Los argentinos son otra vez protagonistas del Mundial. Es la hinchada que llegó como campeona del mundo y tiene el orgullo de defender este glorioso escalafón en el certamen tripartito de Estados Unidos, México y Canadá. Los aventureros de la pasión fueron llegando de a poco a Kansas City, pero armaron una fiesta impactante el día previo y este martes coronaron el aguante con una caravana maravillosa, desde el centro hasta el faraónico estadio para el partido ante Argelia.
Un escenario impresionante que no tiene ni punto de comparación con ninguno de nuestro país. Allí, en esa joya arquitectónica con forma de tazón, por sus tribunas ovaladas detrás de los arcos, se armó el gran carnaval albiceleste.
La casa donde juegan los Chiefs es una verdadera caja de resonancia que ostenta el récord mundial Guinness del estadio al aire libre más ruidoso del planeta, y que ahora con los argentinos podrá tal vez superar ese registro, por el fervor único de los nacidos en el sur del continente americano.
Un banderazo como aperitivo
El banderazo del lunes fue un aperitivo de pasión de lo que ocurrió en la previa del duelo ante Argelia. Allí se armó una celebración a puro canto, redoblante y batucada, donde hubo una gran presencia de rosarinos, con camisetas canallas y leprosas, pero hermanados y gritando juntos por el mismo equipo: la selección.
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La 10 de Argentina estuvo en el pecho y la espalda de miles de hinchas.
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Tres horas antes del inicio del partido inaugural de Argentina en el Grupo J se abrieron las puertas del estadio que está ubicado en las afueras de la ciudad. Se levanta entre autopistas de varios carriles, que son verdaderas pistas de carrera para autos de altísima gama.
Y con el ingreso de cada hincha el estadio de brillosas butacas rojas y amarillas se fue pintando de más colores, en especial de celeste y blanco, pero con algunos argelinos también bancando los trapos de su país. Y con neutrales que no se querían perder una de las últimas misas mundialistas del gran Lionel.
Hay gorro, bandera y vincha
Gorros, banderas, vinchas, caras pintadas, cotillón, todo lo que se puede llevar a una fiesta estuvo en las tribunas. No faltó nada. Y con un uniforme casi obligatorio que ganó por escándalo: la camiseta argentina con las tres estrellas y el número diez en la espalda.
Ese número mágico que antes enalteció Maradona, ahora tiene un heredero de lujo que incluso superó los límites de Diego.
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Mientras el estadio se colmaba la Fifa ensayaba cada acto de la ceremonia de apertura del partido, donde hubo música, baile y coreografías. Todo sobre un campo de juego verdísimo, impecable visto desde el noveno piso del estadio en el palco de prensa.
Accesos colmados
El ingreso fue lento por la cantidad de hinchas que se encolumnó en cada acceso. Porque además los QR de las entradas se habilitaron un par de horas antes en los teléfonos de los compradores para que la reventa sea la menor posible.
Otra vez lo argentinos cantaron los himnos de siempre, con el hit "Muchachos" como nueva canción emblemática y siempre bancando a los jugadores y a este proceso, más allá del resultado eventual de cada compromiso.