Bomberos y equipos de rescate recuperaban ayer los restos de decenas de personas de edificios carbonizados, mientras la cifra de fallecidos por los incendios más devastadores que ha sufrido el sur de Australia se elevó a 171.

Bomberos y equipos de rescate recuperaban ayer los restos de decenas de personas de edificios carbonizados, mientras la cifra de fallecidos por los incendios más devastadores que ha sufrido el sur de Australia se elevó a 171.
"Todo el mundo se ha ido. Sus casas han desaparecido. Están todos muertos en las casas", dijo entre lágrimas Christopher Harvey, un superviviente de Kinglake, donde la mayoría de habitantes falleció, mientras avanzaba por el pueblo.
Un portavoz de la policía dijo que algunos de los incendios, que asolaron localidades rurales cerca de la segunda mayor ciudad del país, Melbourne, fueron provocados y describió como escena de un crimen a una de las áreas devastadas.
Las llamas eran tan altas en algunos puntos como un edificio de cuatro plantas y los fuertes vientos diseminaron los incendios por un área de unos 40 kilómetros en el sur australiano. Más de 750 casas quedaron destruidas y unas 400 personas, con graves quemaduras y lesiones, se encuentran hospitalizadas por los incendios forestales que se desataron hace cuatro días por las altas temperaturas, y aún siguen descontrolados.
Ayer, horrorizados residentes de Whittlesea, cerca de Kinglake, donde la mayoría de sus habitantes murió, deambulaban por las calles en busca de seres queridos aún desaparecidos.
El gobierno anunció un paquete de ayuda de 6,8 millones de dólares estadounidenses para los damnificados. (Reuters)


