Javier Milei sigue en su etapa expansiva. Empoderado tras las elecciones del 26 de octubre, el presidente avanza en un doble movimiento: fragmenta todavía más a la oposición y engorda su polo de poder. Depende de él.

El presidente suma fichas mientras divide aún más a la oposición. A la defensiva, el peronismo intenta elaborar propuestas propias. Santa Fe: la crisis enciende luces de alerta y activa respuestas
Por Mariano D'Arrigo
LA CAPITAL/Héctor Rio
El presidente Javier Milei apuesta a sumar aliados y a fragmentar todavía más a la oposición para reforzar su hegemonía.
Javier Milei sigue en su etapa expansiva. Empoderado tras las elecciones del 26 de octubre, el presidente avanza en un doble movimiento: fragmenta todavía más a la oposición y engorda su polo de poder. Depende de él.
Con paciencia, Karina y el clan Menem suman fichas en el Congreso, que a partir del 10 de diciembre será un ámbito más amigable para La Libertad Avanza. Siempre y cuando el economista y su entorno hayan aprendido las lecciones de los turbulentos primeros dos años de mandato, en que se les evaporaron las mayorías de las manos.
Convertirse en la primera minoría en la Cámara de Diputados es el objetivo más inmediato de los hermanos Milei. Ese status le daría ventaja al oficialismo en el manejo del trámite parlamentario. El recinto se lleva los flashes, pero la verdadera cocina del Congreso son las comisiones.
Como un equipo en alza, para varios jugadores La Libertad Avanza se vuelve la opción más atractiva en el mercado de pases de la política. Revalidada en las urnas, hoy es la única opción no peronista del escenario nacional que ofrece futuro.
En esa lógica se inscribe el paso de los rosarinos Verónica Razzini y Alejandro Bongiovanni a las filas libertarias. Condimentos personales al margen, como la acusación de traición de Gabriel Chumpitaz a la empresaria rosarina, lo importante es que LLA deja de lado la pureza y suma extracomunitarios. Con las dos nuevas incorporaciones, la fuerza que tiene como jefa en la provincia a Romina Diez controlará casi la mitad de las bancas por Santa Fe: nueve sobre diecinueve.
Con mayor volumen parlamentario, y el acompañamiento por convicción, conveniencia o resignación de la mayoría del sistema político, Milei está ante una oportunidad única: concretar las reformas que piden el FMI y el círculo rojo y por su alto riesgo político nadie quiso, supo o pudo hacer.
En ese camino, Milei no necesita ponerle a todos los que lo acompañan la remera violeta. Sirve también pasar la motosierra por el bloque de Unión por la Patria y que los gobernadores amigables orbiten cerca como átomos sueltos o se agrupen en clubes más pequeños. Dos, tres, muchos bloques federales: esa es la consigna.
Los gobernadores hacen su juego. La ausencia de mayorías rígidas que disciplinen a los díscolos, la disolución de los proyectos nacionales, el control de los recursos naturales de sus comarcas y la porteñización de la política lleva a que los jefes provinciales prioricen sus intereses particulares.
No es perversidad, son los incentivos los que van moldeando una especie de “centrão” criollo. En Brasil, es un collage de parlamentarios sin ideología, que acompañan al gobierno de turno a cambio de beneficios e influencia.
Surgido de las entrañas de un sistema detonado, Milei acentúa la dispersión opositora para crear una hegemonía de minoría. El tiempo dirá si se trata de un proceso de destrucción creativa como el que hablaba el economista Joseph Schumpeter o es un paso más hacia la peruanización de la Argentina.
Por el momento, es una hegemonía con cimientos frágiles. La dependencia de los dólares financieros para domar a la inflación, la pérdida de poder adquisitivo del salario y la destrucción del empleo recuerdan más a los años finales de la convertibilidad que a los años de fiesta del primer menemismo. A eso se suma que esta semana el titular del Indec, Marco Lavagna, tuvo que recurrir al maquillaje estadístico para no blanquear que la economía entró en recesión.
Lejos de pasar a la ofensiva, el peronismo trata de abroquelarse y evitar nuevas fugas. El jefe del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez, hace malabares para tratar de contener a todos. Este martes habrá en Buenos Aires una reunión importante. Allí se conocerá quiénes están dentro y quiénes están afuera.
En UP dan por descontado el divorcio del gobernador Raúl Jalil. Sólo falta el anuncio oficial. El catamarqueño tiene dos problemas, que vuelven su situación más incómoda. Una es que a diferencia del tucumano Osvaldo Jaldo, pionero en independizarse de Unión por la Patria, sí recaerá sobre su espalda el costo de degradar al bloque madre del peronismo a la segunda minoría. El otro es su alianza con la exgobernadora Lucía Corpacci, que sí quiere quedarse en el tinglado que contiene a kirchneristas, massistas y otras tribus.
En cualquier caso, la autonomización de esos gobernadores es señal de un proceso más profundo. Como una supernova, la estrella de Cristina se contrae y expulsa las capas externas hacia fuera.
Sin embargo, el principal problema del peronismo es programático. La reforma laboral es un caso testigo: ¿el PJ adoptará una posición defensiva y se limitará a rol de garante del actual andamiaje del mundo del trabajo, en el que los asalariados registrados son una minoría? ¿O tendrá una propuesta para formalizar al precariado, que percibe derechos que nunca tuvo como privilegios y se siente identificado con el darwinismo de mercado de Milei? En la bancada de UP aseguran que tendrán proyectos propios, tanto para la reforma laboral como para la modificación del sistema impositivo, otra de las cruzadas del libertario.
También Provincias Unidas busca su espacio en este nuevo escenario. Coordinado con Martín Llaryora e Ignacio Torres, Maximiliano Pullaro impulsa a Gisela Scaglia como presidenta del bloque. La movida reconoce a Santa Fe como uno de los ejes principales de la alianza, le da a la vicegobernadora el lugar de protagonismo que buscaba y, si bien la presidenta del PRO Santa Fe va por su tercer mandato como legisladora nacional, ofrece una renovación de caras en Diputados.
En el enojo de Miguel Pichetto —jefe de Encuentro Federal, el antecesor de Provincias Unidas— por la posible designación de Scaglia como jefa se mezclan cuestiones de rosca parlamentaria con un debate sobre el perfil del bloque: un espacio de los gobernadores para gestionar la cooperación y la confrontación con Milei en función de las necesidades de las provincias o una convergencia de políticos profesionales.
En paralelo, Pullaro posterga la foto que le falta al álbum de Diego Santilli. El ministro del Interior alternó viajes a las provincias con reuniones en Casa Rosada, en encuentros en los que abundan más las promesas que las realidades. “No hacemos juicios de valor sobre otras reuniones, pero la prioridad es defender los intereses de la provincia. Queremos una agenda de temas que se puedan resolver y que la Nación cumpla con sus compromisos, como lo hacemos nosotros”, dice uno de los colaboradores más cercanos al gobernador.
En la Casa Gris siguen con atención otro recambio en el gabinete de Milei. Es el ascenso de Alejandra Monteoliva, quien reemplazó a Patricia Bullrich como ministra de Seguridad. Es un área sensible por la historia reciente de Rosario y la batalla sin fin contra las bandas criminales. La coordinación entre provincia y la Nación nunca estuvo en riesgo, pese a los chispazos de la campaña y la tendencia de Bullrich a sobreactuar para captar atención. “Es una funcionaria muy seria, con un perfil distinto al de Patricia. Hemos trabajado muy bien con ella”, aseguran en el corazón del pullarismo.
Más allá de la salida por motivos personales de Alicia Tate de la Secretaría de Mujeres, Género y Diversidades, no están previstos grandes cambios en el gabinete provincial. A lo sumo, serán quirúrgicos y en segundas o terceras líneas.
“Lo evaluará Maxi con cada ministro. Siempre hay cosas para corregir, pero llegamos a fin de año con 184 días de clase e inaugurando un hospital en Rafaela”, dicen en el gobierno.
Con su tablero, Pullaro monitorea en tiempo real la marcha de la gestión. En otra pestaña sigue la caída del empleo privado en la provincia. El despido de 35 trabajadores de Cramaco en Sastre y de 30 en Essen en Venado Tuerto son sólo dos ejemplos y el anticipo de un 2026 complicado.
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Como una medida preventiva, la provincia incorporó en la ley tributaria beneficios fiscales a las empresas que contraten empleados. Con esa decisión, el gobierno busca conectar con la demanda de época de baja de impuestos, amortiguar la destrucción de fuentes de trabajo y mostrar un camino alternativo al de Milei, con eficiencia pero también inversión pública.
En ese sentido, Santa Fe es el laboratorio de un proyecto que todavía no tiene lugar en el escenario nacional. En ese terreno, la figura dominante es Milei.



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