Ludueña pertenece a ese grupo de urbanizaciones que tienen como identidad la lucha, ya sea por la estigmatización o las cloacas, distintas en su esencia, pero igual de ineludibles. Y es allí donde está su fortaleza, su capacidad de generar acciones para sentirse seguros, diseñar estrategias de contención amorosas para los vínculos ásperos, y hacer oír sus voces para develar realidades más allá de las que cristalizan los prejuicios. En esas diligencias convergen docentes, alumnos y escuelas. Además de organizaciones herederas de Pocho (Lepratti) y (Edgardo) Montaldo, como ellos los aluden.
El barrio se llama igual que el arroyo que no lo atraviesa y ambos, como el capitán Antonio Ludueña, que supo andar por estas llanuras tres siglos atrás. En 1873, la Municipalidad le dio rango de seccional de la ciudad y lo llamó Aldea Ludueña. Años más tarde el ferrocarril dibujaría arabescos de hierro en su geografía, generando pobladores, trabajo y diseñando su futura urbanización. Hoy, a modo de referencia, se suele escuchar: atrás o después de las vías del Belgrano o el Mitre, con sus extensos terrenos ocupados por cuatro asentamientos, y la división norte/sur, trazada por calle Junín.
Ludueña es de urbanización básica, poco pavimento, más calles con mejorado, zanjas con sus maderitas para cruzarlas, pocas cloacas, casas de construcción sencilla, árboles y muros coloridos, con dibujos y leyendas que hablan por sus autores que, a su vez, son emergentes de un entramado social complejo. Y es allí donde la educación formal y las organizaciones comunitarias entran a tallar, ahí está lo suyo. “El reconfortante trabajo silencioso de los docentes en los barrios vulnerables”, definió Sebastián, quien por su trabajo frecuenta el barrio.
La escuela como refugio
La Escuela de Educación Técnico Profesional y Educación Secundaria Orientada, (EETP y SO 473 Juana E. Blanco), Gorriti y Felipe Moré, dicta tecnicaturas en electrónica, mecánica e informática (6 años) y bachiller en ciencias Naturales (5 años), y es uno de los cimientos de transformación del lugar. Diego Bercellini, es su regente y no duda en llamar al lugar como refugio, un entorno que los vuelve visibles. “No es fácil encontrar dónde hacer las prácticas, si fueran de escuelas de otro lugar, las mismas empresas los buscan”, dice como rasero de los prejuicios que pesan como montañas.
“Adentro de la escuela se refleja el afuera, cómo viven los chicos que a veces ni siquiera tienen un techo fijo, están con un tío o después con la abuela por los conflictos, valoro tanto que con todo lo que viven, aún tengan ganas de venir a la escuela”, explica. Y suma un dato de contexto: no tienen respuesta de la Nación a los Planes de Gestión de Mejoras, para equipamiento e insumos, recursos vitales en la orientación de la enseñanza, algo que ocurría tres años atrás.
“Una vez pregunté qué libros había en sus casas, con suerte alguno se animó a decir la Biblia, no tienen libros de cuentos, historia o poesía, el vocabulario está acotado porque sólo tienen el estímulo de los videos que ven”, señala Juan Pablo Bello, profesor del lugar que dicta Sistema de Desarrollo, una materia que aplica a técnica electrónica. Y agrega que no es lo único acotado, no conocen las calles del centro al que muy rara vez van. “No tienen forma de ampliar el medio en que están, el barrio los delimita. A modo de ejemplo, “cuando tienen que ir a una calle comercial, van a Juan José Pasó o a Iguazú, del barrio vecino, Industrial, “ni siquiera a calle Mendoza”.
Además suma un dato amargo: son muy pocos los que llegan a sexto año. “Tiene que ver con sus propias experiencias, si nunca vieron un técnico, si no tiene nadie en la familia, ningún contacto, no se imagina la posibilidad que da capacitarse”, señala articulando con la “cuestión social”, algo que no debería pasar por alto, para entender subjetividades complejas y estigmatizadas que las escuelas del lugar trabajan para transformar.
El contexto
Para los vecinos, el barrio necesita transformaciones. “La última obra fue parte de cloacas, que se tapan y rebalsan, las calles tienen pozos; pedimos escamonda, corte de pastos y luminarias: Como hubo avances hay retrocesos que se están profundizando y eso es lamentable, como el hecho de que vengan de otro barrio a tirar basura, algo que también hacen los propios vecinos”, enfatizan, y anotan como positivo el actual arreglo de la plaza frente a la escuela 473. La concejala del bloque Nación y Libertad, Sabrina Prence, ilustró la realidad de los asentamientos con un video en las redes, una pintura de broca gorda que ella sintetiza: “Es un gran basural”, y da cuenta del pedido de los vecinos por la necesidad de contenedores.
El acompañamiento a las demandas sociales, llega a través de los centros Cuidar que tiene el barrio en Formosa 296 y Bielsa 6001, zona sur y norte, respectivamente, con programas para gestantes, desarrollo infantil, adultos mayores, juventudes, asesoramiento jurídico, fortalecimiento familiar, y los valorados Nueva Oportunidad, con panificación, mantenimiento de espacios verdes, diseño de indumentaria, murga y circo.
A tono con la siembra de Pocho y Montaldo, la lucha por un contexto habitable y más humano sigue, pero con un apunte alentador, el ala negra de la violencia aún no se repliega, pero sus efectos “bajaron un poco en los últimos tiempos”.
Actualmente, el barrio se ubica delimitado aproximadamente entre las calles Santa Fe y Gorriti (sur-norte) y Carriego y Solís (este-oeste), dividido por la calle Junín en Ludueña Sur y Norte cambió tres veces los límites.