Lisandro Cavatorta tira en un tacho gigante lo que no sirve y apuesta por algo descontracturado, que invite a la reflexión y que no sea desechable. El juego de palabras detrás de "Bótelos" es un guiño a la esencia del programa que conduce hace una década y media. "Mi objetivo no es tanto que la gente se ría, sino que piense un poco", dijo Cavatorta a Escenario. Con una aceitada combinación de humor, ironía e información política y de actualidad, "Bótelos" arranca hoy, a las 21, su temporada 16 en Canal 5. Dice que con Lifschitz y Binner hizo "un master de cómo sacarle jugo a las piedras", afirma que "siempre hay una manera distinta y creativa de contar lo que nos pasa" y critica a la tele porque "está llena de opinólogos, pero periodismo es otra cosa".
—A 15 años de la primera vez de "Bótelos", ¿sentís que el programa se convirtió en un clásico de la pantalla local?
—Me parece que "clásico" aún nos queda grande, clásico es "De 12 a 14". "Bótelos" es un programa de tele que después de muchos años y trabajo logró imponer un estilo propio, personal, una manera de hacer periodismo con creatividad, ironía y humor. Si mirás todo lo que hacemos, siempre hay «una idea» atrás. A veces nos salen como queremos y otras veces no, pero siempre hay una manera distinta y creativa de contar lo que nos pasa. La tecnología, por suerte, nos iguala un poco a todos los comunicadores, la diferencia está en la creatividad. El tema ya no es acceder a la información, es qué hacemos con ella.
—La política da para reírse y a veces para llorar. ¿No te parece que la promo del programa aludiendo al caso de Lázaro Báez tiene poco que ver con una situación humorística?
—Utilizamos mucho el humor en nuestras secciones, informes y entrevistas. Pero es un recurso, no un fin. Mi objetivo no es tanto que la gente se ría, sino que piense, lo que quiera, pero que piense un poco. Y el humor es un excelente recurso para contar lo que pasa, pero es sólo eso, un recurso más. Es más, últimamente el recurso que más me gusta usar es la tecnología en función del periodismo. Hace cuatro años comenzamos utilizar cámaras GoPro (mini cámaras HD) para hacer entrevistas en un auto con la sección "Subí que te llevo" y el año pasado fuimos los primeros en el país en utilizar drones para mostrar lugares inaccesibles desde tierra con la sección "Yo me pregunto". Y ahí es lo mismo, la tecnología en función de notas periodísticas como un recurso creativo y no como un fin en sí mismo. La misma nota utilizando un drone, el humor, la ironía, una edición moderna, puede ser la diferencia entre algo atractivo o un plomazo. La tele se trata de eso.
—¿Tu posición política siempre se pone al costado del programa o a veces es inevitable que se te dispare alguna cuestión ideológica por algún partido en especial?
—Todas mis posiciones son ideológicas, nunca las pongo a un costado. Lo que no son es partidarias. Desde mi punto de vista un periodista es crítico por definición, siempre. Para buenas noticias ya está la pauta oficial con sus spots hermosos y emocionantes. El periodista está para mostrar lo que no se ve o no quieren que se vea, para cuestionar, para interpelar al poder. Eso sí, el poder no sólo está en los políticos, está también en los empresarios, en los sindicatos, en la Iglesia y por supuesto también en los medios. Me gusta la idea de un periodista del lado del que menos poder tiene en un conflicto de intereses. Siempre, o casi siempre, es la gente de a pie, la que va a trabajar todos los días sea el gobierno que sea, los que no tienen laburo, los que menos tienen, los que pagan los platos rotos de los otros.
—¿La política rosarina se toma las cosas con humor o a veces hubo funcionarios que te generaron más de un dolor de cabeza?
—En los comienzos nos costaba más. No estaban acostumbrados y confundían el humor y la ironía con que la iban a pasar mal en el programa. Cuando nos empezaron a conocer mejor se dieron cuenta que siempre es con respeto y que debajo, o al lado, estamos haciendo periodismo y hablando de lo que nos pasa. Una vez que entienden el código, el respeto es mutuo y la cosa funciona.
—¿Qué intendente o gobernador en estos 15 años fue el más divertido y quién el que tuvo menos onda en vivo?
—Como divertido, sinceramente, ninguno. Pero tampoco tienen que serlo. Un político no debe ser divertido o por lo menos no debe impostarlo. Se nota y nos damos cuenta todos cuando quiere ser más ocurrente que el conductor. Si no le sale, que no lo haga y todo va a estar bien igual. Yo diría que Bonfatti fue el más cercano y predispuesto. Con Lifschitz nos pasó que mientras él crecía como político, nosotros crecíamos como periodistas y fue el primero que nos prestó atención y nos tomó en serio en el año 2003. Yo eso lo valoro mucho. Pero sí, nos costó mucho bastante. Aunque te parezca raro fue mucho más fácil entrevistar a Macri o a Massa el año pasado a solas, que a cualquier funcionario local. El otro día hablaba con un periodista muy grosso de Buenos Aires y me decía cómo le costaba sacarle una declaración fuerte o descontracturada a Binner y a Lifschitz. Ok, "Bótelos" lo tuvo a Binner 4 años como intendente y 4 como gobernador y 8 a Lifschitz. Hicimos un master en cómo sacarle el jugo a las piedras. Ojo, quizá por eso les fue bien. Yo haría lo mismo.
—¿Quién es el político que está siempre al pie del cañón cada vez que lo invitás y a quién te encantaría que vaya a tu programa y siempre se niega?
—Casi todos vienen y, esto hay que decirlo, la mayoría jamás nos condicionó una entrevista. No la haríamos en ese caso. Una vez me prohibían preguntar sobre la mayoría de las cosas que quería y por supuesto les dije que todo bien, que no había problema, y después pregunté lo que quise. No sé si está bien, pero lo volvería a hacer. Es más, Fein hace años que no nos da una entrevista. Con la intendenta fue debut y despedida. Seguimos intentando porque es una mujer valiente. De todas formas, tuvimos más problemas con colegas y empresarios que con políticos. Aunque parezca lo contrario, los periodistas somos más sensibles y susceptibles a la crítica que los políticos. Los empresarios tampoco le gustan que les toquen sus intereses. Acá en Rosario vos podés decir libremente lo que pensás, pero eso sí, te vas a ir quedando poco a poco sin sponsors, desde la empresa grande hasta la pauta oficial.
—A lo largo de esta década y media al aire qué es lo que más disfrutás y qué es lo que te disgusta en el programa?
—Este año, entramos en la temporada 16 de "Bótelos", ya que fueron 2 en cable y 14 en canal 5 ininterrumpidos. Es y sigue siendo el primer programa que produzco y conduzco. O sea que es parte central en mi vida. A veces la gente no se da cuenta, y no tiene por qué hacerlo, que por cada 5, 6 minutos que dura una nota, se grabaron 3 ó 4 horas y a veces en distintos días, más otras tantas de edición. Ahora hay mucho programa hablando de política y de actualidad. Y muchos comunicadores opinando y opinando. Desde la economía y casos jurídicos hasta las drogas en una rave. Esta bárbaro y me parece genial que cada uno opine lo que quiera, pero una cosa es hacer periodismo y otra es hacer "panelismo". Se parecen, pero no tienen nada que ver. Yo no podría meterme ni con la mitad de los temas que se meten en cualquier programa porque simplemente no sé. Palabras difíciles de escuchar en un comunicador. La tele está llena de "panelismo", de opinólogos que opinan de todo muy cómodos detrás de una muy linda escenografía, pero periodismo es otra cosa. De vez en cuando, hay que embarrarse los zapatos. Y nosotros, mientras podamos, lo vamos a seguir haciendo.