Un matrimonio de muchos años, preservado por un manejo minucioso del saber cuándo callar y cuándo hablar, decide decirse todo. Absolutamente todo. Esa es la premisa, simple y prometedora, de “Mejor no decirlo”, la comedia teatral dirigida por Claudio Tolcachir y protagonizada por Mercedes Morán e Imanol Arias, en su primer trabajo juntos.
Después de una temporada arrasadora en Buenos Aires (que culminó este fin de semana con un acumulado de 70000 espectadores ), y antes de embarcarse en una gira por varios países, llegarán a Rosario con cuatro funciones en el Teatro Astengo: el sábado 3, a las 19 y a las 21, y el domingo 4, a las 18 y las 20. Las entradas se pueden adquirir de forma online a través de la plataforma TuEntrada. Suscriptores de Tarjeta BLC tienen 30% de descuento y acceso a sorteos exclusivos.
“Mejor no decirlo” es una adaptación de la obra francesa escrita por Salomé Lelouch. Como en otros éxitos de origen en ese país (“ART” de Yasmina Reza es el ejemplo paradigmático), el juego dialéctico entre los personajes es la piedra fundamental de la propuesta. En este caso, esa dinámica habilita un notable despliegue de oficio de dos actores destacados y con una química excepcional.
Nacida con vocación internacional, la obra recorrerá Chile, Uruguay y Paraguay, y se instalará en España para la temporada 2025. En diálogo con La Capital, Imanol Arias habló de la construcción de un entrañable vínculo profesional con Mercedes Morán, del rol fundamental de la palabra en la comedia, y de este nuevo capítulo en su larga historia de amor con el público argentino.
¿Cómo están viviendo este momento de cierre de temporada en Buenos Aires y de comienzo de gira, con la obra con un cierto recorrido y una respuesta del público?
La pieza es como una maleta que se cierra y que se abre. Al ser producida por dos países, tiene una aptitud de ir y venir, y de cerrarse y abrirse acorde a las temporadas. Hay mucha satisfacción, pero también sigue estando vigente una especie de necesidad que tuvimos desde el principio de darle a esta obra cierto cuidado para mantenerla. Cuando tienes poco éxito el enfrentamiento con el público es durísimo porque porque te encuentras con una realidad que no controlas. Cuando tienes mucho éxito, se puede pecar de lo contrario y que te engolosines y vayas deformando la obra un poco como si fuera un menú degustación. Estemos muy felices y muy contentos con esta experiencia de “Mejor no decirlo”.
¿Qué te parece que hay en el texto, y en la propuesta de Claudio Tolcachir, que hizo que esta obra fuera efectivamente un éxito?
El texto es francés. Los franceses, con sus peculiaridades, muy amantes de su literatura, de su cine y de su teatro, han encontrado en el último teatro contemporáneo, una forma de dialogar con el público muy especial, en la que la palabra, fundamentalmente, y el diálogo es lo que da importancia a la obra, más que determinadas puestas en escenas grandiosas. En ese sentido, “Mejor no decirlo” es una pieza de alta comedia. No se apela ni al ridículo, ni a las caídas, ni a los golpes, ni a los insultos, ni a situaciones embarazosas que no tengan que ver con la palabra. Es una obra que de alguna manera se populariza en el teatro a través de la sonrisa y de la risa. Un juego de palabras en el que se habla de los temas públicos en lo privado. Curiosamente la inteligencia del humor está en la búsqueda de la forma de hablar de algunas cosas, y no tanto en el desacuerdo que muchas veces tienen. Siempre antes de decir algo tienes que pensar en las consecuencias que puede tener en los demás. Hemos perdido un poco de la costumbre de hablar con sentido. Hablamos con imágenes, con emoticonos, con mensajes cortos, con frases hechas, con músicas compartidas, pero la palabra como instrumento desnudo cobra una dimensión muy especial. Por eso el proyecto es algo muy interesante.
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Imanol Arias y Mercedes Morán interpretan a un matrimonio de muchos años en la obra "Mejor no decirlo"
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Desde el inicio, Claudio Tolcachir planteó que la obra sólo es posible bajo el condicionante de que estos dos seres humanos amen vivir así. La discusión tiene que estar perfumada de un amor profundo de ellos a esa situación que los envuelve, que es que no se callan nada pero hacen de eso una historia de amor. Eso exigía empatarnos y ver qué pasaba. Yo a Mercedes la conozco profesionalmente hace mucho tiempo. Tengo además la dificultad, para ser amigo de ella, de que la admiro muchísimo. Y todo fue inmediato. Yo tengo una forma de afrontar las cosas que a Mercedes le encanta, soy suave. Ella es una mujer con inteligencia teatral que yo no tengo por falta de experiencia, por falta de años y de obras. Ella es como un espejo para mí que me muestra delante del público de su país. Así ha sido, es, y esperamos que siga siendo: una experiencia en la que fundamentalmente nos tenemos mucho cariño y nos comprometemos a jugar todos los días. Con mucha justicia para la obra, pero jugándola, divirtiéndonos muchísimo, sintiéndonos intérpretes de algo que se hace vivo. Hemos decidido basar nuestra relación profesional en eso, en ser sinceros, no dejarnos nunca caer, pensarnos siempre como una dupla.
¿Qué aprendiste de este personaje y de esta obra?
Tuve una interdicción muy larga con el trabajo en teatro por la serie “Cuéntame”. Pero justo ahora venía de una temporada teatral larga de cuatro años y medio, en la que había hecho dos obras en España: “El coronel no tiene quién le escriba”, dirigida por Carlos Saura, y “Muerte de un viajante”, dirigida por mi buen amigo y maestro, Rubén Schumacher. “Mejor no decirlo” me llega en un momento en el que el tiempo teatral está mucho más inmerso en mí. Tengo más herramientas para elaborar el juego de la palabra y el juego de la escucha. Yo creo que el teatro es algo tan simple que se convierte en inasible. Tiene mucho que ver con la escucha. Este ha sido el gran descubrimiento y la gran experiencia que estoy teniendo. En hacer una pieza en la que la escucha no se basa en interpretar, sino en establecer una especie de diálogo casi musical lleno de conceptos. Al final, se producen contadas unas treinta carcajadas en una hora. No son carcajadas de chiste, son risas, llenarse los pulmones y reírse.
Desde la película “Camila”, que este año cumplió cuarenta años, forjaste un vínculo muy fuerte con el público argentino. ¿Cómo estás viviendo este nuevo capítulo en esa historia?
Yo tuve la suerte de que me tocó interpretar muy muy joven una de las películas románticas históricas que ha quedado en la memoria de la gente. Yo a “Camila” la veo como una gran película, no sólo por el mérito que tuvo siempre, sino por cómo ha permanecido en la memoria emotiva y sentimental. Esa suerte se ha ido produciendo unas veces más. Lo que me gusta es estar aquí, estar en el medio del mundillo teatral que es muy rico. Está lleno de escuelas, teatros, actores. Buenos Aires es la ciudad líder en espectáculos en castellano en el mundo. Entonces cuando aparece otra vez una oportunidad como “Mejor no decirlo”, pretendo guardarla, mantenerla, cuidarla. Y sobre todo disfrutarlo mucho, y ser honesto con eso. Y si se me permite, estoy muy contento y muy feliz de ir a Rosario y pasar ahí unos días, en esa ciudad que tiene algo que ver conmigo, con mi padre, que estuvo navegando ese ambiente vasco que hay allí y que me gusta mucho.