POLICIALES

Gestaba balaceras desde una cárcel y proyectaba casarse para luego escapar, pero todo se frustró

Una investigación expuso el accionar de una banda de tiratiros manejada desde Piñero. Antes de la boda, el cabecilla canceló la operación

Jueves 05 de Agosto de 2021

Luciano “Lucho” Bogado tenía dos sueños en el último tiempo: casarse y fugarse de la cárcel de Piñero, donde cumple condena a 18 años de prisión por un homicidio agravado. Pero no pudo ser. Horas antes del casamiento, fijado para este miércoles a la mañana en el Centro Municipal de Distrito Sudoeste, el recluso dio de baja el pedido ante el Servicio Penitenciario para que lo retirara de su celda en el pabellón 6 de Piñero. Pocos minutos después de cancelar el plan, Lucho recibió la visita de una comisión policial que bajo las órdenes del fiscal Federico Rébola, de la unidad que investiga balaceras, allanó su celda en el contexto de una investigación por ataques a balazos contra al menos dos viviendas de calle Garay al 1200 en mayo pasado. También se realizaron siete allanamientos más y hubo cuatro personas detenidas, entre ellas su prometida, María del Rosario C., con quien será imputado en las próximas horas al igual que los otros tres arrestados como integrantes de una banda que se especializaba en ataques a balazos contra viviendas, o personas, al mejor postor.

El pasado 22 de mayo un gendarme hizo una denuncia en la comisaría 15ª, de Sarmiento al 4300. El hombre contó que la noche anterior mientras trabaja recibió un llamado de su esposa que le avisaba que su casa de Garay al 1200 había sido balada. La puerta de la vivienda tenía tres impactos. Minutos más tarde una vecina le entregó una nota que los tiratiros le habían dejado: “Dejen la casa en 24 horas o sino mucho plomo. Atte. La mafia”. Y pegada a la nota una bala calibre 45. Horas más tarde, otro vecino del mismo pasillo, realizó una denuncia similar y aportó un número de celular que le dejaron en una nota para que se contactara con los atacantes.

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El vecino pensó que el apriete venía por el lado de un prestamista al que le había solicitado 20 mil pesos cuatro meses atrás y por eso querían su casa. Las denuncias recayeron en la Unidad Fiscal que investiga delitos de autores desconocidos (NN), a cargo del fiscal Rébola, que suele ser el paso previo en el caso de las balaceras. De allí en casos como los referidos las denuncias comienzan a ser trabajabas por la Unidad de Balaceras que además de Rébola integran Valeria Haurigot y Pablo Socca. El primer paso de la unidad fue pedir la intervención del celular que habían dejado para el contacto en las casas atacadas. Así llegaron hasta Lucho bogado, preso en Piñero.

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Una nota dejada hace pocos días en una casa baleada en Cochabamba al 5600 parece llevar la firma de Lucho.

Una nota dejada hace pocos días en una casa baleada en Cochabamba al 5600 parece llevar la firma de Lucho.

La noche del 24 de abril de 2015 Lucho Bogado fue hasta la casa de Roberto “Ñoqui” Álvarez en inmediaciones de Necochea y 24 de Septiembre, en el barrio Tablada, y le dejó una advertencia a Noelia, su hermana. Se tiene que ir del pasillo porque le pegó al sobrino de «Mareco» _un hombre en silla de ruedas que vendía droga_ y cuando lo cruzaran “le iban a pegar mal”. Cuando Ñoqui se enteró salió alocadamente en moto y Bogado, que lo esperaba detrás de un árbol, lo mató de un escopetazo en el abdomen. “Fue Luchito", alcanzó a decir Álvarez antes de morir.

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Nueve meses más tarde, Lucho cayó en un allanamiento en una casa de Tucumán al 900 de Pérez. En diciembre de 2018 un tribunal pluripersonal lo condenó en juicio oral a 18 años como autor penalmente responsable de los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y portación ilegítima de arma de fuego de uso civil. Una pena que fue confirmada ese mismo mes. Una condena que purga en el pabellón 6 de la cárcel de Piñero. Bogado tiene 31 años y la semblanza que tienen los investigadores sobre el hombre es que está ligado al núcleo duro de la banda de Los Monos.

En cuestión de horas, los pesquisas que tenían el número de teléfono dejado en la puerta de la casa de calle Garay al 1200 pudieron comprobar que las llamadas desde ese celular partían de un aparato utilizado por un preso en la cárcel de Piñero, y que ese preso era Lucho Bogado. “Lo que hacía era mandar a balear una casa, que dejaran un mensaje y la víctima se tenía que contactar directamente con él. Hacía algo así como home office, pero desde la cárcel. Se dedica a coordinar desde el interior de la cárcel, balaceras, usurpaciones de casa y hasta homicidios con mano de obra pesada de la que dispone”, explicó una fuente allegada a la investigación.

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En poco más de dos meses de investigación quedó expuesto que Bogado era una especie de CEO o director ejecutivo que tomaba trabajos al mejor postor y que tenía mano de obra que en la calle ejecutaba sus órdenes. Una vez entregado el mensaje la víctima se reportaba a él mediante el número de celular que sus empleados dejaban. “Plata o plomo, soy yo boludo”, relató Bogado en una escucha ya judicializada.

Escuchando a Bogado llegaron a María del Rosario C., su novia, la mujer con la que proyectaba casarse este miércoles a las 9.30 antes de que surgieran entre ellos algunas desavenencias. Las charlas entre María del Carmen y Lucho expusieron que la mujer estaba en el negocio de la narcocriminalidad y por estos días está convaleciente atada a una bolsa de colostomía fruto de una herida de bala recibido hace algunas semanas. Los investigadores confiaron que María del Rosario quería casarse con Lucho, pero era contraria a que el hombre se fugara después de estampar la firma en el Registro Civil del Distrito Sudoeste porque temía quedar detenida con él. Sin que trascendiera el por qué, horas antes del casamiento Bogado retiro el pedido ante el Servicio Penitenciario para que lo condujeran a la boda.

María del Rosario tenía junto a “Laura” un punto de venta de drogas de Gutenberg al 2700, en la villa Banana. “Laura” fue identificada como Laura Alicia B. una mujer de 42 años que tres semanas atrás fue gravemente herida cuando un taxi con personas armadas pasó disparando la tarde del viernes 16 de julio pasado por las puertas del punto de venta de drogas de calle Gutenberg. Varios proyectiles impactaron en Jorge Mario Ferreira, un albañil que trabajaba en la casa, era ajeno a lo que ocurría allí y murió en el lugar.

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En la misma secuencia un balazo hirió Laura Alicia B., quien según los vecinos terminó internada grave en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Fuentes de la pesquisa indicaron tras el crimen de Ferreira que la mujer ya había sido mencionada e incluso detenida en el marco de la investigación del doble asesinato de Fabricio Moreira, de 28 años, y Jorge Mendoza, de 27, ocurrido el 1º de enero de 2018 en Ituzaingó y pasaje Daract (a la altura de Servando Bayo). En este doble crimen fueron heridas, además, otras tres personas. Moreira era el referente de una de las gavillas con asiento en Banana, enfrentada con otra que tiene su base en el Fonavi de Rouillón y bulevar Seguí y liderada por Walter "Dulce" Abregú; un hombre con prontuario penal detenido en agosto de 2019.

Además de la celda de Bogado en el pabellón 6 de Piñero fueron allanadas siete viviendas: Seguí al 100, Corrientes al 3100, Iriondo al 4000, Gálvez al 5000, 27 de Febrero al 4600 (señalado como un punto de venta de drogas), 24 de Septiembre y Necochea, y Necochea 3500, donde funciona un taller de refrigeración que para la acusación era el lugar donde “Lucho” y su gente dejaban a resguardo sus armas. El cuidador según la acusación era el apodado “Beto”, identificado como Camilo Alberto C., quien fue detenido en una vivienda ubicada a metros del taller. Alli secuestraron una pistola 9 milímetros y un revólver calibre 38, ambos con munición. Los cinco detenidos serán imputados por el fiscal Rébola en las próximas horas.

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