Soledad Pastorutti celebra en Cosquín 30 años de carrera: "Nunca voy a negar mi raíz"
La artista santafesina prepara un show especial para el 31 de enero en Cosquín. "Trabajé mucho para poder seguir estando vigente", aseguró en exclusiva a La Capital
Soledad Pastorutti, más conocida como La Sole, celebra treinta años de carrera con un show especial en el escenario de Cosquín
Soledad Pastorutti es uno de esos nombres propios que no necesitan introducción. A lo largo y ancho de Argentina, todo el mundo sabe quién es La Sole. La piba de Arequito que a los 15 años revolucionó Cosquín revoleando su poncho, y que desde entonces construyó una carrera implacable. A treinta años de aquel debut consagratorio en la Plaza Próspero Molina, este sábado 31 de enero volverá al mismo escenario para celebrar su trayectoria con un show especial.
Resulta difícil imaginar cómo se podría resumir la carrera de La Sole en una sola presentación. Es que la santafesina tiene una historia de película. Grabó diecinueve discos, cantó en los escenarios más importantes del país y la región, y compartió con artistas de renombre de todo el mundo. Emocionó a Messi y a Maradona con su canción “Brindis”, tuvo su propia película, y condujo durante siete años el programa “Ecos de mi tierra”, un hito de la Televisión Pública. Actualmente, brilla como jurado en “La Voz”, sigue estrenando canciones y dando shows por todas partes, y hasta lanzó un ciclo de conciertos con invitados en su casa titulado “Casa Sole”.
El recuento parece imposible, porque la Sole no para. Según ella misma dice, aquel 26 de enero de 1996 empezó una suerte de “gira eterna”, una vorágine de la que nunca se bajó. Y al mismo tiempo, nunca perdió la cercanía con la gente, esa que la vuelve una de las artistas más queridas. Hay algo en su personalidad franca y sencilla, pero sobre todo en el hecho de ser una trabajadora incesante del oficio de artista, que hace que el público, sus colegas y hasta los medios la perciban como una persona genuina. Incluso su apodo da cuenta de esa familiaridad expansiva.
La charla exclusiva con La Capital se da en un hueco milimétrico en la vorágine: recién llega de presentarse a Punta del Este y está sin dormir. Tiene la voz cansada pero dialoga con esa amabilidad y dedicación que parecen ser sus sellos característicos. Con su inconfundible impronta, reflexiona sobre su debut en Cosquín, recuerda sus primeras presentaciones en Rosario y adelanta el show de más de dos horas y media que prepara para celebrar sus treinta años de carrera.
¿Qué te pasa hoy cuando pensás en aquella primera vez que te subiste al escenario de Cosquín, en esa Sole de quince años?
Y por un lado me parece una situación como si no la hubiese vivido. No por ajena, sino porque es casi soñada, y es lejana, pasó hace mucho tiempo. Y también cambiaron mucho las cosas. Siento que hoy todo es muy diferente. En esencia no, porque yo me sigo emocionando, me sigue gustando subirme al escenario a cantar. Pero en aquel momento no teníamos la menor idea de lo que iba a pasar después. Fue todo muy impensado, no estábamos preparados para eso. Pero cuando me miro, porque ahora justo ahora estamos haciendo muchas cosas con videos de aquellas épocas, de alguna manera agradezco primero a la familia que apoyó. A mi viejo, a mi mamá, a mi hermana, a mi abuela. Y segundo también a esa niña adolescente que fui, que también tenía un empuje bárbaro. Tenía como esas ganas de hacer lo que hacía y ese desparpajo y parecía no tener miedo. Son cosas que después con el tiempo no sé si se van perdiendo, pero una va domando. Una cosa es ser adolescente, niño, y otra cosa es otra etapa de la vida.
Esa primera vez en Cosquín la gente te amó, de una manera muy contundente. ¿Qué sentís que pasó esa noche? ¿Y de qué manera sentís que lograste conservar el cariño de la gente durante treinta años?
Sí, coincido. Primero, creo que fue una noche realmente milagrosa y mágica. Yo fui a Cosquín a cantar. Fuimos a buscar una oportunidad, pero nunca pensamos que eso se iba a convertir en un trabajo, en una profesión, en una carrera artística. Después creo que el cariño de la gente fue maravilloso, fue instantáneo, pero al principio todos pensábamos acá que era por mi edad, porque siempre un niño o un adolescente despierta ternura en la gente. Dijimos: "Bueno, en algún momento se va a terminar". Por supuesto que trabajé mucho para poder seguir estando vigente. Sobre todo cuando dejás de ser la novedad, dejas de ser la niña, dejás de ser la adolescente, si no construís con seriedad lo que viene, es muy difícil sostenerlo. Yo me preocupé mucho por mejorar en todos los aspectos, como cantante, en pensar bien qué repertorio elegir, en qué escenario y cómo presentarme. Pero tampoco creo que eso haya sido suficiente como para lograr o seguir logrando el cariño de la gente. Evidentemente hay algo que que nos identifica a mi público y a mí que va más allá del arte. Es como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos familia. Y a eso no le encuentro explicación y por momentos me halaga, por momentos también me deja pensando, pero siempre agradecida de que está la gente ahí. Incluso con muchos errores que uno ha cometido en los años, porque no es que todos fueron aciertos. Yo he tenido una carrera muy exitosa y la sigo teniendo. Ya sostenerse es un éxito, pero no todo fue wow. Entonces, soy una agradecida de mi público.
Al pensar en los treinta años, en esos aciertos y desaciertos. ¿Podés reconocer alguna decisión que, a la larga o a la corta, hayas identificado como un gran acierto, una pegada?
La verdad es que no siempre fueron pegadas mías. En los primeros años, la elección del repertorio pasaba mucho por mi papá, y por los músicos y grandes artistas que se acercaron a aconsejarnos. Pero yo creo que la pegué cuando decidí tomar las riendas de mi carrera, incluso con estos desaciertos. Porque cuando uno es uno, y es libre, se puede reprochar un montón de cosas o pensar que siempre hay una manera mejor de hacer las cosas, pero nunca hay una manera más correcta que la de seguir, como dice una de las canciones que canto, el corazón. Yo soy un personaje para mucha gente. Incluso a veces el personaje es más fuerte que la cantante, pero no creé un personaje tan distante o distinto de la persona que soy. Me parece que eso me ayuda mucho a mantenerme cerca de la gente y a no decepcionarme a mí ni al público. Tiene más que ver con eso que con el arte en sí. Después, discos como el que grabé en Miami con Emilio Stefan, que fue muy criticado pero hoy puedo decir que fui una adelantada. En ese momento, no había casi posibilidad para un artista de folklore de ir a Miami a grabar un disco. Hoy es como una cosa normal, pero eso antes era muy raro, incluso mucha gente lo tomó mal. Además, el haberme acercado a Horacio Guarany, a Mercedes Sosa, el haber respetado estas figuras y escucharlas, a Luis Landriscina, Teresa Parodi. Puedo enumerar un montón. Creo que el programa que tuve muchos años en Canal 7 me ayudó mucho a aprender que una carrera artística se trabaja mucho escuchando las historias de los otros y ahí entendí que no son golpes de suerte. Que hay que bancar los malos momentos y hay que disfrutar los buenos también.
La Sole y Rosario
¿Te acordás de la primera vez que cantaste en Rosario?
Yo en Rosario canté cuando todavía no era muy conocida, en un salón que se llamaba 901, en el año 92. Radio Nacional hacía ahí un especial que era más de tango que folklore, pero el folklore tenía un espacio. Víctor Valentín tenía un programa que la gente lo seguía mucho y hacía como unos especiales de noche. Ahí canté muchas veces, conocí a Cacho Castaña, a Las Guitarras de Magaldi, a Gina María Hidalgo. Las primeras veces yo tenía 12 años. Después, oficialmente, lo hice en el Teatro Fundación Astengo, creo que me contrató A.J. Lorente. Yo recuerdo que venía de gira de Tucumán, sin dormir, fue en el año 97. Era la primera vez que yo hacía un teatro en Rosario y, esto te lo cuento con mucha vergüenza, me tuvieron que ir a despertar al hotel. Estaba molida. Me despertaron, me puse el traje de gaucho y fui a cantar con toda la garganta dormida. Recuerdo mucho ese momento. Después trabajé mucho con los Grimolizzi y con mucha gente. Después hicimos el Teatro El Círculo, que es uno de mis teatros preferidos por la sonoridad y las cosas que viví. Pero la primera vez oficial diría que fue esa del Astengo.
Es notable que te acuerdes de esa primera presentación, eras muy chica.
Sí, cómo no me iba a acordar, si era como la mascotita del elenco. Aparte eran muchos tangueros, era un ambiente muy distinto y había que ganarse el lugar. Fueron oportunidades hermosas, hermosas. Después, el Tuna Esper también alguna vez intentó un festival de folklore cerca del Monumento y recuerdo que no había sido muy exitoso. El folklore no estaba pasando por un buen momento y él me acuerdo que le hablaba desde el escenario con el micrófono a los departamentos y les decía: "Vengan”. Yo tuve muchos músicos rosarinos como Eduardo Spinassi, por ejemplo. Mi primer cassette lo grabé en Rosario. Rosario ha sido siempre una usina cultural muy fuerte, y si bien el folklore siempre estuvo presente, no era lo más popular. Quizás la Trova o el rock tenían un lugar de mayor luz.
Y después viniste muchísimas veces a cantar a las juras de la Bandera.
Sí, eso es una cosa que lo hice siempre por gusto. Me pasó que sin querer una canción que yo compuse en el 2001, que se llama “La viajera”, empezó a sonar en las escuelas. Uno sueña con que le vaya bien a las canciones que hace, pero nunca me imaginé que en las escuelas se cante una canción mía. Además, hice letra y música de esa canción y no tengo muchas canciones propias con letra y música.
Algo muy interesante de tu carrera, y de lo que no se habla tanto, es que la comunidad LGBTiQ+ encontró en tu música y tus recitales un lugar de libertad. Esto es muy potente si se piensa en el marco del folklore, un género vinculado, quizás de manera errónea o limitada, a un público más tradicional y conservador. ¿Cuándo te diste cuenta que pasaba esto?
Yo me empecé a dar cuenta por las cartas, porque en aquel momento no existían las redes sociales pero la gente me mandaba cartas. Y mucha gente me confesaba su amor hacia mí, pero también su situación y cómo la pasaba, y que venía el recital y se sentía libre. No era un público como ahora ocurre donde todo el mundo lo muestra y lo grita viva voz. Era más tranca, pero estaba. Después, un amigo que también es de la comunidad y que tiene mucho contacto con mi público me dijo: “¿Vos te das cuenta de esto?". Y me empezó a contar de este, este, este, y aquel. Yo no lo podía creer. La verdad que para mí es una alegría porque siento que la música es un lugar de total libertad siempre, y el folklore tiene además la obligación de serlo. Porque siempre ha sido la música que representó a toda la gente. Es una música de sentido común. Siento que es como una condición que no puede faltarle al folklore, y que durante un tiempo la perdió y por eso también perdió terreno.
Sí, el folklore siempre estuvo vivo. Yo se lo dije el otro día a Mirtha Legrand, que me preguntó si el folklore está resurgiendo. Yo creo que sí está volviendo a generar interés en los grandes medios de comunicación y en los lugares donde todos queremos estar, porque es donde parece que todo brilla más. Pero a la vez siempre estuvo. Pienso en “La Peña de Morfi”, que fue una idea de Rozín. Antes que eso, estuvo mi programa en Canal 7 que era el de los que más rating tenían, y no porque estaba yo, sino por el folklore en sí. “Argentinísima” también. Puedo nombrar un montón de ejemplos. Siento que lo nuestro en Argentina siempre tuvo un lugar muy interesante, de mucho valor, a veces con más publicidad o con más marketing y a veces menos, pero siempre estuvo y está.
¿De qué manera sentís que el hecho de ser santafesina aparece en tu música?
Bueno, en los primeros años mucho porque el repertorio que yo abordaba tenía mucho que ver con esta zona. Eso era lo que ocurría en ese tiempo con todos. El santiagueño cantaba canciones de Santiago, el salteño de Salta, el correntino de Corrientes. Después, en los 90, hubo una revolución del folklore que no me pertenece solo a mí, le pertenece a Los Nocheros, a Peteco Carabajal, a Cuti y Roberto, Los Tekis. Después aparecieron Óscar, el Chaqueño, y Luciano Pereyra, y Abel (Pintos) un poco más acá. Todo eso cambió mucho. Ahí ya los límites se pusieron difusos y yo empecé a cantar chacareras. La gente decía: "¿Qué hace esta gringa cantando chacareras?". Pero bueno, ahí empezó el revoleo de poncho, que empezó en Gálvez, y se armó toda una revolución. Yo creo que Santa Fe tiene como característica esto de ser una mezcla de muchas cosas. Yo le llamó cocoliche, pero es una palabra medio fea. A mí eso me enorgullece, lejos de verlo como algo malo. Es lo que soy, no lo puedo cambiar y no por eso dejo de valorar la música que nos representa. Para mí es un orgullo decir que soy de esta provincia donde nacieron tantos artistas grandes, de todos los géneros, desde Fito Páez a Horacio Guarany. Yo creo que es una provincia muy prolífera y que también los que nacemos acá tenemos un gran desafío por no tener una identidad tan marcada, y es tener que buscar, dentro de este mar inconmensurable, cuál es nuestro lugar y cuál es nuestra identidad. Yo la encontré en el poncho, en una manera de decir, de cantar, y me alegra. Yo nunca voy a negar mi raíz. Después canto de todo porque me gusta cantar de todo. Me encanta el desafío de ir a Corrientes y cantar un chamamé, pero también les canto “Coplas de la orilla” que es nuestro.
Parecía que no había escenario que te faltara pisar y vas a ser parte del próximo festival Lollapalooza. ¿Qué te pasa con estar en ese lugar a priori inesperado? ¿Cuál es el desafío?
Mejor que haya cosas nuevas. Porque después de tantos años parece que una ya hizo todo. A mí me gusta el desafío, yo me aburro fácilmente. Necesito públicos nuevos, necesito medirme en terrenos donde no juego de local. Pero me gusta eso, y me agrando. Soy una petiza agrandada, de alguna manera (risas). Creo que es un lindo desafío y con humildad digo que está bueno que el folklore tenga un espacio ahí. Me halaga ser la primera y espero poder generar algo, y abrir una puerta para muchos otros colegas que también merecen estar ahí.
¿Cómo se arma un show para celebrar 30 años de carrera?
Siempre es injusto, porque son muchas canciones. Nos van a quedar momentos afuera. El show consta de tres etapas que no están ordenadas cronológicamente, sino que tienen que ver con la sonoridad de distintos momentos de estos 30 años. Y la idea es que en Cosquín también, en ese escenario hermoso que tienen, nos permitan hacer una apuesta más propia, que nos permitan adueñarnos del escenario por ese ratito. Va a ser un show largo, va a durar más de 2 horas y media, va a haber muchos invitados y muchas emociones también. Pero estoy segura que va a ser injusto porque son 19 discos. Vamos a ver si lo que elegimos está acorde con lo que espera la gente. Va a haber una previa con los fans y también estamos generando un streaming para que la gente nos pueda seguir desde todos lados. Probablemente muchos rosarinos y santafesinos formen parte de ese momento.
Después de 30 años, ¿qué te sorprende todavía?
Creo que la gente. Y la vigencia. Yo, no te voy a mentir, trabajo mucho. No tengo días libres, soy una apasionada. Tengo la voz totalmente cansada porque estoy sin dormir, llegamos recién de Punta del Este. Y me sorprendí por el público, me sorprende ese cariño que no sé si tiene que ver con lo artístico. A mí me encantaría que tuviera que ver con lo artístico, porque siempre quiero ser mejor, pero creo que va más allá y lo valoro mucho. Me sorprende seguir teniendo oportunidades. Me sorprende que tengo 45 años y ya hace 30 que me dedico a esto. Fueron 30 años ininterrumpidos, de mucho movimiento, muy huracanados. Y estoy acá. Soy muy crítica conmigo, pero lo que me da el público me fortalece y me permite seguir soñando y pensar que se pueda hacer todavía una revolución más, a pesar de la trayectoria y del tiempo.
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