La Cámara de Senadores de la Nación aprobó ayer por unanimidad otorgarle el grado de generala a Juana Azurduy, luchadora clave en las batallas por la independencia en territorio americano, entre los siglos XVIII y XIX.

La Cámara de Senadores de la Nación aprobó ayer por unanimidad otorgarle el grado de generala a Juana Azurduy, luchadora clave en las batallas por la independencia en territorio americano, entre los siglos XVIII y XIX.
A propuesta del jefe del bloque kirchnerista Miguel Angel Pichetto, los senadores ratificaron y avalaron el decreto presidencial que reconoce post mortem el carácter de generala a Azurduy.
La mujer que homenajeó el Senado nació el 12 de julio de 1780 en las cercanías de Chuquisaca, Virreinato del Río de la Plata, Alto Perú —hoy Bolivia— y murió en Chuquisaca, el 25 de mayo de 1862.
Una tropa de nativos. Era hija de un estanciero y una cobriza mestiza. Creció en campos de Toroca y una casa en Chuquisaca. Tenía 7 años cuando murió su padre, con quien aprendió a cabalgar
Convivió con aborígenes y hablaba quechua y aymará. Además, fue testigo indignada del sometimiento colonial sobre los nativos.
Al quedar bajo tutela de una tía, por su díscolo carácter fue internada en un convento. Eso le permitió acceder a la lectura de San Luis el Cruzado, Santa Juana de Arco, San Ignacio de Loyola, y viejos manuscritos sobre Túpac Amaru. Luego también se conmovió al leer el "El Contrato Social" de Juan Jacobo Rousseau.
Con un vecino, Manuel Padilla, compartió ideales y se enamoraron. En 1805 se casaron y tendrán cuatro hijos.
Tras alzamientos contra el colonialismo en La Paz, Manuel se unió al ejército de Belgrano y formó un batallón de dos mil nativos, mientras Juana administraba la estancia.
La pareja fue perseguida por los realistas ante lo cual Juana y los chicos se escondieron en los pantanos de Segura. Pero la disenteria y el paludismo mataron a los niños.
Juana se unió a la lucha de su esposo y recorrió la zona de Chuquisaca para organizar a las nativas en la lucha. Reclutó aymaras y adiestró a un batallón de aborígenes.
Con técnica de guerrillas atacó a las tropas españolas. Pero en una de esos combates su esposo fue degollado.
Juana bajó a Salta y Miguel de Güemes la nombró teniente coronela y jefa de la rebelión.
A la muerte del salteño Juana regresó a Chuquisaca, donde había perdido sus bienes y debió sobrevivir en la pobreza.
Pero el general Simón Bolívar la recompensó y le concedió una modesta pensión a Azurduy. En la humildad vivió hasta morir, cuando ya tenía 82 años. l (Télam)