama "A mí me gusta cantar", contiene diez canciones del repertorio folclórico clásico y fue editado por BlueRoom. Sus inspiraciones son Jorge Rojas y Horacio Guaraní. "Busco darle otro color de voz a las canciones", destaca.

   Su camino al escenario de Vorterix nació cuando conoció al productor local Paulo "Pato" Galletti en Willie Dixon. "Me dijo que me veía siempre en la peatonal y que era un ejemplo. Un día me llamó y me dijo: «Tengo una fecha para vos en Vorterix». Ni lo dudé", relata emocionado. "Incluir e insertar no es lo mismo. Una cosa sin la otra no existe", reflexiona.

   "En el show van a escuchar temas de mi primer disco y algunos que canto en la peatonal", adelanta. Además, el recital contará con la banda invitada Zapateá Lechuza.

   "En el escenario siento mucha adrenalina", cuenta Marcelo que actuó en el Hotel Colonial de San Nicolás y en otras ciudades vecinas como Casilda y Zavalla.

   Marcelo no es un artista más. Es un ser que nos recuerda que estamos vivos y que despierta con su canto, uno a uno, a aquellos que están con la conciencia dormida. "Todo tiene que ver con cómo uno se planta ante la vida. El que está bien emocionalmente, va a encontrar gente buena. Se atrae. Jamás me sentí una víctima. Ponerse en víctima es lo peor que podés hacer. Está en uno ser lo que quiere ser".

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