Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955 las muestras de apoyo al régimen depuesto eran duramente sancionadas. En 1º de marzo de 1956, después de un triunfo por 2-0 de Rosario Central contra un combinado en la ciudad de Mendoza, el plantel auriazul fue detenido por entonar las estrofas de la marcha peronista durante los festejos posteriores.
El peronismo fue proscripto por decreto el 5 de marzo de 1956. La sanción prohibía el uso de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas y fotografías del líder el movimiento o incluso pronunciar su nombre. Tres días antes que el decreto salga a la luz, el plantel de Central pasó 20 horas detenido en una comisaría en Mendoza por haber cantado "la marchita".
El equipo rosarino realizó en marzo de 1956 una gira por Cuyo y Córdoba. En la ciudad de Mendoza se enfrentó a un combinado de los clubes locales Gimnasia y Esgrima y Boca Juniors de Bermejo. El encuentro le dio el triunfo a Central por 2 a 0, uno de ellos fue convertido por Miguel Antonio Juárez, quien marcó su primer gol dentro del equipo rosarino.
Tras el partido, hubo asado y vino para festejar. A las dos de la mañana, cuando el plantel emprendió la vuelta en colectivo al hotel que los alojaba en Mendoza, comenzaron a cantar la marcha peronista. Era la madrugada del 2 de marzo y tres días después saldría el decreto de la proscripción. Sin embargo, los ánimos políticos en el país ya estaban caldeados y el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu había sido mucho más determinante y estricto que su predecesor Eduardo Lonardi en relación al peronismo.
Los cantos a favor del peronismo llamaron la atención de muchos mendocinos que increparon al plantel auriazul y, según las crónicas de la época, hubo un intercambio de insultos. Al llegar al hotel, la policía los estaba esperando y todos quedaron detenidos. Todos los jugadores canallas permanecieron presos hasta las 9 de la noche del 2 de marzo. Después de pagar una serie de multas, recobraron la libertad. Sin embargo, continuaron las acciones legales en su contra.
Después de aquel día en el calabozo, en la comisaría 7ma de Godoy Cruz, que veinte años después funcionaría de centro clandestino de detención, el equipo rosarino siguió su viaje. Y el de 3 de marzo se presentó en San Juan para jugar contra el Club Huracán. Esta vez los canallas no se llevaron la victoria: empataron 3 a 3.
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En Rosario, la noticia de la detención del plantel de Central trascendió días después. El 5 de marzo de 1956 el diario La Capital publicó parte de un comunicado difundido por la comisión directiva de Rosario Central. Allí se lee: "La C.D. repudia, desde ya, cualquier manifestación o hecho que hubiere afectado los principios de libertad y democracia en que orienta su acción el gobierno de la Revolución Libertadora, y hace saber a socios, simpatizantes y opinión pública en general que dentro de la mayor premura realizará la investigación del caso para poder aplicar severas sanciones disciplinarias a los que resultaren culpables de tan desgraciado incidente".
Diez días después, sin embargo, cambió el tono de la comisión directiva canalla. En los medios trascendió la copia de la carta que el club Rosario Central había enviado a la AFA proporcionando explicaciones acerca de los hechos ocurridos en Godoy Cruz.
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En relación a los insultos y confrontaciones, declararon que había sido algo insignificante por parte de un hombre alcoholizado. "Un individuo en aparente estado de ebriedad, sin razón aparente que lo justificara, se desató en los improperios contra algunos de nuestros jugadores y como estos se abstuvieran con toda cordura responder no resultó difícil apaciguar al desaforado, sin que el incidente adquiriese la menor importancia, al punto que ni siquiera llego a conocimiento de las personas que se hallaban en las proximidades".
Por otro lado, indicaron que "alguien movido por el resentimiento o por cualquier finalidad inconfesable, llevó a las autoridades un relato desfigurado y torpe del vulgar episodio y las autoridades con lamentable ligereza iniciaron un procedimiento de inusitada violencia que debieron rectificar pocas horas después" .
Central apuntó contra los periodistas
Además, no dudaron en apuntar a los periodistas: "Se dio un comunicado que servicio de pasto para que la imaginación periodística elucubrara una verdadera leyenda que ciertamente asombra, sobre todo a quienes nos ha tocado ser testigos presenciales de lo acontecido".
El incidente no pasó a mayores pero es, sin duda, una instantánea de una época. La proscripción al peronismo fue un hecho trascendental de aquellos años y no hubo nadie que quedara exento de encontrarse con la policía si cantaba "la marchita" o si mostraba algún símbolo vinculado al gobieron depuesto por el golpe militar.