Biden

Realismo y prudencia, claves en la estrategia argentina hacia EEUU

Expertos analizan el futuro de la relación entre la Casa Blanca y el país. La deuda con el FMI, al tope de la agenda bilateral. El factor China

Domingo 24 de Enero de 2021

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca tras cuatro años más que intensos de gobierno de Donald Trump plantea tanto dentro como fuera de los Estados Unidos una serie de interrogantes. Sobre todo, cuáles serán las principales líneas del nuevo gobierno. Para un país periférico como la Argentina, que enfrenta múltiples crisis, especialistas en relaciones internacionales recomiendan adoptar una estrategia que combine altas dosis de realismo y prudencia.

La mayoría de los expertos coinciden en que el foco del presidente demócrata estará puesto en la situación interna del país. No por desconocimiento: de hecho, Biden presidió el comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano y como vicepresidente de Barack Obama visitó América latina 16 veces.

Las prioridades de la nueva administración son domésticas: reparar la democracia, enfrentar la pandemia, reconstruir la economía —señala el politólogo Andrés Malamud, profesor e investigador de la Universidad de Lisboa—. Después viene la política exterior, y la poca atención que no absorba China se la llevará Rusia. América Latina, salvo excepciones como la cuestión migratoria o el simbolismo venezolano, volará bajo el radar”.

Para el doctor en relaciones internacionales y docente de la UNR Esteban Actis en el plano de la política exterior Biden se centrará en las grandes agendas que su antecesor dejó de lado: el multilateralismo, la cuestión climática y la estrategia hacia China. “Si bien tendrá hacia la región un enfoque mucho más integral que Trump, al principio no será un tema para nada central en su agenda”, considera.

El politólogo Julio Burdman, director de la consultora Observatorio Electoral, cree que se reflejará en el continente el perfil que busca proyectar la nueva administración en su territorio: ser un gobierno de restauración postrumpista. “Restauración de la cultura democrática, sus instituciones, sus valores; es probablemente exagerado, ya que los años de Trump no produjeron tantos cambios, pero esa es la identidad del nuevo gobierno, su épica fundacional, y va a aferrarse a ella —explica—. Con el espíritu inicial del gobierno restaurador, y el vacío de política regional que dejó el último lustro, esa estrategia de retorno estadounidense puede encontrar un terreno fértil”.

¿Y con la Argentina qué? “El principal tema de la agenda bilateral será inicialmente la deuda externa y luego habrá otras cuestiones tradicionales —indica la doctora en relaciones internacionales y docente de la UNR Julieta Zelicovich—. El gobierno convocará a Estados Unidos a que tenga una presencia más fuerte en el multilateralismo, sin que eso genere necesariamente una respuesta de Washington. La dinámica estará moldeada por los temas, en algunos las posiciones serán convergentes y en otros divergentes”.

Actis evalúa que para la Argentina la llegada de Biden significa una oxigenación del vínculo con los principales centros de poder de Estados Unidos. El embajador en Washington, Jorge Argüello, ha cultivado relaciones con el establishment demócrata, y el ministro de Economía Martín Guzman trabajó en el mismo equipo que el marido de la secretaria del Tesoro, Janet Yellen.

“Habrá mejor clima de vinculación y negociación, pero esto no quiere decir que solucionen los problemas, o que Estados Unidos sea complaciente con la Argentina —advierte el analista—. Los demócratas siempre han sido muy duros en el FMI en la renegociación con los acreedores y esta no será la excepción”.

Fragilidad

En este marco, ¿cuál debería ser la estrategia argentina? Más allá del guiño de la historia que implica el fin de la era Trump —al menos por ahora— el mundo sigue siendo un escenario turbulento y volátil, y el país atraviesa una etapa de particular fragilidad.

“La expectativa del gobierno es alta: imagina que hay una oportunidad para nosotros en un Biden que busca relanzar su política a la región, que en su afán de ‘destrumpizar’ termine conteniendo o aislando a Bolsonaro, y que así el país pueda relanzar su política exterior”, analiza Burdman.

Malamud evalúa que la mejor opción es el “realismo periférico”. “Acompañar en lo que parece esencial para EEUU, como terrorismo, ambiente, Venezuela (salvo en caso de intervención militar) para defender lo que es esencial para Argentina: deuda, autonomía en licitaciones tecnológicas”, sostiene.

“Para países como la Argentina, que tienen altos niveles de vulnerabilidad, lo estratégico es tener una diplomacia prudente, de no confrontación, y en la que las acciones de política exterior no se basen en el deseo sino en la realidad —recomienda Zelicovich—. Si el gobierno orienta su política pensando que efectivamente la administración Biden va normalizar en el corto plazo instituciones como la Organización Mundial de Comercio vamos a estar en problemas”.

Margen de maniobra

Por supuesto, otros actores de peso también juegan en el tablero global. Uno de ellos es China, que se convirtió durante la pandemia en el principal socio comercial de la Argentina. Así, los dólares financieros llegan al país desde Occidente, y los comerciales desde Oriente.

El consenso entre los expertos es que la capacidad de la Argentina de pivotear entre ambas potencias dependerá poco y nada de lo que hagan Alberto Fernández y sus ministros y mucho —sino todo— de la dinámica que asuma la relación entre los dos gigantes.

“Es posible el juego con ambas potencias, pero eso depende en gran medida de las condiciones que imponga EEUU —subraya Burdman—. A comienzos de la era Obama, en Washington predominaba la idea de que la triangulación con China era positiva porque implicaba inversiones de un tercer país y eso aliviaba la responsabilidad financiera de Estados Unidos, pero tal vez la visión ahora no sea la misma. Necesitamos saber cuál es la posición de Estados Unidos sobre China en la nueva etapa”.

De acuerdo a Malamud, “si la Argentina tiene que optar está liquidada, porque necesita el respaldo financiero de EEUU y las inversiones chinas. La diplomacia más adecuada para esta encrucijada es hacerse el boludo, pero a veces parece que nuestra cancillería no se hiciera”.

Actis remarca que a menor tensión entre Estados Unidos y China mayor es el margen de maniobra de la Argentina. Pero, remarca, eso requiere dos condiciones. Por un lado, salir de la emergencia permanente: recuperar estabilidad macroeconómica, la confianza en su moneda y capacidades mínimas indispensables. Por el otro, cohesión en el diseño de la política exterior: que se base en una estrategia unificada, y no esté tironeada por internas y pujas domésticas.

En la misma línea, Zelicovich indica que el rango de posibilidades de los países en desarrollo depende no de sus capacidades nacionales sino de cuán restrictivo sea el escenario internacional. Para la especialista, de momento hay margen de maniobra para pivotear entre ambas potencias.

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