"El secreto es que no hay secreto", insiste el grupo de hombres que recibe al equipo periodístico. La intención es mostrar que allí no se hace nada oscuro, como flota en ciertos sectores del inconsciente colectivo. Se describen como personas con inclinación a la lectura, la filosofía y el trabajo intelectual en general que cree en el perfeccionamiento del ser humano, la especulación filosófica y la filantropía como estandarte. Mediante colectas, donan árboles o juntan mercadería para poblaciones en lugares de catástrofe. No hay elegidos ni líderes naturales: las autoridades son ungidas por el voto, y los mandatos tienen períodos.
Las logias son grupos de hasta 50 personas que se reúnen a debatir sobre diversos temas, desde una mirada política, pero sin entrar en cuestiones partidarias. La ciencia, el trabajo, la educación, la justicia, la libertad de expresión, de prensa, asociación, conciencia y de pensamiento; los valores republicanos; la división de poderes, la formación cívica y moral, y el arte, son los temas que más les preocupan y sobre los que trabajan en estos talleres de ideas a los que un designado lleva su elaboración, y el resto lo evalúa y discute.
Detrás de la aspiración de parecer gente común que se junta a estudiar y pensar, hay sin embargo un amor por el rito y la alegoría como forma de transmitir conocimiento, más una fuerte tradición de tomar símbolos de distintas fuentes, que dan curiosidad. Es la estética, sobre todo, la que los hace bichos raros. Aunque lo mismo podría decirse de cualquier religión. ¿No es extraño tirarle agua en la cabeza a un bebé, no usar electricidad los sábados o arrodillarse a murmurar sobre una alfombra?
De todos modos, si bien se posicionan en contra de los dogmas de la fe y reclaman la separación de la Iglesia y el Estado, su discurso tiene un condimento espiritual insoslayable, y aunque se respetan las distintas creencias, se habla de un Gran Arquitecto Del Universo, un elemento ordenador que cada uno interpreta con su lente. Hay una profunda sacralización del individuo: los símbolos tienen diferente significado para cada uno, y la experiencia de la iniciación es fundamental como vivencia personal.
Entre todos estos aspectos se construye el enigma popular sobre qué hacen los masones. Pero ninguna pregunta parece incomodarlos. Permiten el ingreso a cada espacio y muestran todos los objetos, excepto unos cuadros que se usan en los ritos: permanecen de espaldas. A favor, sus ocupaciones son bastante terrenales: Martín era carnicero y tiene una inmobiliaria. Gastón es programador. Hay dos psicólogos, Eduardo y Carlos. Mario es médico. No solo discuten: después de las reuniones, fuera del templo, se van juntos a comer y tomar algún vino. También es un espacio de socialización.
Ascendencia
¿El objetivo es conquistar el mundo? No parece. ¿Crecer en cantidad a cualquier costo? Tampoco. Por eso hacen entrevistas personales a cada aspirante. "Para alejar a los locos, que se acercan en cantidad. A veces buscan a los illuminati", dicen con alguna mueca. La organización mantiene una organización democrática y republicana. Hay sanciones y expulsiones a los que se portan mal, como robar o falsear información. El máximo grado de las logias locales es el 33. Se suele llegar tras 15 años de participación. En Rosario hay varios integrantes con ese rango.
En Argentina hubo 14 presidentes masones, entre los que destacan a Sarmiento y Alfonsín. "La incidencia en la historia no es de la logia, sino de los hombres con las herramientas que les dio", apuntan. Como pasó a nivel nacional, la masonería tuvo gran ascendencia en la conformación de la ciudad. Fueron parte de sus filas intendentes, empresarios, hombres de la Bolsa de Comercio, de la Facultad de Ciencias Económicas, médicos y abogados, unas cuantas personas cuyos apellidos hoy son nombres de calles. Pero también hubo mucha masonería obrera, que eran anarquistas, socialistas y comunistas.
Estuvo muy de moda entre 1880 y 1930, cuando la mitad de la burguesía participaba muy activamente en la masonería y era anticlerical. El resto era católico. Luego llegaría el golpe de Uriburu y comenzaría la persecución. Las consecutivas dictaduras en Latinoamérica obligaron a ese repliegue al ámbito clandestino. Así surgieron otras entidades, algunas formadas por masones, que empezaron a cumplir el rol de lugar de socialización de los profesionales y a realizar actividad filantrópica (que la masonería hace pero no da a conocer), como el Club de Leones y el Rotary.
Las figuras históricas locales son el dirigente político Lisandro de la Torre (llamado el "fiscal de la República"), Nicasio Oroño (gobernador que impulsó la ley de matrimonio civil y la secularización de los cementerios) y Ovidio Lagos, periodista, político y fundador de La Capital. También trabajaron en logias masónicas el inglés Williams Wheelwright, administrador del Ferrocarril Central Argentino, y su compatriota Isaac Newell, educador y patriarca del club de fútbol del parque de la Independencia.
Mientras responden a las preguntas, en el inmenso local de Laprida se hace de noche y llega la hora de la reunión semanal. De a poco aparecen personas de todas las edades. Un chico de 19 años, un hombre de más de 60. Hay artistas, profesionales, trabajadores y estudiantes universitarios. Hoy en Rosario trabajan 12 logias, diez masculinas y dos femeninas, un fenómeno reciente. Son unos 250 "hermanos" y "hermanas", de un total de 10 mil en todo el país.
El status social es indistinto: hay una cuota societaria, como cualquier club, pero no se mira la clase. "En Argentina somos pobres, en otros países hay que ser rico y tener un título universitario para entrar", cuentan. Hay personas vestidas de sport y otras de traje. Un muchacho haitiano que saluda con un acento cerrado. Y otros extranjeros: de Brasil, Chile, Venezuela, Perú y hasta un italiano.
Crecimiento
El cambio de milenio le sentó bien a los masones: la publicación en 2003 del exitoso libro El Código Da Vinci de Dan Brown, y la película de 2006 protagonizada por Tom Hanks y Audrey Tautou los puso de nuevo en la agenda masiva, y poco a poco comenzaron a acercarse nuevas generaciones. La historia se convirtió en saga y la mención de la sociedad los mantuvo en el interés en la era de internet donde cualquiera pueda satisfacer su curiosidad buscando información en la web y las redes.
¿Qué piensan del capítulo de Los Simpson de Los Magios, una clara alusión a la organización? Les cae simpático. "No tenemos dudas de que lo escribió un masón", dicen entre risas. La masonería no es secreta, ya que tienen personería jurídica, están inscriptos en la IGJ y tienen el logo en la puerta del local, pero sí es reservada. La discreción es importante para algunos, y no para otros. Hay una regla masónica que indica que uno puede decir si participa en una logia, pero no revelar la condición de otro. No todos les cuentan a sus familias, aunque en la actualidad ya se acostumbra: hay personas que se enteran de que su abuelo era masón cuando fallece.
Muchas veces los nuevos integrantes se acercan porque tuvieron un familiar en la masonería. En algunos casos, hay cinco generaciones consecutivas integrando las logias. Otras veces lo hacen por inquietudes e interés espontáneos. No hace falta tener referencias de un "hermano": solo es necesario ser mayor de 18 años, y ser un hombre "libre y de buenas costumbres". Esto no se refiere a sexualidad, raza o religión. De hecho, hay masones católicos, budistas y judíos, y hasta sacerdotes y rabinos masones. Sino solo a que no sean personas que violenten la ley. "Alguien a quien le encargaría que lleve a mis hijos a la escuela", grafican con gracia.
El componente social de fraternidad y amistad es importante. Es un ámbito de contención, y si de repente alguien tiene un problema de adicciones, se lo ayuda. "Muchos pibes se ordenan al entrar acá", comenta Eduardo. ¿Qué pasa con los niños? En general son hijos de algún integrante, que si muestran interés pueden ser apadrinados por una logia, que los adoptan como "lobetones", pero deben esperar la mayoría de edad para iniciarse. Mientras tanto, pueden concurrir a las reuniones administrativas y a las actividades culturales abiertas al público ("tenidas blancas"), pero no a los ritos.
Los masones siempre estuvieron mezclados entre la ciudadanía. En algún momento funcionaron como un semillero de cuadros políticos. Luego hubo un repliegue. Hoy deciden mostrar sus caras y tratar de correr el aura de misterio que los rodea. ¿Pero no es acaso eso lo que los hacía interesantes?