“Yo grabo unas 100 canciones en un tramo de un mes o dos. Ahora mismo tengo unos cinco discos cajoneados que ya están terminados. Tengo hasta los títulos. Yo trabajo a lo maniático y después me dedico varios meses a no hacer nada, a mirar películas de Agnes Varda”. El que habla es Ramiro Hernández, más conocido como Barfeye. Este rosarino de 24 años, verborrágico y ex estudiante de Psicología, acaba de editar su octavo álbum, “Lapsus”, un escalón más de una discografía que sorprende por lo prolífica y lo sensible. Sus primeros cuatro trabajos estaban cantados en inglés, pero en 2020, en plena pandemia, se despachó con dos discos en castellano que llamaron la atención y terminaron de definir su estilo. “Cómo capitalizar la tristeza” y “Amar y diferir” estaban llenos de canciones de amor y desamor, de pequeñas postales cotidianas y algún que otro relato ácido. Como un Calamaro más enamorado y quebrado, muy suelto de palabra y observador afilado, Barfeye retoma con una voz nueva la tradición del cancionista rockero que te podés cruzar por peatonal Córdoba mientras tararea una melodía que tal vez irá a parar a su próximo álbum.
En charla con La Capital, el cantante, guitarrista y compositor (que también es miembro de las bandas de Coki Debernardi y Manu Piró) habló del proceso que terminó en “Lapsus”, de “poner el cuerpo” para poder vivir de la música y de su relación con Rosario: “Acá somos dos millones de habitantes pero en el ambiente cultural somos 50”, aseguró.
_En tus discos anteriores tocaste todos los instrumentos. ¿Por qué decidiste grabar “Lapsus” con una banda?
_Siempre que hago un álbum intento que sea el primer disco que hago en algún sentido, que tenga algo nuevo con respecto a los anteriores. Y tenía pendiente hacer un disco con banda. Acá todas las baterías las tocó Matías Rivas y todos los bajos los tocó Eloy Quintana. Yo compuse los temas, pero al disco lo hicimos juntos, acá Barfeye somos los tres.
_En el estilo también hay diferencias con tus trabajos anteriores. En “Hoy sentí tu perfume”, por ejemplo, suena de golpe una rumba. Y “Actron para dos” es una suerte de ranchera. ¿Por qué aparecen esos ritmos ahora?
_El solo de “Hoy sentí tu perfume”, eso que es como una rumbita que después termina en un flamenco, es muy similar a las cosas que yo aprendí cuando empecé a tocar música, las cosas que me enseñaba mi mamá. Mi vieja me enseñó a tocar la guitarra, ella tocaba chacareras y zambas. Los primeros cinco años de estudio musical en mi vida fueron con zambas y tango. Y me encanta escuchar música norteña o de las décadas del 20, el 30 ó el 40. Después en mi carrera siempre fui buscando distintas estéticas que cierren más o menos con las emociones que voy sintiendo. “Lapsus” fue un disco muy divertido de hacer, y es muy espontáneo. No corregimos nada. Usamos unos teclados viejísimos, el Fun Machine, un teclado que pesa como 30 kilos. Lo trasladamos caminando diez cuadras y lo subimos tres pisos. Las únicas teclas que se escuchan en el disco son esas, no hay sintetizador y casi no hay computadoras. No lo digo como algo bueno (risas), pero mi intención era hacerlo de esa manera.
_En algunos temas se nota una influencia de Los Rodríguez o de Calamaro solista. ¿Es así? ¿Son influencias para vos?
_Sí, totalmente. Hay artistas que se enojan cuando los demás descubren sus influencias, para mí es un halago. Andrés Calamaro hizo por la Argentina más que varios presidentes, pero la Argentina es un país que se da cuenta de las cosas 20 ó 30 años tarde, culturalmente hablando. Pasó con Virus, con Babasónicos y con Miranda. Todo esto hoy lo consume gente que lee libros, pero cuando salieron originalmente la gente se les cagaba de risa. Andrés es una influencia absoluta y explícita para mí.
_En la canción “Comisaría” cantás: “En este manicomio a cielo abierto que es Rosario”. Y en discos anteriores también aparecen nombres propios de la ciudad como el bulevard Oroño o el Sablé París. ¿Cuál es tu relación con Rosario?
_Rosario es una metrópolis con dos millones de habitantes, pero la realidad que yo vivo es que acá somos 50 gatos locos. En el ambiente cultural somos 50. Yo vivo pasando Uriburu. No sé cuánta gente pasando Uriburu está tocando y grabando discos. Seguro hay, pero no nos enteramos. Yo vivo acá y me encanta Rosario. Ahora estamos sentados en un lugar donde venía a escribir Fontanarrosa (por el bar El Cairo), y eso no es sopa. En esta ciudad hay un valor hermoso por lo que hubo, a mí me interesa que también se valore lo que hay en la actualidad. Yo no pienso dar batalla en esa guerra de la cultura, de la Muni, no me interesa renegar de todo eso. Yo hago discos, nadie debería tomarme de referencia por lo que digo, por mis posturas políticas. No me interesa darle folletitos a nadie, y lo he dicho en mi música.
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Además de haber editado ocho discos, más singles y EPs, Ramiro Hernández toca en las bandas de Coki Debernardi y Manu Piró.
_En una entrevista vos afirmaste: “Trabajo de representante de mí mismo”. ¿En qué consiste ese laburo?
_Yo siempre fui muy fan de Frank Zappa, y mucho más allá de la música. El tipo trató de avivar a una juventud que no se avivó, y por eso te tengo que hablar de Frank Zappa, y no de ningún sucesor de él. El tipo iba de traje y corbata a hablar con los concejales, con los senadores, y cuando le dijeron que le dé un mensaje a la juventud dijo: “Estudien política y postulensé”. El tipo tenía una visión. Como dice Babasónicos: “El camino a la fama no significa nada si no hay una misión”. Desde muy pendejo yo mamé esa cultura de entender lo que estás haciendo y estudiarlo desde afuera. Un artista que se pone contento cuando escucha el master final de su disco es un pelotudo, porque ahí en realidad es cuando empieza el trabajo, no donde termina. Hacer un disco es lo más fácil del mundo, lo más difícil es venderlo. Acá aprendimos a tocar los temas de Spinetta y nunca aprendimos a ir a Sadaic. Desde muy pibito yo traté de escarbar en ese mundo y formarme todo lo posible. Sé que soy insoportable para la gente que trabaja en Sadaic. Iba todas las mañanas con las fotocopias. Nunca desistí de hacer todos esos trámites. Igual la verdad la tiene la gente en la calle. A mí no me interesan los analytics de Spotify y ver si la población que me escucha está en Buenos Aires o en Rosario. Por el lanzamiento de este disco no les mandé ninguna gacetilla a los medios. Para mí lo genuino siempre le va a ganar a lo otro, a lo calculado, por más que parezca que lo otro está ganando porque muestra un número más grande. Cuando las cosas son compradas a mí no me interesan.
_¿Se puede alcanzar independencia económica a los 24 años viviendo de la música?
_Sí, pero yo toco mucho en vivo. Toco como solista, con Manu Piró y con Coki. El año pasado también toqué ocasionalmente en otras bandas. Tengo proyectos en todos lados. Y también participo de una banda de La Plata. Lo que pasa es que no me interesa hacer otra cosa más allá de la música, entonces tengo bastante tiempo. Se puede vivir de la música como se puede vivir de ser albañil. Es un trabajo, quizás mucho más privilegiado que ser albañil. Pero tenés que poner el cuerpo, tenés que moverte, no basta con las ideas o las buenas canciones.
_¿Por qué hay tantas canciones de amor y desamor en tus discos? ¿Son historias inventadas o sos muy enamoradizo?
_(Risas) Hay algunas naranjas de las que sale un montón de jugo (risas). Yo tuve relaciones que han sido muy traumáticas, pero para bien. Por suerte nunca tuve una relación fea. No me arrepiento de nada, no me arrepiento de haber dicho ningún “te amo”. El enamoramiento es una forma de ver la vida, no necesariamente es una cuestión erótica o romántica. De por sí yo vivo de una manera muy dramática y trágica la vida, soy muy sensible, el mundo me duele más que a otra gente que conozco pero también lo disfruto con intensidad. Las emociones me interpelan profundamente y trato de llevar ese dramatismo al papel. La música es un refugio donde busco escaparme un poco de la realidad, un refugio que no es narcótico ni peligroso, al contrario, se volvió mi trabajo. Es un lugar donde me siento cien por ciento libre de expresar mis emociones y a veces exagerarlas.
Barfeye - Lapsus (FULL ALBUM)