Se le suele llamar trimestre de oro al que empieza en abril, cuando la cosecha gruesa toma ritmo y comienzan a fluir los agrodólares, claves para asegurar un piso de gobernabilidad económica. El gobierno de Javier Milei desespera por llegar a esa orilla mientras camina a los tropezones por el trimestre de barro en el que se empantanó desde comienzos de año.
La criptoestafa no es el primer escándalo que involucra a esta administración pero es el que más lo desnudó. Si el caso Kueider sepultó el relato de la lucha contra la casta, el de Libra golpeó dos veces el corazón del personaje, al reducir las opciones interpretativas sobre su papel a la complicidad, inimputabilidad, o ambas. Las reacciones que ensayó, abundantes en bloopers y violencia física, verbal e institucional, lesionan la imagen de infalibilidad de su maquinaria política. Ya el fracaso de la licitación de la hidrovía había dado un aviso sobre las fisuras del esquema de negocios panoficialista.
El nerviosismo tiene un sustrato económico. Ya a fines del año pasado comenzó a quebrarse el segundo ciclo de carry trade armado por Luis Caputo, apalancado por el blanqueo, el estímulo a los créditos en dólares y la intervención en el mercado cambiario financiero. El pago de vencimientos de deuda en enero y la constante pérdida de reservas fueron un parteaguas. En el nuevo escenario, el Ministerio de Economía apuró un Repo, reversionó el dólar soja para anticipar liquidaciones del agro, profundizó el ancla cambiaria, flexibilizó peligrosamente las posibilidades de otorgar créditos en moneda extranjera y comenzó a blandir la inminencia de un acuerdo con el FMI para tomar deuda destinada a intervenir en el mercado de divisas.
Desde la megadevaluación de diciembre de 2023, el plan económico atravesó momentos de crisis que fueron superados por los puentes financieros que logró construir el ministro. El turbulento arranque de año afianza la percepción de que cada uno de ellos es más precario que el anterior.
Más allá de las ilusiones estadísticas; construidas con la extrapolación exagerada de variaciones puntuales, la comparación interanual con los peores meses de su gestión o la construcción de series mensuales que exhiben “recuperaciones” en el fondo de pozo; la economía real da muestras diarias de su comprometida situación. Los grandes default del agro, los despidos masivos, las convocatorias o cierres de empresas emblemáticas, las paritarias a la baja y la renovada presión inflacionaria, que sería más evidente si se midiera correctamente el índice de precios, ponen a prueba la estrategia política oficial en el año electoral. Y abonan gradualmente una conflictividad que, aun en tiempos de discurso único y represión, se las arregla para irrumpir periódicamente con demostraciones masivas, bajo distintas consignas.
Tras esquivar la discusión del presupuesto, flexibilizar las condiciones para tomar nueva deuda y designar jueces de la Corte por decreto, el presidente anunció que enviaría al Congreso un acuerdo con el FMI. Luego lo trocó en un DNU que enviará a la Bicameral para que avale las conversaciones. Aspira a que la tolerancia al destrato y la humillación pública desarrollada por muchos legisladores, dirigentes sectoriales y gobernadores le permita sostener el carry trade político y cosechar manos alzadas.
No están claras las características del entendimiento con el organismo, que tiene como piso la refinanciación de los vencimientos del crédito tomado por Mauricio Macri y como aspiración mayor el préstamo de fondos frescos para utilizar en el mercado cambiario. Los tiempos y la magnitud de la devaluación que exige el Fondo parecerían estar en el núcleo de la discusión.
Milei prevé superar estos escollos con su ancho de espadas, que es la relación con Donald Trump. El presidente estadounidense no ahorra elogios para su representante en el sur del continente. Esto no evitó que incluyeran al acero y al aluminio argentino en la suba de aranceles y probablemente no alcance para que libere la plata de “los plomeros y carpinteros de otras latitudes” sin ninguna condición. Por ahora, hubo un parsimonioso guiño a la insistente propuesta del jefe del Estado argentino de firmar un tratado de libre comercio. Por las dudas, Washington ya está mostrando en Ucrania cuál es el nuevo modelo de asociación que pretende.