La obesidad ha dejado de ser vista únicamente como una cuestión estética para ser reconocida formalmente como una enfermedad crónica. En este contexto, la aparición de nuevas drogas farmacológicas ha generado un gran interés tanto en la comunidad médica como en los pacientes que buscan alternativas efectivas para el descenso de peso.
“Presenciamos un cambio de paradigma en el tratamiento farmacológico. Históricamente, los tratamientos para la obesidad se daban de manera empírica y solían resultar en un marcado efecto rebote. Hoy, contamos con herramientas diseñadas específicamente para esta patología, lo que aumenta la adherencia y efectividad del paciente al ver resultados concretos en menor tiempo”, señala la Dra. Karen Montegrosso, integrante del Servicio de Nutrición de Grupo Gamma.
Entre las drogas más destacadas que se encuentran en el mercado actual, la Dra. Montegrosso menciona:
Semaglutida: conocida comercialmente bajo nombres como Ozempic o Wegovy.
Tirzepatida: recientemente llegada al país (conocida como Mounjaro), que combina semaglutida con otro compuesto, ofreciendo una mayor efectividad en pacientes con grados de obesidad más elevados.
¿Cómo actúan estas drogas en el organismo?
Estas medicaciones no son una solución “mágica”, sino un regulador metabólico que actúa principalmente de dos maneras:
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Centro de la saciedad: actúa sobre los receptores de las hormonas GLP-1 y GIP, generando una sensación de plenitud más prolongada.
Vaciamiento gástrico: retarda el proceso en el que el estómago se vacía, simulando el efecto de un balón o cinturón gástrico.
“El fármaco por sí solo no funciona de manera sostenible”, aclara la especialista en nutrición y, para asegurar la efectividad y evitar el efecto rebote, recomienda acompañar el tratamiento con:
Cambios en el estilo de vida y nutrición.
Actividad física de fuerza: vital para prevenir la sarcopenia (pérdida de masa muscular). La célula muscular es la que consume energía en el cuerpo; perderla deteriora el gasto metabólico y la calidad de vida del paciente.
“El ejercicio de fuerza es, en estos pacientes, incluso más importante que la alimentación, ya que la alimentación la regula el mismo fármaco al quitar el apetito”, dice la Dra. Montegrosso.
Contraindicaciones y efectos adversos
Como cualquier medicamento, su uso debe ser estrictamente supervisado y prescrito por un profesional médico. No debe utilizarse en pacientes con antecedentes de pancreatitis o de cáncer medular de tiroides en la familia.
Los efectos secundarios más comunes incluyen náuseas, vómitos, diarrea o constipación, los cuales suelen exacerbarse si el paciente consume harinas refinadas, grasas o azúcares en exceso durante el tratamiento.
Duración del tratamiento
“Dado que la obesidad es una enfermedad crónica, en muchos casos (especialmente si hay diabetes o resistencia a la insulina) el tratamiento puede ser crónico”, comenta la doctora. Sin embargo, si el objetivo es un descenso de peso moderado y se logra revertir el trastorno metabólico, la medicación puede retirarse bajo seguimiento profesional.