“El proveedor no es un vendedor, es un socio estratégico del proyecto minero”, resaltó Ignacio Costa, gerente general de RT Litio Argentina, durante su participación en el panel “Minera Río Tinto: un desafío con altura, la confiabilidad de la cadena de valor”, en las rondas de negocios Rigi realizadas en Rosario. Con esa definición, planteó el vínculo que la compañía busca construir con las empresas que abastecen sus operaciones: pasar de la compra de servicios al desarrollo conjunto de soluciones, con mayor calidad, capacidad y escala.
La dimensión de la demanda se refleja en una cifra que cautivó al auditorio. Entre 2025 y 2026, Río Tinto tiene comprometidos 1.800 millones de dólares para pagos a proveedores argentinos, según precisó el ejecutivo. Con presencia en Jujuy, Salta y Catamarca, la compañía busca que las empresas del Norte Grande y del resto del país generen alianzas para acompañar el crecimiento de los proyectos.
Costa señaló que Río Tinto cuenta con dos proyectos aprobados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (Rigi) y participa, con una porción minoritaria, en un tercero: Los Azules, en San Juan. En ese escenario, sostuvo que la competitividad minera depende tanto de lo que ocurre dentro de las operaciones como de la capacidad de respuesta de toda su red de abastecimiento. “La competitividad de la mina se juega en toda la cadena de valor. Necesitamos proveedores más tecnológicos, seguros y sustentables”, afirmó.
El desafío, explicó, tiene una doble altura. La de las operaciones, ubicadas a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, y la de los estándares que deben cumplir quienes participan. Para el directivo, la eficiencia, la innovación, la seguridad y la calidad confluyen en una condición central: la confiabilidad. “Existe un costo del que se habla poco, el costo de la no calidad; una parada de planta o una falla nos cuesta muchísimo más que hacerlo bien desde el inicio”, advirtió.
También remarcó que la seguridad es una condición que alcanza por igual al personal propio y a los contratistas, y que la calidad debe formar parte de la gestión desde el comienzo, con especificaciones, certificaciones e indicadores compartidos. “No buscamos proveedores que nos vendan, buscamos socios en los que podamos confiar”, sintetizó.
La necesidad de fortalecer toda la cadena también fue planteada por el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rapallini, quien reclamó una mirada sistémica sobre el desarrollo de la minería y la energía. “No basta únicamente con tener proyectos que funcionen bien”, sostuvo, y advirtió que la competitividad depende también de la logística, la calidad de los productos y la capacidad de respuesta de las empresas que los abastecen.
Rapallini señaló que las pymes necesitan información sobre las demandas de los grandes proyectos y sus estándares internacionales para poder planificar inversiones y adaptar sus procesos. Ese esfuerzo, agregó, debe acompañarse con financiamiento, capacitación y transferencia tecnológica. “Es muy importante que estén presentes todos los actores, las grandes empresas, las firmas que van a formar parte de la cadena de valor y el Estado. Todos debemos asumir el compromiso de trabajar juntos”, afirmó.
El titular de la UIA también propuso ampliar la mirada más allá de los proveedores inmediatos y explorar oportunidades de industrialización a partir de los recursos mineros y energéticos. “Lo más importante que tiene un país es su capacidad de transformación. Cuando los países pierden su capacidad de transformación, pierden su capacidad de generar riqueza”, sostuvo.
La transformación de los proveedores
El panel, moderado por Luis Heim, gerente de Abastecimiento de Río Tinto, llevó esos conceptos a experiencias concretas de empresas de Salta, Jujuy y Catamarca. La construcción de campamentos, los servicios logísticos y la capacitación de trabajadores mostraron cómo la demanda minera puede impulsar transformaciones dentro de los proveedores.
“Trabajar día a día la operación de producción de carbonato de litio en Argentina requiere un esfuerzo constante”, señaló Heim. El ejecutivo destacó las trayectorias de los participantes y expresó su “profunda admiración” por las historias de desafíos y adversidades que los llevaron a convertirse en empresarios y proveedores de confianza de la compañía.
Experiencias concretas de empresas proveedoras de Salta, Jujuy y Catamarca.
Uno de esos casos fue el de la UTE Saltapor / Modular Solutions, de Salta. Martín Míez contó que el proyecto de un campamento para Río Tinto comenzó a tomar forma en octubre de 2024 y exigió, como primer paso, comprender su magnitud: 2.000 nuevas camas y 36.000 metros cuadrados de instalaciones, con habitaciones, cocina, comedor, espacios recreativos, talleres y servicios.
La logística demandó el movimiento de 1.700 camiones hacia la Puna por rutas complejas. Para afrontar el contrato, las firmas conformaron una unión transitoria de empresas que combinó capacidades locales y experiencia previa en la construcción de campamentos. “Si no entregas la cama, no llega el hormigón y no empieza la obra civil”, graficó Míez para explicar cómo el cumplimiento de un proveedor condiciona el avance del resto del proyecto.
En rigor, detalló que las nuevas plazas se incorporaron a las existentes hasta alcanzar capacidad para alojar a 2.900 personas.
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El plazo de ejecución fue de entre 12 y 15 meses, y uno de los principales retos consistió en formar los equipos de trabajo. Míez indicó que llegaron a reunir a 2.200 personas y que, durante ese período, se convirtieron en el principal empleador privado de Salta. La expansión también transformó su estructura industrial, pasaron de una a ocho líneas de producción, duplicaron su fábrica y adquirieron otra en un plazo de 40 días.
Soluciones confiables
“El desafío fundamental es transformarte en un proveedor confiable que brinde soluciones”, sostuvo y también habló sobre la responsabilidad de contratar y cuidar a los trabajadores de las comunidades, incorporar insumos locales y contribuir a construir la licencia social de la actividad.
La experiencia de Gemar, de Jujuy, mostró otra trayectoria de crecimiento. Mario Peñaloza, integrante de la comunidad originaria de Susques, relató que comenzó entre 2010 y 2011 con un solo camión al servicio de la entonces Orocobre, hoy parte de Río Tinto. En 2014 constituyó la empresa junto con su hermano y, desde entonces, amplió su participación en la cadena minera. “Hoy contamos con 150 empleados directos, y en momentos de mayor nivel de obras hemos llegado a 500 empleados entre directos e indirectos”, precisó.
La compañía presta servicios de transporte nacional e internacional, cosecha de sal, movimiento de suelos y montaje de infraestructura minera. Cuenta con una flota de 80 equipos, entre maquinarias, camiones y camionetas, y trabaja en Jujuy, Salta y Catamarca.
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Peñaloza destacó que ese crecimiento estuvo acompañado por la formación de trabajadores de la región. “Capacitamos continuamente a la gente contratando mano de obra calificada para formar a los locales y dar mayor confiabilidad”, explicó, al tiempo que agregó que la incorporación de conocimientos se convirtió en una herramienta para ampliar los servicios y sostener las exigencias operativas.
Desde Catamarca, Manuel Gómez Bello, de la UTE Concat, puso el foco en la asociación entre empresas con distintas capacidades. Explicó que la unión de una firma nacional con experiencia en grandes obras y empresas locales permitió una transferencia directa de conocimiento y tecnología. “Para nosotros la confiabilidad significa hacer algo en el tiempo y forma programados, sin dejar de lado el impacto ambiental y social”, definió.
Gómez Bello contó que la UTE se convirtió en un nexo entre empresas nacionales y proveedores de la zona. En la obra gestionó logística y servicios para un volumen de entre 800 y 950 personas en la Puna y, según señaló, cumplió con los porcentajes exigidos de contratación de trabajadores y adquisición de insumos locales.
Una de las iniciativas fue la creación de una “escuelita” dentro del campamento. Después de la jornada laboral, los trabajadores podían asistir de manera voluntaria a las capacitaciones. De acuerdo con Gómez Bello, más del 35% de los empleados locales se formó en ese espacio y pasó de realizar tareas básicas a certificarse como oficiales calificados.
“Toda esa capacidad técnica y tecnológica quedó radicada en la gente de la región para la operación y mantenimiento a largo plazo”, destacó sobre una experiencia que mostró cómo las exigencias de un proyecto pueden traducirse en capacidades que permanecen en el territorio, más allá de la etapa de construcción.