Policiales

Balas que cambian vidas: tuvieron que cerrar su local y llevar a sus hijas a otra ciudad

La verdulería de un matrimonio de zona oeste fue atacada a balazos por una deuda que el hermano de la dueña tiene en el marco de un conflicto por drogas

Lunes 02 de Agosto de 2021

Sebastián y Adriana tienen una verdulería en Cerrito al 7100, zona oeste, en la que trabajan todos los días de la semana. De lunes a sábado hacen dos turnos, cortan al mediodía. Este domingo por la tarde el comercio, que estaba cerrado porque es el único día en que trabajan medio turno, fue el blanco de al menos 10 balazos de parte de personas que pasaron en dos motos. Pudo ser suerte o bien estar calculado por los autores del ataque que dejaron los balazos como advertencia. El trasfondo es un conflicto con un hermano de la dueña: el hombre tiene deudas relacionadas al comercio de drogas y se fue de Rosario. El matrimonio, víctima colateral de esa trama de violencia, tuvo que cerrar el local y llevar a sus cinco hijas a vivir a otra ciudad.

La violencia urbana altera la vida cotidiana de las personas. Tanto las vidas de los protagonistas que están de un lado y del otro del conflicto, como también las de los familiares y vecinos que rodean los escenarios de los distintos tipos de ataques en los que desembocan esas tensiones. En este caso a Sebastián y Adriana los rozó un problema que el hermano de ella tiene, según comentaron, con gente vinculada a la venta de drogas. El hombre se fue a Buenos Aires y por eso se la agarraron con su familia. "A mí me sale más barato comprar una caja de balas y tirártelas a vos que ir a Buenos Aires a buscar a tu hermano", le dijeron a la mujer en uno de los llamados amenazantes recibidos en los últimos días.

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Días bajo amenazas

La primera señal fue el miércoles pasado. Ese día, según contó Sebastián a La Capital, recibieron una carta que decía "Daniel, llamame, si no ya sabés qué va a pasar. Mucho plomo". Daniel es el hermano de Adriana, por lo cual desde un principio a ellos les quedó claro que habían quedado en medio de un conflicto que les era ajeno. Aunque para los agresores no, porque con el paso de los días insistieron con las amenazas.

Al día siguiente, cuando cerca de las 17, Sebastián fue a abrir la verdulería y se encontró con otro mensaje similar. "El jueves a la noche nos llaman, amenazan que me van a matar. A mi señora le dijeron que yo había salido de trabajar, sabían mi nombre, sabían que yo hace un tiempo vendí un camión, que tenemos una camioneta que estacionamos en la puerta de mi casa frente a un colegio", contó Sebastián. "Ahí nos asustamos. Después pasaron por mi casa gritando que me iban a hacer sufrir", agregó.

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La familia no encontró otra solución que "desaparecer". Llevaron a sus cinco hijas a la casa de un familiar en otra ciudad, cerraron el negocio y dejaron pasar dos días. El sábado a la noche el matrimonio volvió a Rosario y el domingo decidieron abrir la verdulería. Pero por la tarde las amenazas fueron más graves. Según pudieron reconstruir mediante el registro de la cámara de vigilancia de un vecino, los agresores pasaron a bordo de dos motos y arremetieron a balazos contra el negocio.

Al menos diez balas impactaron en los portones de la verdulería. Otro balazo dio en la puerta de un pasillo de una casa vecina, y dos más pegaron en una despensa ubicada al otro costado. Esos dos proyectiles rompieron un portón, un vidrio y atravesaron electrodomésticos del comercio.

"Esto nos afecta como comerciantes porque perdemos el trabajo. Tuvimos que cerrar porque no solo estamos expuestos nosotros, los clientes también. Pueden pasar a los tiros cuando estemos atendiendo y mirá si lastiman a alguien", se angustió Sebastián. Mientras tanto, lamentaba la pérdida económica que implica cerrar el local: lógicamente no se vende y además se echan a perder frutas y verduras. Pero cerrar el local es, al menos por ahora, la única forma que encontraron de cuidarse ante la posibilidad de otro nuevo ataque.

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Vecinos afectados

"Pobre gente, son laburantes, viven de esto", contó a La Capital el vecino dueño de la despensa lindera al local baleado. Este comercio también recibió dos balazos en el mismo episodio. "Nosotros sin tener nada que ver la ligamos. Decí que no había nadie a esa hora", agregó el hombre.

"Viste cómo se manejan con esto, quieren meter miedo extorsionando. En cualquier momento pueden pasar y volver a tirar", dijo el comerciante. Este lunes, la verdulería estaba cerrada pero la despensa estaba abierta: "Lamentablemente nosotros tenemos que abrir, al igual que ellos vivimos del negocio".

"Acá es arreglátelas como puedas. A nosotros no nos robaron nunca, pero el peligro está igual, es otro. Si esto pasaba un día de semana, cuando hay chicos comprando que van a la escuela, podrían haber hecho un desastre", agregó.

El barrio, dice este vecino acudiendo a una frase hecha sobre los territorios atravesados por la violencia, es "tierra de nadie".

"Dos por tres hay tiroteos. hace unos meses mataron a un muchacho acá a la vuelta, por allá mataron a otro", comentó. Está en lo cierto: en febrero de este año, en la zona de Cochabamba y Brasil fue asesinado a puñaladas Pablo Javier Álvarez; mientras que a unos 500 metros hacia el sur en la zona de Monteflores al 7100 los conflictos relacionados al narcomenudeo estallaron con al menos dos homicidios y una familia desalojada en los últimos meses.

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Acostumbrarse a los tiros

"Los nenes ya están acostumbrados a escuchar tiros y salir corriendo para adentro. Cuando pasó esto mi nena estaba en el patio de lo de mi hermana jugando con su primo y salieron corriendo apenas escucharon los tiros", contó el comerciante.

La misma sensación compartió con La Capital la vecina que vive en la otra casa que resultó baleada en el mismo ataque. "Decí que yo no estaba, porque siempre ando con el bebé, lo saco acá afuera con el andador. La verdad es que así no se puede vivir", lamentó la mujer con su bebé en brazos, parada en el mismo lugar en el que horas atrás habían pasado más de una decena de balazos.

"Acá está como en todos lados", dijo la mujer en referencia a la situación en barrios periféricos de la ciudad. "El problema es que hay muchos pibes jovencitos metidos en las drogas. Acá en la otra cuadra había un muchacho que vendía pastillas a los chicos. Vos los veías a los pibes que venían de Santa Lucía, de 16 o 17 años, a comprar esa porquería", agregó la vecina.

Sobre los balazos, que más allá de este hecho puntual suelen escucharse con frecuencia, contó: "Dicen que son grupos que se pelean por la zona, no les importa nada. Tiran y no les importa ni a dónde ni a quién".

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