Las charlas se reiniciaron. Pullaro armó un scrum integrado, entre otros, por el ministro de Economía, Pablo Olivares; la secretaria de Legal y Técnica, Julia Tonero, y la exvicegobernadora Gisela Scaglia, una virtual embajadora de la Casa Gris en el Congreso.
El acuerdo estuvo a punto de caerse. Por ejemplo, cuando el gobierno de Milei quiso incluir en la discusión de los fondos previsionales el período 2017-2020. La mayoría de esos años los gobernó Mauricio Macri. Finalmente, acordaron que la auditoría se centrará en los ejercicios entre 2020 y 2025. La etapa de la unilateralidad libertaria muestra sus límites.
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El acuerdo incluye también una tregua judicial mientras Santa Fe y la Nación se pongan de acuerdo con el monto de la deuda y la forma de pago. A la provincia le interesan terrenos en Puerto Norte y el traspaso de obras del Procrear.
“Eso va a llegar tiempo”, reconocen en la Casa Gris. Es diferente la cesión a la provincia de la ruta A012: Milei podría firmar el decreto esta semana.
En la alianza oficialista aseguran que no hubo un toma y daca de votos en el Congreso por obras y fondos. Ese fue el juego de los gobernadores del norte. “Hoy en el Congreso todo se paga contado”, dice una voz con años de experiencia parlamentaria.
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Sí es cierto que desde Santa Fe se dieron una serie de gestos en el Congreso, que allanaron el terreno para que la provincia reciba por el flujo a cuenta del déficit el triple lo que recibía con Alberto Fernàndez y el doble de lo que percibe Córdoba.
Por ejemplo, los cuatro santafesinos votaron a favor del cambio en el Régimen Penal Juvenil y Scaglia y José Núñez —dos PRO— acompañaron la reforma laboral y la ley de glaciares.
La clave es que Milei parece reconocer que no tenía margen para no cumplir con la ley y que necesita reconstruir un marco de acuerdos mínimos. “Van a necesitar diálogo, es imposible gobernar en soledad a la Argentina. No tienen más margen”, dicen en Provincias Unidas.
La avanzada contra Adorni y los cálculos del peronismo
La sesión en que el gobierno y sus aliados aprobaron una ley impulsada con fuerza por el lobby minero le permitió a los libertarios cortar una racha negra de derrotas. Pero también mostró una foto inquietante para los Milei: el peronismo y otros bloques alcanzaron un piso de 124 votos —a cinco del quórum— para citar a Manuel Adorni por sus gastos y su patrimonio, que no van de la mano con sus ingresos.
El peronismo busca aprovechar el desorden del gobierno y el daño que genera la continuidad de Adorni. Las autoridades del bloque juntan voluntades para convocar a una sesión para el 22 de abril próximo. El objetivo, avanzar con la moción de censura del jefe de Gabinete, que podría terminar con su remoción.
Sería un golpe duro para el gobierno, que no logra hacer pie. El deterioro de los ingresos y la corrupción encabezan las preocupaciones sociales. La aparición de la escribana de Adorni, Adriana Nechevenko, suma protagonistas exóticos a una serie de escándalos que el gobierno quiere cancelar pero no sabe cómo. La vida de lujo del todavía jefe de Gabinete echa combustible al malestar social.
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En el peronismo ven un revival de 2018: se resquebrajan las expectativas y son más los que responsabilizan al actual gobierno que al anterior. “El mayor riesgo es creer que no hay que hacer olas. Tenemos que generar una alternativa nítida a Milei, que combine intensidad con amplitud”, dicen en una tribu nacional con juego en la provincia.
En ese escenario, Axel Kicillof aparece como el nombre con mayor peso específico, pero está lejos de ser el candidato natural. Habrá que ver si hay algún tipo de acuerdo con Cristina Kirchner, si la gestión sobrevive a la asfixia de Milei y si logra llegar a públicos más amplios.
Fuera de eso, no aparece mucho más. Dante Gebel se junta con sus armadores en Europa. Y Provincias Unidas es por ahora más una convergencia para negociar con mayor fuerza con la Casa Rosada que un proyecto nacional.
Ley de municipios: cocina a fuego lento y un anticipo de lo que viene
Por eso, Pullaro y los otros gobernadores concentran su energía en su provincia. El jueves pasado, Unidos sacó adelante la ley orgánica de municipios.
Es una ley importante, porque era la primera derivada de la nueva Constitución y consumió una larga y tensa discusión al interior de la alianza oficialista. Por ejemplo, alrededor del viceintendente, una figura impulsada por Pablo Javkin y que aparecía en el proyecto original enviado por el Poder Ejecutivo pero que no llegó a la versión final.
“Se impuso el sentido común. No había contexto político ni constitucional para incorporarlo. Era un debate muy de coyuntura para una ley que Rosario va a usar seis meses, porque la ciudad dictará su carta orgánica”, dicen en el socialismo.
El dato es que la ley salió sólo con los votos de Unidos y un puñado de diputados satélites. Un mal antecedente en la previa de la discusión de la ley electoral, donde se necesitan mayorías amplias y transversales. A diferencia de lo que pasó en la discusión de la ley de necesidad de la reforma y la renovación de la Corte, no hay cooperación entre el oficialismo y Omar Perotti.
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El rafaelino y su grupo se sumaron a la oposición más dura y evalúan opciones. Una posibilidad es competir de vuelta por la Gobernación. Otra opción es tratar de volver al Senado. Con diálogo abierto con distintos espacios del PJ, en el perottismo deslizan que el único límite lo marcan Agustín Rossi y Armando Traferri.
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Pullaro y Unidos tratan de subir a Perotti al ring. Puede pasar como una amenaza creíble y puede ganar una primaria, pero tendría problemas para ser un candidato competitivo. El talón de Aquiles es Rosario.
Una interna en el corazón del gobierno
Sin embargo, todavía no está claro quiénes jugarán en el nuevo escenario de tercios. Sin una contraparte de peso que cohesione hacia dentro, Unidos sufre el síndrome del opositor ausente.
En ese marco, estalló la interna entre Felipe Michlig y Lisandro Enrico. Es una pelea de dos pesos pesados. De un lado, el presidente provisional del Senado, titular de la UCR provincial y padre político de Pullaro. Del otro, el ministro de Obras Públicas (uno de los pilares de la gestión), un histórico de la Cámara alta y el hombre fuerte del departamento natal del gobernador.
Michlig jugó fuerte: acusó a Enrico de favoritismo en el reparto de obras, se mostró arrepentido con votarle la licencia como senador para que asuma como ministro —una decisión que en su momento generó discusiones sobre su constitucionalidad— y dijo que “la lapicera cambia” a las personas. Además, lo hizo en una sesión, a plena luz del día.
En Unidos hablan desde viejas diferencias que arrastran en el Senado, los roles que ocuparon en el dispositivo que terminó con el triunfo de Pullaro y el lugar que ocupó cada uno después, las tensiones que genera la manta corta de recursos y la personalidad de los involucrados hasta el impacto emocional de la tragedia escolar de San Cristóbal.
También juegan las posibilidades que aparecen a futuro. Michlig es el jefe de la columna vertebral de la alianza y Enrico el único ministro con capital político personal y proyección electoral propia. Ambos son legítimos aspirantes a suceder a Pullaro.
La interna expuesta pone a Unidos frente a una crisis para la que no estaba preparado. Durante casi tres años, la mesa chica de la alianza que nuclea a la UCR, el PS, el PRO y otras fuerzas gestionó diferencias políticas, derivadas de concepciones e intereses contrapuestos, pero nunca habían llegado al plano personal.
Además, la tensión entre ambos referentes pone al gobernador a laudar un conflicto entre dos referentes de su propio grupo político. Para un cultor de la organización política como Pullaro, una situación en la que no le gusta estar. “Maxi tiene que ordenar, y lo va a hacer”, dice uno de los principales dirigentes de la alianza.
En paralelo, el peronismo ve una oportunidad. Hay sectores que empiezan a pensar en una Paso de diseño, con opciones para contener a votantes que van del centroizquierda a la centroderecha.
Además de Perotti, quien no necesita instalación, aparecen otros jugadores que se están moviendo. Están, por ejemplo, Diego Giuliano, por el Frente Renovador, y Eduardo Toniolli, por el Movimiento Evita. A esos nombres se suma el rossista Germán Martínez. El presidente del PJ rosarino recorre la provincia para tejer redes y sumar conocimiento y tiene desde la presidencia del bloque de diputados nacionales de Unión por la Patria un lugar de visibilidad.