Con la aprobación de hecho de la reforma laboral, Javier Milei consiguió su victoria más importante desde la sanción de la ley Bases. “Se logró lo imposible”, dicen desde las filas libertarias, todavía con algo de incredulidad.

Los libertarios y sus aliados lograron un reseteo del mundo laboral que parecía imposible. El peronismo presionó en el recinto y en la calle pero no logró torcer la historia. Pullaro y los gestos hacia las paritarias
Por Mariano D'Arrigo
Foto: Preisdencia
Con la virtual aprobación de la reforma laboral, Javier Milei consiguió lo que parecía una misión imposible.
Con la aprobación de hecho de la reforma laboral, Javier Milei consiguió su victoria más importante desde la sanción de la ley Bases. “Se logró lo imposible”, dicen desde las filas libertarias, todavía con algo de incredulidad.
En minoría en ambas Cámaras, el gobierno logró armar una mayoría variopinta para consumar el reseteo más profundo del mundo del trabajo desde 1983.
Allí confluyeron libertarios, radicales, macristas, provincialistas y peronistas cuentapropistas. Un homenaje póstumo al acuerdo del 70% que planteaba Rodríguez Larreta.
En ese grupo conviven quienes apretaron el botón verde por convencimiento, porque comparten electorado con La Libertad Avanza, por una negociación de recursos para su distrito o intereses más mundanos. Se verá si aparece algún Kueider.
En su retórica inflamada, el presidente suele plantear que su gestión ejecutó miles de reformas estructurales —en Davos, este año su conteo personal llegó a 13.500— para empequeñecer la magnitud de los cambios durante el menemismo, sobre todo después de su pelea con Domingo Cavallo.
Dejando de lado la discusión numérica, esta vez Milei tiene razón en cuanto a la bisagra histórica que marca la modernización laboral, que toca nervios sensibles del mundo del trabajo, como las indemnizaciones, la extensión de la jornada laboral y la dinámica de la actividad sindical.
En los años ‘90, Tulio Halperin Donghi escribió un libro llamado La larga agonía de la Argentina peronista. En esa obra, el gran historiador analizó el lento pero progresivo desmantelamiento de los pilares de la sociedad de pleno empleo y un Estado de bienestar a la criolla: desigualdad, desindustrialización, privatizaciones. Treinta años después, la reforma laboral viene a patear el cable al respirador de ese modelo moribundo.
Como sucedió durante el menemismo y la efímera experiencia de la Alianza, la pregunta es si la flexibilización laboral servirá o no para ponerle un freno a la informalidad y crear empleo registrado. Es una de las grandes deudas desde 2011, en la larga década perdida de la grieta.
A diferencia de aquellos años en que perder el trabajo equivalía a quedar sin ingreso, hoy las plataformas funcionan como un colchón de autoempleo, aunque muestran signos de saturación. Un ejemplo es lo que sucedió durante el paro de la CGT: los precios de los viajes de las aplicaciones no subieron tanto, porque subió la demanda pero también la oferta, vía empleados registrados a los que no les descontaban el día y que se subieron a su auto particular para hacer unos pesos extra.
Otra discusión es sobre los efectos no deseados de las leyes. Lo advirtió en el recinto un viejo zorro como Miguel Pichetto. El sistema de negociación por sector era un mecanismo de gobernanza del mundo laboral. La prioridad a los acuerdos por empresa abre la puerta a que se creen sindicatos amigables con los dueños de la compañía pero también abona el terreno a comisiones combativas y de izquierda.
En cualquier caso, el gobierno sacó adelante la ley a pesar de su modus operandi de enviar proyectos XXL, con objetivos ambiciosos, en la que intervienen muchas manos y que pretende aprobar con urgencia.
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Después de la intervención de Patricia Bullrich en el Senado, fue clave el rol de Diego Santilli como garante de acuerdos, con Manuel Adorni y Martín Menem como el VAR de Karina en las negociaciones. En el fondo, el mileísmo realmente existente es agenda y staff político macrista con estética trumpista.
Como en la sesión del Senado, el peronismo se mostró impotente para frenar la ley. El paro general de la CGT funcionó por ahora más como una válvula de escape que como el comienzo de una escalada de conflicto. Los jerarcas de la central sindical se aseguraron que la motosierra no pase por sus recursos de poder, pero también son conscientes de que su imagen está por el piso y que representan a una porción cada vez menor del mundo del trabajo.
En el recinto, el bloque de Unión por la Patria pudo conservar la unidad pero quedó reducido a una oposición testimonial, cruzada por la denuncia de los retrocesos que implica la ley y las acusaciones de traición a los peronistas que acompañaron al gobierno. Ya sea con votos a favor, abstenciones o dando quórum.
Pese a que tenía el partido ganado, el gobierno casi lo pierde. Otra vez, por una mezcla de amateurismo y autoconfianza excesiva. Poco antes de las 22, la sesión estuvo sin quórum, porque la mayoría de los legisladores libertarios estaban fuera del recinto. Rápido de reflejos, el peronismo presentó una moción de orden (que deben ser votadas inmediatamente) para que el proyecto vuelva a comisiones. Silvana Giudici, otra PRO que se bautizó en las aguas libertarias, hizo tiempo para que sus compañeros volvieran a sus bancas.
Otro hecho curioso es que el jefe del bloque oficialista, Gabriel Bornoroni, no haya tomado la palabra al final del debate para defender el proyecto, como si toda la creatividad se hubiera agotado en la negociación con los aliados y no hiciera falta dar argumentos a la sociedad sobre los beneficios de la reforma.
La votación dividió a Provincias Unidas. Sin consenso, el bloque que tiene como corazón el acuerdo entre Santa Fe y Córdoba abrió el juego a distintos posicionamientos. La dispersión entre votos a favor, en contra y ausencias fue la salida para contener a diputados con visiones ideológicas distintas, pero también es un síntoma de falta de maduración como proyecto político nacional.
“El acuerdo es que cuando están en discusión fondos y temas de la provincia se vota unidos, y en otras cuestiones hay libertad de acción”, dicen desde Santa Fe.
El voto a favor de Gisela Scaglia y de José Núñez y el rechazo de Esteban Paulón y Pablo Farías les permitió a los cuatro ser coherentes con su trayectoria y la de sus partidos. El PRO siempre impulsó esa agenda, que quedó trunca durante el macrismo, y a nivel nacional el socialismo, que lleva en su ADN la cuestión laboral, se plantea desde la oposición dura a Milei.
Un dato es que en tres votaciones clave como el presupuesto, el régimen penal juvenil y la reforma laboral Provincias Unidas aportó votos clave. Sería lógico algún gesto de la Casa Rosada en los temas que viene reclamando el gobierno provincial: los fondos jubilatorios y la infraestructura vial. Pullaro tiene línea directa con Santilli pero también Scaglia tiene un vínculo fluido con el ministro del Interior desde sus épocas del PRO.
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El gobierno quiere aprovechar el envión. Están en carpeta una reforma electoral para eliminar las Paso, flexibilizar los aportes privados a las campañas y sumar la cantidad de distritos necesarios para armar un partido nacional, y una reforma impositiva. “Hay que exprimir la mayoría mientras el peronismo esté confundido”, dice un libertario que camina por el Congreso.
La debilidad opositora, más los fondos del FAL y lo que el gobierno consiga de financiamiento le dan a Milei un puente para transitar hasta el 2027, aunque el tendal de empresas que cierran —con Fate como caso testigo— y el jaque de la Corte Suprema de Estados Unidos a la política de aranceles de Donald Trump encienden luces de alerta.
Puertas adentro de Santa Fe, Pullaro se mueve en un nuevo clima. La apertura de sesiones de la Legislatura es un ejemplo. En un acto marcado por las esquirlas de la protesta policial, el gobernador se plantó en el estrado puesto en la Cámara de Diputados desde un lugar de autoridad pero sin la intención de abrir nuevos focos de conflicto.
“Fue un mensaje de humildad, pies sobre la tierra y ajustado al momento”, dice uno de los líderes de la alianza que tiene al radicalismo, el socialismo, el PRO y el javkinismo como accionistas principales.
La oferta que puso el gobierno sobre la mesa en las paritarias fue la traducción en números de esa gestualidad. El objetivo es recomponer la relación con el mundo del empleo público. Ese sector fue clave en el triunfo en 2023, pero una parte de ese contingente que integran docentes, policías, médicos y enfermeros se alejó por la reforma previsional y la política salarial.
En su primera etapa, la paritaria muestra fotos previsibles, como la aceptación de ATE y UPCN y el rechazo de Amsafé, que retoma el camino del paro. La novedad es la movilización de docentes autoconvocados, sobre todo en el interior de la provincia, enojados con el gobierno pero que no se sienten contenidos por la estructura sindical. “Es una protesta más anárquica, es un elemento nuevo de inestabilidad”, dice un dirigente de Unidos que sigue el pulso del mundo gremial.
Se verá cómo evoluciona el conflicto, aunque el sí de los gremios de la administración central, la firmeza de Pullaro en sostener el descuento de los días de paro y el Asistencia Perfecta y una recomposición de ingresos de bolsillo para la base de la pirámide juegan a favor de la gestión provincial.
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En paralelo, Unidos trata de llegar a la sesión del Senado de este jueves con un proyecto común de ley de municipios. “Hay que intentarlo”, dice un referente parlamentario. Las discusiones pasan por la figura del viceintendente y la cantidad de concejales según la población, pero también sobre las competencias y el financiamiento de los municipios.
El peronismo trata de aprovechar las diferencias entre socialistas y radicales y la intención de Unidos de sacar la ley con votos del PJ , en línea con lo que planteó Pullaro en la Legislatura sobre reconstruir el espíritu de acuerdos de la Constituyente.
“Lo fundamental es que abran un debate responsable, mandaron una ley de municipios muy mal hecha, no pueden pretender una sanción exprés”, dicen desde el bloque peronista en Diputados.
Allí empezaron a jugar con mayor coordinación Lucila De Ponti, del Movimiento Evita, Miguel Rabbia, referenciado en Marcelo Lewandowski, y espacio de Omar Perotti, que empezó un operativo de acercamiento al PJ oficial. Esa alianza táctica también coincide en una crítica a la conducción del partido, hegemonizada por los senadores y el rossismo. Son pequeñas señales hacia un 2027 que está más cerca de lo que parece.



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