Eugenio, su mujer y su nieto entran al cementerio La Piedad con un cartel y en fatal silencio. Fueron a la tumba en tierra de Manuela Olmos, hija del hombre y madre del niño de 10 años que los acompaña. Sus caras están contraídas por la pena, el niño mira a la cámara de La Capital como quien observa a un extraño. A su edad, las madres son inmortales. Nunca cruzó por su cabeza esa foto al lado de la tumba. Manuela Olmos fue atropellada por un móvil de Gendarmería en 2025. Eugenio aún no tiene respuestas sobre lo que pasó.
Manuela circulaba la tarde del viernes 7 de enero de hace un año a bordo de su moto con uno de sus cuatro hijos, una niña de seis años. Al llegar a la esquina de Casilda y Liniers, en barrio Ludueña, sufrió un accidente con un móvil de Gendarmería. En ese instante dos versiones se impusieron. Una es que Manuela chocó a la patrulla. La otra es antagónica: el patrullero atropelló a la mujer y a la niña.
Es obvio que fue un accidente, los gendarmes no andan por la calle atropellando gente. Manuela falleció poco después en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca). En tanto, la niña fue operada de la cadera y tiene por delante unos meses en silla de ruedas hasta su recuperación, según le dijeron los médicos a Eugenio. El hombre pudo averiguar el nombre del gendarme y le comentaron que fue trasladado al sur, aunque nada es oficial, todo es misterio.
"A mi hija la atropellaron y el auto lo manejaba un gendarme. Iba sin sirena y ni tocó bocina. Quiero que me escuchen y hacer Justicia. Yo vivo en Mendoza al 9000 y cuando me llamaron mis hijos para decirme del accidente fui hasta Ludueña y a la cancha de Tiro Federal, donde sé que se juntan los jefes de Gendarmería. Ahí me dijeron que el gendarme que manejaba el auto estaba detenido en la 14ª, pero tenía que estar en la 12ª. Ahí empezaron las cosas raras, quieren tapar todo", dijo Eugenio en su momento con una mezcla de angustia y bronca.
Testigos de la causa que involucra a Gendarmería
El padre de Manuela presentó testigos para que se aclare la situación y una grabación de un celular que muestra quién manejaba el móvil. "Nos quieren hacer creer que mi hija se llevó el auto por delante y no fue así", comentó. Ningún oficial ni representante de Gendarmería lo llamó para explicarle lo sucedido. "Queremos Justicia y la vamos a conseguir", dijo empecinado. Doce meses después, su fuerza quijotesca no cambió.
Al lado de la tumba, Eugenio cuenta que "la cosa sigue como si nada, en la Justicia, si no tenés plata, la cosa no avanza". Luego agregó: "Hasta hoy no hubo pericias. Cada vez que voy a Fiscalía me atiende un secretario y me dice que están con las pericias, pero hasta ahora no se hizo nada. La cosa es sencilla, la atropelló”.
Un pedido de justicia
El cementerio está en silencio, alguna voz perdida por ahí, un recuerdo. "Me robaron la placa de la tumba, y bueno, eso pasa. Mi nieto no cree que Manuela está acá, enterrada, y de vez en cuando pregunta por ella ¿Qué les voy a decir a los chicos dentro de unos años, que fue mala suerte y listo? La respuesta es saber que pasó y que a los chicos les quede algo, en lo económico y en lo moral, que alguien se haga cargo", casi implora.
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Los hijos de Manuela son cuatro y van de un año a los 16 años. "Somos gente humilde, de trabajo. Los chicos están con su padre, que hace changas de todo tipo y entre todos la vamos peleando". Eugenio tiene un comedor en zona oeste y trabaja de lo que puede. Ronda los 60 años y su idea de la vida era recibir a su hija y sus nietos los domingos, intentar juntar plata para el asado y ver pasar la vida de trabajo. Esa ilusión la destrozó una patrulla conducida por un gendarme, un hombre de la fuerza que debía cuidar a su familia y nadie aún le dijo que pasó.