Las amenazas extorsivas a los dueños de una casa de la zona sur se extendieron a lo largo de seis meses de 2023 con reclamos de dinero por WhatsApp y algunas entregas en efectivo de parte de las víctimas. Hasta que en octubre de ese año se interrumpieron los pagos y el domicilio fue blanco de ocho balaceras seguidas en un mes y medio. Esta semana, un detenido por la saga aceptó en un juicio abreviado una condena a 6 años y 8 meses de prisión como coautor del delito de extorsión agravada por el uso de arma.
Se trata de Alberto Orlando Quiroga, de 44 años, quien aceptó esa pena tras un acuerdo abreviado entre su defensa y la fiscal Guillermina Aiello, homologado en audiencia el juez Carlos Leiva. La secuencia delictiva tuvo como blanco una vivienda del barrio Mercedes de San Martín cercana al bulevar Avellaneda que llegó a sufrir dos balaceras en un día cuando el trato extorsivo declinó.
Extorsiones por WhatsApp
La fiscal Aiello acusó a Quiroga de haber participado junto a otras personas de una maniobra extorsiva que comenzó el 10 de marzo de 2023 y que tuvo como víctimas a personas a las que conocía. En esa fecha se comunicó por WhatsApp con los damnificados para indicarles que “tendrían inconvenientes” ya que terceras personas querían apropiarse de sus domicilios. Para evitarlo, les dijo, tendrían que abonar una suma de dinero.
El mismo día, alrededor de las 23, la víctima le entregó en mano el dinero exigido y él manifestó haberlo rendido a las personas que lo exigían. El 20 de mayo envió un nuevo mensaje reclamando otra entrega de dinero “para evitar problemas”.
Uno de los damnificados contestó que iba a tratar de conseguirlo y pidió que le dieran tiempo. Las conversaciones siguieron el 8 de junio, según consta en la condena, cuando Quiroga volvió a requerir dinero: una parte para las personas que pretendían ocupar la casa y otra para él. A los dos días la víctima realizó una transferencia de parte del dinero acordado a una billetera virtual que pertenece a una mujer cercana al condenado.
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Sobre fin mes siguió la exigencia y la misma dinámica se reiteró en julio y agosto de ese año, cuando se produjo una nueva transferencia. Ya en septiembre, el extorsionador reclamó una alta suma de dinero, pero ofreció el pago en cuotas. Tras varios mensajes y llamados insistiendo con el pago, la víctima bloqueó el contacto sobre fines de ese mes y entonces comenzaron los disparos.
Balaceras en serie
El 13 de octubre, a la medianoche, y el día siguiente, a la misma hora, balearon el domicilio. El 16 se reiteró el ataque a la 0.30 y dos impactos dieron sobre el portón de ingreso. Hubo más balaceras el 18, 19 y 20 de ese mes. Luego de una breve pausa, la saga de ataques se reanudó el 28 de noviembre alrededor de las 21. Entonces dejaron una nota amenazante y en el lugar se recogieron tres vainas servidas.
Para el siguiente atentado, el 30 de noviembre a la medianoche, se levantaron seis vainas calibre 9 milímetros y tres plomos encamisados deformados con una nota que manifestaba que debían comunicarse a un numero de teléfono.
El último incidente fue el 2 de diciembre de ese año a las 19, cuando una persona se presentó en la puerta del domicilio exigiendo a los familiares que retiraran la denuncia que derivó en esta condena. Como resultado de la seguidilla de ataques, la familia abandonó la casa baleada.