Turismo

El Calafate: una experiencia para navegar entre glaciares por el lago Argentino

Tres días y dos noches surcando las frías aguas del lago Argentino en un lujoso crucero entre impactantes témpanos y majestuosos hielos milenarios es una experiencia maravillosa.

Domingo 14 de Junio de 2015

La excursión al glaciar Seno Mayo quedó atrás y el catamarán se desplaza, mansamente, por las aguas diáfanas del lago Argentino. La belleza y la calma son una constante en esta parte de la estepa patagónica en el mediodía soleado y brillante. Hasta que en el horizonte asoma radiante una imagen que eclipsa a todos. El avistamiento es a unos kilómetros de distancia, pero no por eso el majestuoso glaciar Perito Moreno (declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco) luce menos esplendoroso. Esa gran muralla blanca que deja a todos con la boca abierta, y que es el fin supremo de cualquier viaje a El Calafate. Las voces de sorpresas van trocando por gestos de admiración. El silencio reverencial se apodera de la escena. Y también de los sentidos, que parecen congelar la atmósfera y paralizar el tiempo. Todos quedan rendidos, inmóviles y extasiados ante la magnificencia de la imagen que entrega esa gigantesca y uniforme masa de hielo de 4,5 kilómetros de frente (entre las caras sur y norte) y de entre 60 y 70 metros de altura (equivale a un edificio entre 20 y 23 pisos), que irradia luz y energía.
 
El Perito Moreno está resplandeciente, con las puntas en forma de agujas transparentes por los rayos del sol. Entre sus hendijas deja ver sus entrañas azules, que no es más que un efecto óptico, puesto que el hielo no tiene color. Los minutos pasan, pero la atracción que ejerce es tan grande que no se puede dejar de mirarlo. Es como si tuviera un imán invisible.
 
Atónitos y en silencio todos se quedan admirando esa inmensa barrera de nieve maciza. Un silencio que, de vez en cuando, se interrumpe y estremece por los gritos de asombro cuando el hielo se rompe por la presión y se produce algún desprendimiento que parece caer en cámara lenta hasta hundirse en las frías aguas del lago para luego emerger, como un submarino blanco, convertido en témpanos que luego quedan flotando en el lago y completan la escena.
 
Es un momento mágico que atrapa y que genera una atracción más poderosa aún, tratando de imaginar cuándo y dónde será el próximo rompimiento y buscando atrapar ese instante.
 
Es el final de un viaje tan maravilloso como seductor. Un final que se entrega en el mediodía de un domingo soleado de abril, con un almuerzo que se brinda en condiciones inmejorables. En medio de la inmensidad del lago Argentino –el más grande del país y el tercero de Sudamérica en extensión-, y rodeado del sublime y esplendoroso Glaciar Perito Moreno. Transcurre serenamente, como una postal imperdible e imperturbable, y que hace de inmejorable telón de fondo de un escenario imaginario que presenta la mejor obra.
 
Desde la proa del barco y ante los ojos incrédulos de los visitantes, en un juego casi extraño de distancia y percepción de los sentidos, el glaciar parece estar al alcance de la mano, pese a estar a más de 200 metros, merced al empeño que le pone Coco (Carlos Turri), el capitán,  por acercar la embarcación todo lo que se pueda y entregar la mejor perspectiva de lo que los calafateños, orgullosos, afirman a esta altura que es la octava maravilla del mundo.
 
El almuerzo se consume pausadamente y en cuatro pasos; cada momento parece ser único en el exclusivo Crucero Marpatag; entre las delicias preparadas por Rodrigo –y sus ayudantes Ariel y Santiago-, el chef mendocino que deleitó en el trayecto y que ante cada plato brinda un detalle de los ingredientes y la preparación de cada uno.
 
Cada aspecto, desde el primero  al último, está pensado para que ese momento sea brillante, único, como un final de obra a todo orquesta, que en definitiva se parece mucho a este viaje que terminó con un brindis entre los 25 pasajeros y los más de 10 tripulantes en la cubierta del barco de cara al Perito Moreno. 
 
Pero como nada es eterno –imposible saber si los glaciares lo son-, el “Santa Cruz”, el nombre del barco, empieza a buscar su destino final:  el puerto privado La Soledad. Es el final de una experiencia memorable. Comienza a quedar atrás ese majestuoso paisaje que se va achicando en el horizonte, pero que empieza a formar parte de la memoria selectiva de un viaje muy seductor.
 
Para seguir con esta cronología ilógica hay que retroceder hasta la mañana del domingo. El amanecer grisáceo y lluvioso puso en riesgo la visita al glaciar Seno Mayo, uno de los “escondidos” en este Parque. Pero las ganas por conocer lo exótico y casi inexplorado pudieron más. Y Milton, el guía que hizo amena la travesía, se inclinó por hacerlo.
 
Las recomendaciones sobre que la caminata es la más larga y que por momentos atravesará por lugares de difícil acceso, más la llovizna y el frío, hicieron que algunos prefirieran permanecer en la comodidad del barco.
 
Preparados con ropa de abrigo, en capas; salvavidas, calzado cómodo y adaptable a un terreno húmedo y en el que en algunos sectores hay que escalar un poco, el grupo –unas 15 personas- aborda el bote. Tras unos minutos de desandar los brazos del lago, acompañados por una llovizna incesante, se desembarca en esta parte recóndita del Parque.
 
Algo más de una hora de caminata por ese lugar remoto, en medio de una amigable vegetación, entre rocas con pavimento glaciar (es por la humedad que se forma sobre las rocas), acompañados por el clima cambiante -es una constante en este lugar-, con momentos de llovizna, otros con cielo encapotado y otros con destellos de sol, asoma en toda su magnitud el glaciar Seno Mayo.
 
Lejos está este glaciar de ser el más grande –lo son el Upsala y el Viedma, este último no se llega a apreciar–. Mucho menos el más imponente, pero, por lo que implica la travesía para llegar a verlo, lo convierte en uno de los más atractivos y espectaculares.
 
Pequeños cursos de agua; cascadas que dejan ver la estela de agua del deshielo bajando de las montañas y una vegetación que entrega colores variados, los que a su vez van cambiando con la luz del día; grandes iceberg o témpanos que se desprendieron del Seno Mayo y que detuvieron su avance hacia la parte central del lago, tras ser bloqueados por las grandes formaciones rocosas, son algunos de los aspectos con los que se queda maravillado a lo largo de esta caminata. Una caminata que encuentra su momento de relax en un diminuto refugio de chapa –de dos por tres metros– que parece abandonado en el medio de la nada, pero que, sin embargo, permite sorprender a los viajeros con un vaso de chocolate caliente para templar el cuerpo, acompañado por un vaso de whisky o licor, según el gusto, y una masas para recuperar energías luego de un largo pero encantador recorrido en este paraje remoto.
 
Ahora sí llegó el momento de ser un poco más orgánico y seguir una cronología. Luego del embarque y de instalarse en la comodidad del exclusivo crucero, llegó el momento de hacer un recorrido inicial por el barco para conocerlo en detalle.
 
Un gigante en el lago. El “Santa Cruz”, que hace dos años y medio que navega las aguas del lago Argentino, cuenta con 22 camarotes con vista exterior –con capacidad para 42 pasajeros– y baño privado, distribuidos en dos niveles: tiene 17 cabinas De luxe, cuatro Premium y la más exclusiva: Grand Suite, dotada con balcón privado.
 
En el primer piso, la embarcación de 40 metros de eslora y 10 metros de manga, se encuentra el restaurante gourmet, y en ese nivel cuenta además con biblioteca, livings y una cubierta en popa. En el salón superior, bautizado “Calafate”, se ubican el bar y cuatro salas de estar con grandes ventanales para disfrutar del paisaje que entregan lagos, montañas, glaciares y los diferentes colores de la estepa patagónica, que aparecen a lo largo de los tres días.
 
 

 
El primer desembarco. Luego de casi dos horas de navegación, llega la hora de desembarcar por primera vez. El lugar es la Bahía de Las Vacas, a resguardo de los vientos, que en esta zona son demasiados comunes. No en vano a la Patagonia, los lugareños la conocen como la puerta de entrada de los vientos. Una corta caminata bordeando el agua y antes que caiga la noche para conocer la historia del lugar y las leyendas que encierra.
 
La mañana siguiente desembarcamos otra vez en la Bahía de Las Vacas, pero esta vez para hacer un recorrido de entre 40 o 50 minutos casi en constante ascenso para llegar al mirador del glaciar Spegazzini, que despertó los primeros suspiros y gestos de admiración, más allá de que el avistamiento se hizo a más de un kilómetro de distancia. De regreso, el barco empieza a navegar rumbo al glaciar Spegazzini y después de unos minutos se posiciona frente a la magnífica vista que ofrece. Su frente, que oscila entre los 80 y los 135 metros, según los sectores (equivale a un edifico de entre 22 y 35 pisos), es el más alto de estas formaciones. Lleva ese nombre en homenaje a un biólogo italiano José Carlos Spegazzini, que fue uno de los primeros investigadores que llegó a esa tierra.
 
Después de disfrutar de la vista y de algunos desprendimientos, retomamos la navegación hacia el Canal Upsala, en el Brazo Norte del lago. Una hora más en medio de gigantescos témpanos que estimulan la imaginación con sus caprichosas formas, se distinguen a distancia los glaciares Bertacchi, Cono y el gran Upsala, el más grande del lago, el segundo más importante del Parque y el tercero en Sudamérica.
 
El Upsala, conocido antiguamente como Glaciar del Gigante, tiene una altura aproximada de 60 metros y una pared de frente de unos cuatro kilómetros. La superficie cuadrada es de casi 800 kilómetros cuadrados (algo más de cuatro veces la superficie de la ciudad de Rosario, que es de 178 kilómetros cuadrados). 
 
Luego de dos horas y media de navegación se llega a la Bahía Toro, donde tras una breve recorrida en este lugar naturalmente protegido, rodeados de la más absoluta calma, se disfruta de una buena cena y de un descanso tan reparador como necesario a esta altura. El domingo amanece lluvioso y llega el momento del mayor desafío: visitar el Seno Mayo. Lo demás forma parte de la historia de este lugar atrapante y encantador que ya es conocida. 
 
Los témpanos
 
Los icebergs o témpanos son enormes masas de hielo que se desprenden de los glaciares y que quedan flotando a la deriva en el lago. Sus dimensiones son muy variadas y asoman a lo largo de todo el recorrido. Su tamaño es muy superior al que se ve por encima del agua, puesto que solo se percibe alrededor del 15 por ciento del total, y el 85 restante aproximadamente está sumergido bajo agua, que es lo que le permite estar a flote. Y si bien parecen ser de color azul, solo se trata de un efecto óptico, puesto que el hielo no tiene color. El tono que adopta se debe a la reflexión de los rayos solares. Y mientras más azul se lo vea es porque el hielo está más compactado.
 
Glaciarium y el Bar del Hielo 
 
La atracción principal en El Calafate son los glaciares, que bien ganado tienen su fama. Y si bien no es la única, varias de las otras excursiones que se pueden hacer tienen relación directa con ellos, como el Glaciarium y el GlacioBar, también conocido como Bar del Hielo, que está en un predio en las afueras a solo cinco minutos de la ciudad. 
 
Glaciarium es un Centro de Interpretación de última generación, que brinda una experiencia interactiva y educativa del hielo patagónico y los glaciares de la región. En las distintas salas hay áreas temáticas, exhibiciones que incluyen efectos escénicos, lumínicos y presentaciones audiovisuales. La tecnología interactiva y el cuidado del planeta se entrecruzan a lo largo del recorrido.
 
La experiencia del Glaciarium se complementa con una visita al GlacioBar, un bar construido con bloques de hielo rescatados del lago Argentino. Funciona en una cámara frigorífica que mantiene siempre la misma temperatura y humedad -alrededor de los tres grados bajo cero-. Está en el subsuelo del museo y tanto la ambientación como el mobiliario, ya sea la barra, las sillas, las mesitas y hasta los sillones, son de hielo y están en concordancia con el resto del edificio.
 
Para ingresar al GlacioBar y no congelarse, a los visitantes se les entrega ropa y guantes adecuados para soportar el frío intenso. Es por eso que los viajeros solo pueden estar entre diez y quince minutos. Es una experiencia inédita y vale la pena hacer una visita, donde además podrá tomar un whisky o alguna bebida en vasos de hielo. El Glaciobar estará cerrado por mantenimiento hasta el próximo 15 de julio. Más datos en www.glaciarium.com
 
Datos útiles: 
 
Crucero. El crucero Santa Cruz Marpatag saldrá los martes y viernes entre el 15 de septiembre de 2015 y el 16 de abril de 2016. Las tarifas en temporada baja (septiembre a octubre y de marzo a abril 2016), cabina de luxe, base doble, desde U$S 1.430 por persona. Cabina Premium, U$S 1640. Temporada alta (1º de noviembrede 2015 al 28 de febrero de 2016), cabina de luxe, base doble, desde U$S 1.680 por persona. Cabina Premium, U$S 1.930. 
Más información: 
Experiencia Glaciares Gourmet. Cruceros Marpatag. oficinacalafate@crucerosmarpatag.com. 
www.crucerosmarpatag.com.
 
Aéreos. LAN vuela desde Buenos Aires con una frecuencia diaria a partir de septiembre: la tarifa es de $3.246,10 con impuestos. Ventas & Consultas LAN: 0810-9999-526 o en la páginawww.lan.com 
 
Dónde alojarse. Si bien El Calafate ofrece una amplia variedad de alojamientos, uno de los lugares recomendables es la Posada Los Alamos 5*, que estña abierto todo el año: tarifa en habitación base doble, por noche, $1.165 finales. Incluye: desayuno, spa y copa de bienvenida. 
 
Dónde comer: Al igual que la hotelería, hay mucha variedad y calidad, pero si se recomendar se trata hay que mencionar a: Posada Los Alamos y Casa Los Sauces. También los restaurantes de los hoteles La Cantera y Kosten Aike. 
 
Recomendaciones para viajeros.
  • Las temperaturas en El Calafate no difieren mucho de las ciudades. Lo que varía es la sensación térmica producto del viento, que en esta zona es muy común.
  • La ropa tiene que ser cómoda y en capas, de manera que pueda sacarse o agregarse según el clima. En el barco, durante el día la ropa es informal y por la noche, algo más sport. 
  • Para las excursiones, zapatos para trekking y ropa impermeable. En temporada alta, llevar protector solar y anteojos de sol. En baja, gorro, bufanda y guantes.
  • Las bebidas están incluidas (incluso las alcohólicas) en el almuerzo y la cena. Fuera de las comidas las alcohólicas no están incluidas, al igual que las propinas. 
  • La entrada al Parque Nacional Los Glaciares está incluida. 

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