Su diagnóstico, generalmente, se da por ensayos clínicos y, aunque existen test, inicialmente se hace la prueba clínica. Luego están los métodos de estudios como el test de hidrógeno en aire espirado o dosajes en sangre, que resulta más invasivo. Con la definición médica, los pacientes deben limitarse a la hora de consumir leche, yogur, queso, embutidos con lactosa, pan lacteados, crema, sopas instantáneas, chocolate elaborado con leche helados, flanes, entre otros postres.
Qué es la intolerancia a la lactosa
El médico gastroenterólogo, Omar Tabacco, explicó a La Capital que para conocer qué es la intolerancia a la lactosa primero hay que definir lactosa: “Es un hidrato de carbono simple formado por una molécula de glucosa y una de galactosa”. Este hidrato está presente en la leche de la madre, las fórmulas infantiles, la leche de vaca y los derivados lácteos, agregó.
La lactosa, entonces, se digiere en el intestino delgado mediante una enzima llamada lactasa. Cuando el órgano no produce la cantidad necesaria de esta enzima, se produce la intolerancia a la lactosa.
Los médicos llegan al diagnóstico mediante “sospecha clínica y puede confirmarse mediante un estudio llamado Test de Hidrógeno en Aire Espirado”, consignó Tabacco, y su tratamiento consiste en “reducir o raramente suspender por completo la lactosa”.
Tratamiento para la intolerancia a la lactosa
Si bien no existe cura para la intolerancia a la lactosa, los síntomas se pueden reducir limitando el consumo de lácteos. En este sentido existen variables como leche con lactosa reducida o productos con base de leche de soya.
Algunos pacientes pueden consumir una ración pequeña de lactosa por día, otros apuestas por suplementos dietéticos. Con el tiempo, la mayoría de las personas que tienen intolerancia a la lactosa llegan a conocer su cuerpo lo suficientemente bien como para evitar los síntomas.
No obstante, una de las mayores preocupaciones de los pacientes afectados por la intolerancia a la lactosa es asegurarse lograr suplir los nutrientes que la leche, el queso y el resto de los lácteos aportan, especialmente el calcio, importante para niños, adolescentes, personas gestantes y mujeres luego de la menopausia.
Test de Hidrógeno en Aire Espirado
Este estudio consiste en la medición de hidrógeno en el aire que respiramos tras la administración de un azúcar. El resultado sirve para detectar varios inconvenientes digestivos.
Pero ¿por qué es importante el hidrógeno? Esta incógnita se responde por las bacterias intestinales, que tienen la capacidad de descomponer los azucares liberando hidrógeno. El elemento comienza a circular por el torrente circulatorio y llega al pulmón. De allí son expulsados. El test se realiza con una especie de pipeta, similar a un alcoholímetro. Se recomienda no comer frutas 24 horas antes.
Este testo, además de detectar intolerancia a la lactosa también sirve para diagnosticar intolerancia a la fructosa-sorbitol, a la sacarosa, a trehalosa, sobrecrecimiento bacteriano (glucosa, lactitol o lactulosa), tiempo de tránsito orocecal (lactitol o lactulosa) y estudio de malabsorción intestinal (D-xilosa).
La intolerancia a la lactosa en niños y adultos
Gabriel Solzi es médico gastroenterólogo infantil, especialista en motilidad digestiva, y señaló ante La Capital que la intolerancia a la lactosa es “menos frecuente” en la infancia, pero aclaró que en la adultez “por cuestiones genéticas vamos perdiendo la capacidad de tolerarla, por eso es más difícil consumir lácteos en exceso, distinto de lo que pasa cuando somos niños”. Así, no hay franja etaria para contraer este trastorno, por lo que se vuelve esencial estar atento a los síntomas que el cuerpo exponga.
Para que un recién nacido sea diagnosticado con intolerancia a la lactosa se debe a “una alteración muy específica”. Otro punto que marcó Solzi, es que en la infancia pueden aparecer otras patologías secundarias como virosis o parasitosis que “barren la mucosa del epitelio intestinal y provocan otros trastornos como la alergia a la proteína de leche de vaca”.
A partir de allí surge otra incógnita: ¿La intolerancia a la lactosa, es decir al hidrato, es lo mismo que la alergia a la proteína?
Intolerancia vs alergia
En primera medida hay que despejar las dudas: no existe la alergia a la lactosa. Cuando un paciente tiene complicaciones por el consumo de lactosa (leche, quesos y lácteos en general) tiene dos variantes. La primera es ser intolerante a la lactosa (hidrato) o alérgico a la proteína.
Tabacco fue contundente al señalar que “no existe la alergia a la lactosa, pues en la intolerancia no interviene el sistema inmunológico. Además, no se puede ser alérgico a un hidrato de carbono”.
Por su parte, Solzi apuntó que confundirlas es “un error en la concepción de la población” porque la intolerancia a la lactosa “no tiene que ver con la respuesta inmune, sino con la capacidad de digerir un alimento”.
Por otro lado, la alergia a la proteína de leche produce erupciones, irritabilidad en los niños o materia fecal con moco y hasta con sangre.
Intolerancia temporal o de por vida
“En la infancia la intolerancia frecuentemente es temporal, pero en la adultez ya es definitiva”, aseguró Solzi, que expuso cuestiones genéticas sobre este trastorno.
Según detalló el médico gastroenterólogo, “entre las personas con origen asiático hay un 90% de adultos que no pueden o restringen el consumo de lácteos. En cambio, los nórdicos son más tolerantes. Y los oriundos de Europa central están más cerca de los asiáticos. En Argentina, al haber un crisol de razas tenemos todas las variantes”.
Desde que somos lactantes, detalló Solzi, la enzima de la lactasa permite separar la glucosa y de la galactosa para “permitirnos consumir una cantidad importante de lácteos, que puede alcanzar los dos litros por día”. Esa enzima, a lo largo de la vida, va perdiendo potencia y allí aparece la intolerancia a la lactosa.
Aun así, existen personas intolerantes a la lactosa con cierto grado de resistencia. Medio vaso de leche o unidades de queso podrían ser toleradas, pero si se rompe esa barrera se produce dolor y distensión abdominal, flatulencias y diarrea acuosa, como síntomas más característicos.
Cómo se puede reemplazar la lactosa
A raíz del avance en los estudios sobre los alimentos y el diagnóstico de intolerancia a la lactosa se genera otro debate: ¿Es realmente necesario el consumo de lácteos en la vida adulta? Es cierto que la leche forma parte de la dieta de los argentinos, pero existen formas de obtener los mismos nutrientes.
Reemplazar la leche, la manteca o el queso es todo complicación en el entramado familiar. Uno de los principales beneficios de estos productos es el alto contenido de calcio, tan importante para la fortificación de huesos. Solzi contó que existen otros alimentos que aportan este mineral como la coliflor, el repollo o pescados con espinas. También, la leche, a través de la galactosa, es fundamental para el desarrollo neurológico. A esos alimentos se le suman las naranjas, almendras, nueces y los productos elaborados fortificados en calcio.
De todas formas, Solzi aclaró que hay pacientes que tienen mayor resistencia a la lactosa y pueden consumir un vaso de yogurt tiene menos contenido de lactosa que la misma proporción de leche. Misma situación para los quesos duros, como el provolone, que permiten un mayor grado de tolerancia que los blandos como la mozzarella o el brie. “El yogurt es una excelente alternativa para estos pacientes ya que en el proceso de fermentación de la leche se consume gran parte de la lactosa además del aporte de gérmenes probióticos que facilitan la digestión de esta y brindan salud digestiva general”, analizó Tabacco.
Además, la industria alimenticia ya tomó nota de este trastorno y produce leche sin lactosa. A su vez, “la farmacología desarrolló elementos que hacen digerir mejor la lactosa”, añadió Solzi.
La intolerancia a la lactosa ¿Puede traer mayores complicaciones?
Como todo malestar en la salud, los pacientes llegan con dudas y temores. Preguntas, apuntes, miradas de preocupación abundan en los consultorios y más en aquellos que reciben la sentencia: no más lácteos. Sin embargo, más que preocuparse, hay que ocuparse.
A pesar de que el trastorno es frecuente, “no es peligroso”, afirmó Solzi. “No es algo que nos debe alarmar más allá del malestar general, porque no es una patología como como la celiaquía o una enfermedad inflamatoria intestinal que requieran tratamientos médicos”, agregó.
La alergia a la proteína de vaca “sí es más grave, porque tiene otro tipo de trastorno” y aunque, generalmente, es transitoria en los primeros meses de vida “el sangrado o los mocos en la materia fecal deben ser resueltas”. Según expuso Solzi, se estima que el 10% de la población pediátrica podría padecerla.