Los vecinos de los monoblocks de pasaje Lejarza al 5600, entre Pedro Lino Funes y Teniente Agneta, debatían con opiniones divididas sobre el diario vivir de ese segmento de territorio enclavado en el barrio Triángulo. Los más, dicen que la zona está “invivible” y que “hay que andar con cuidado” por la violencia armada en las calles. Por eso, el que tiene la posibilidad de emigrar lo está pensando. Los menos, aseguran que el barrio está tranquilo y que el asesinato de Federico Noel Picerni, un muchacho de 27 años investigado en un expediente por venta de drogas, es algo inusual.
Lo concreto, y más allá de las sensaciones, es que el lunes al atardecer varios hombres armados que llegaron en un Peugeot 206 negro y una moto 110 roja desataron un pandemónium de fuego y sangre en el hall de ingreso al edificio de Lejarza 5675. Allí estaban al menos tres personas, todas con prontuario abierto. Federico Noel Picerni (hijo de un sargento retirado de la policía rosarina) recibió un impacto en la cabeza y murió en el lugar; su hermano Facundo Ariel, de 22 años, fue herido en un glúteo; y Kevin Hernán B., de 23 años, al que un balazo lo impactó en la cabeza. Estos dos últimos fueron trasladados al Hospital de Emergencias donde permanecen internados.
Según la reconstrucción, eran las 18.50 del lunes cuando las víctimas estaban en el hall de ingreso al edificio de Lejarza 5675. Mientras el trío charlaba aparecieron un Peugeot 206 negro y una moto 110 roja. Del auto bajó un hombre armado que, si mediar palabras, comenzó a dispararles. Testigos aseguran que los tiros partieron desde la esquina, a unos 30 metros de donde estaban los muchachos, pero indicaron que el sicario avanzó sobre los jóvenes mientras gatillaba. A Federico Picerni no le dio tiempo a nada. Cayó agonizante con un balazo calibre .380 que le perforó la cabeza. Su hermano recibió un balazo en un glúteo y Kevin B. fue alcanzado por un proyectil en la cabeza y anoche permanceía grave en el Heca. En la escena quedaron 8 vainas servidas calibre 380.
Lejarza al 5600 expone con crueldad la realidad de los barrios de la periferia rosarina. Una calle de tránsito necesaria para los vecinos de los monoblocks que tiene a mitad de cuadra un enorme cráter que la hace intransitable en un auto, con la excepción de que se quiera dejar el tren delantero roto. Pensar en que los sicarios pudieran haber soñado con pasar disparando frente al trío es ciencia ficción. Ningún auto puede pasar por ese hueco tapado con aguas pestilentes y rodeado de basura. La cuadra ya había sido escenario de hechos violentos, el más recordado quizás sea el asesinato en enero de 2018 de Marcela Díaz, la hermana del también asesinado Ariel “Tubi” Segovia, acusado por el homicidio de Lorena Ojeda, una chica que fue baleada por error cuando buscaban a su hermana Brisa para impedir que participara de una rueda de reconocimiento de personas.
La mañana del martes barrio Triángulo mostró un vecindario que buscaba normalizar lo ocurrido la noche anterior sin ninguna esperanza de que la realidad sea transformada para bien. “Yo laburo todo el día. Vengo al mediodía a buscar a mi hija para llevarla al colegio. Después sigo laburando hasta las 22. Vuelvo cuando mi esposa me avisa que ya está la comida, ceno y me voy a dormir. Yo me la paso trabajando y mi familia encerrada dentro de la casa por miedo a que alguien pase disparando y lo mate. ¿Eso es vida? Con mi familia estamos pensando seriamente en irme de Rosario a otra localidad. Inclusive irnos del país. Esto ya no da para más”, contó un vecino.
Víctimas con prontuario
Las tres víctimas del ataque tienen prontuarios abiertos. La recopilación de los antecedentes penales y contravencionales más pesada del trío parecía llevarla sobre sus hombros Federico Noel Picerni, quien estaba bajo la mirada de la Justicia Federal por una causa de drogas tras un operativo realizado en marzo de 2018. Seis meses antes había sido detenido e imputado por el asesinato de Brian Ezequiel Chamorro, cuyo cuerpo fue hallado el miércoles 26 de julio en la colectora de avenida de Circunvalación y calle Monteagudo, en las inmediaciones del ingreso al cámping del Parque Regional Sur a la altura del barrio Villa Diego, en Villa Gobernador Gálvez. El entonces fiscal Rafael Coria imputó por el crimen a Picerni junto a Franco Ramón C. y al líder de Los Monos, Ariel Máximo “Guille” Cantero. Sin embargo, el juez Carlos Leiva dispuso la libertad de los tres aunque no los desligó de la investigación.
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En tanto, las fuentes dijeron que Facundo P. tiene un pedido de captura activo por portación ilegal de arma de fuego de marzo de 2017 y estaba bajo el beneficio de la prisión domiciliaria; mientras Kevin B. tiene anotaciones judiciales por una tentativa de robo simple con secuestro de arma de fuego de abril de 2016 y el secuestro de una moto con captura de octubre de 2018.
Tanto vecinos como investigadores coincidieron en apuntar a la zona donde ocurrió el asesinato de Picerni como un punto rojo de llamados a la central del 911 por diferentes hechos: desde desorden hasta tentativas de robos y actitudes sospechosas. Otros voceros consultados comentaron que el territorio en el que se produjo el feroz asesinato quedó en medio de la disputa que mantienen las huestes del narco apodado “Peruano” con distintas bandas que intentan colarse en esa geografía. En ese sentido, el ataque que le costó la vida a Picerni estaría focalizado en un punto de venta de drogas del apodado “Narigón” y el grupo agresor estaría vinculado al “Toro”, con radio acción en Cabín 9 y barrio Godoy.
“Cada vez es más complejo conocer qué bandas están detrás de la venta de droga. Los transas barriales venden pero muchas veces desconocen para qué marca trabajan. Son células, llegan con la bolsa, se las dan y a la tarde vuelven por la plata. Y más vale que la tengas porque sino te acercas al cementerio”, explicó un investigador.