Facundo Arana deja claro que todo lo vive “con toda el alma”. Las veces que lo mencionó durante la charla con La Capital lo hizo con tono amable y convencido de que no existe otra manera de encarar las ocupaciones a las que dedica su tiempo, además de actuar, en una larga lista que va desde escalar el Everest hasta escribir dos libros, tener su propia banda y sumarse a causas solidarias. Una de esas actividades que hace con intensidad es el teatro: “Salgo del escenario con el alma muy llena”, afirmó el actor sobre “Los 39 escalones”, la obra con un texto original de Alfred Hitchcock y que presenta junto a Guillermina Valdés, Fredy Villarreal y Maxi de la Cruz, bajo la dirección de Manuel González Gil.
Y el teatro es solo una de las facetas con las que el actor diversificó su carrera de más de 30 años. Estrella de algunas de las tiras más exitosas de la televisión -“Perla negra”, “Muñeca brava”, “Buenos vecinos”, “099 Central”, “Padre Coraje”, “Sos mi vida”, “Vidas robadas”- también editó discos, subió tres veces al Aconcagua y llegó a la cumbre del Everest. Así resume Arana el ritmo intenso de su vida, en el centro de la cual están sus tres hijos y su mujer, María Susini: “Amo actuar, tocar el saxo, el piano, la armónica, cantar, dibujar, escribir, bucear, subir montañas, pilotear aviones, saltar de ellos, surfear, viajar. Pude convertir mis pasiones en mi oficio”, narra en su primer libro “La pluma de Caly”, y agrega: “Viajé por toda mi tierra que quiero tanto; la recorrí en avión, auto, moto, camioneta, micro, bicicleta, caminando, a dedo. Vivo mi vida con toda mi alma”.
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En “Los 39 escalones”, un hombre con una vida aburrida, interpretado por Facundo Arana, conoce a una misteriosa mujer que dice ser espía. Cuando la lleva a su casa, ella es asesinada. Antes de que se pueda dar cuenta, el hombre se encuentra perseguido por una organización llamada Los 39 Escalones que no le perderá pisada en una cacería humana por todo Estados Unidos. La obra se presenta el jueves 29 de junio, a las 21, y el viernes 30, a las 21 y a las 23, en el Centro de Convenciones del City Center (Oroño y Circunvalación). Los tickets online se pueden adquirir en articket.com.ar.
Ya viniste a Rosario con “Los puentes de Madison”, “Cartas de amor”, el unipersonal “En el aire” y con “Poder se puede”, y ahora con “Los 39 escalones”, una obra con puestas que recorrieron el mundo. ¿Qué pensás de ese desafío?
Soy un asiduo concurrente a Rosario. En mi interior tengo a Rosario como una de las plazas más exigentes de Argentina, con lo cual me encanta ir a probar con cada una de las obras y la verdad que hasta acá me ha ido muy pero muy bien. Y vamos con la seguridad de aquello con lo que estamos yendo. Es una obra de Hitchcock pero podría ser de Juan Pérez porque subiéndome al escenario con los monstruos con los que me estoy subiendo y la dirección que tenemos, dio lo mejor que esta obra puede dar. Me animo a hacer esta frente a quienes hicieron la adaptación en Inglaterra y estoy seguro que les encantaría.
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Junto a Natalia Oreiro protagonizó "Sos mi vida" (foto) y "Muñeca brava".
¿Qué te gustó del texto y la propuesta?
Lo que más me gustaba era ser dirigido otra vez por Manuel González Gil y la gente con la que me iba a subir al escenario. Nunca había trabajado con Freddy, Guillermina ni Maxi. A los tres los había visto y me encantaba la idea. Lo que faltaba ver era ver si entre todos lográbamos aquella cosa mágica que tiene el encuentro y lo extraordinario es que ocurrió.
Tu personaje es una persona con una vida muy lineal y aburrida. ¿Es lo opuesto a tu vida?
Al personaje se lo describe como que está casi al borde de depresión y la quietud, está pasando por el mundo y no sabe hacia dónde va, y de golpe le ocurre que va a ver una obra de teatro y en el momento que ocurre eso conoce un hembrón que además él siente que le queda grande. Después ocurre ese asesinato en su casa y de golpe está inmerso en un thriller de súper acción que en esta versión han llevado a un extremo de comicidad. Además mis compañeros son muy histriónicos y hacen reír con una un cambio de cara o una palabra o un gesto. Mi personaje lleva adelante la historia y mis compañeros tienen cambios y cambios de vestuario para cada uno de los personajes que aparecen para cuatro actores, pero yo hago uno solo.
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Con Pepe Soriano, en "Visitando al Sr. Green".
“Vivo mi vida con toda mi alma”, decís en tu libro “La pluma de Caly”. ¿Es así?
Es tan lindo poder sentarte un día en una Feria del Libro para presentarlo y después estar ahí porque presentaste un cómic (“Los trapecistas”, con ilustraciones de Juan Carlos Quattordio). Y después irte a una montaña y saber lo que estás haciendo aunque estés acompañado por súper guías para disfrutar. También agarrar una raqueta y jugar un partido de tenis sin la presión de tener que ganarle a nadie y sólo porque te estás divirtiendo. A mi me gusta tomarme la vida así, con la responsabilidad de que cuando estoy laburando, como profesional tengo una muy buena performance y por eso un productor me convoca y no solo porque le gusta verme actuar porque si les gusta cómo actuás y solo podés hacer dos escenas, no te pueden convocar para hacer una tira. O en una obra de teatro, si te gusta actuar una vez por semana, no te pueden convocar porque tenés que hacer más de una función. Lo que me está pasando hoy es que con los libros, hacer teatro, tocar con la banda o dar una charla, es muy lindo a esta altura del partido, a mis 51 años, poder hacer todo eso apoyando mi pie en el disfrute y no en ninguna otra cosa.
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Arana subió tres veces al Aconcagua y llegó a la cumbre del Everest.
De todas maneras todo lleva tiempo. ¿Hoy estás disfrutando después de aquel vértigo del inicio?
Están “Canto rodado”, “Perla negra”, “Muñeca brava”, “Buenos vecinos”, “099 Central”, “Padre Coraje”, “Sos mi vida”, “Vidas robadas”, son mucho títulos, y cada uno de ellos son un montón de meses de rodaje. Pero si en aquel momento yo hubiera tenido a mis hijos, ellos hoy tendrían un padre ausente porque en esas tiras protagonizando tenía que irme de casa a las 7 de la mañana y volvía a las 9 de la noche. Hoy estoy acompañando el crecimiento de mis hijos, que mis hijos el día de mañana podrán decir menos mal que papá estaba... o qué lastima que papá no estaba grabando una tira (risas). Pero eso ya no va a depender de mí. Y es una bendición para los que somos padres tener la posibilidad de decir me voy a dedicar un poco más al teatro pero no tengo que soltar la profesión y tener más elásticos los horarios para estar con mi familia. La mayoría de los padres que conozco se van muy temprano y no pueden ir a buscar a los chicos al colegio. Las madres a veces sí, los padres casi siempre no.
¿Fue una decisión consciente hacer una pausa a partir de “Pequeñas victorias”?
Sí, definitivamente. Pero sabés qué pasa, en realidad se fue cumpliendo lo que fui deseando con toda mi alma. Al principio parecía que tenía golpes de suerte y despés me di cuenta que soy un malcriado de la vida, porque Tata Dios me malcría. Todo se fue cumpliendo con rigurosidad y todo aquello lo agradezco mucho. Tengo la familia que soñé, estamos todos con salud, estamos todos unidos. Mal que mal, fuera de todos los líos que puede tener el mundo de hoy, estamos todos con una sonrisa y felices de la vida que tenemos. Con este oficio que tengo, que no soy ni abogado, mi médico, ni ingeniero, pude más o menos ir acompañando esos caminos, y tengo la compa que hubiera soñado toda mi vida, y encima estoy con una obra y unos compañeros de lujo. Te juro que no le puedo pedir más a la vida.
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Caundo con su mujer María Susini.
¿El streaming es una compertencia para la televisión?
Más que competencias son otras fuentes de trabajo. No compiten, se va ordenando algo que Suar me dijo hace 15 años que iba a pasar y yo no tenía ide de qué me estaba hablando. El veía venir lo que está pasando hoy. Me dijo que la tele va a ir quedando para las cosas en vivo, los magazine, los noticieros, el cable, pero toda la ficción que se vaya haciendo va a ir pasando al streaming. El no usaba la palabra streaming, sino que decía va a ir para internet. Es más, me decía todavía no lo tengo muy claro, pero va para ahí. Y fue para ahí con toda el alma. Y por supuesto que son más fuentes laborales, lo que pasa es que se tiene que terminar de acomodar porque no puede ser chicha o limonada, pero se fue ordenando a una velocidad increíble.
Hablando de avances, ¿dónde quedó el galán de las telenovelas?
Bueno, le debo todo lo que tengo. Que la gente tenga ganas de ver qué hago como actor se lo debo a ese actor que hizo de galán todas las veces que se lo pidieron y cumplió con lo que se le estaba pidiendo. Nunca entendí quién fue el que dijo alguna vez que renegaba de hacer de galán porque lo que ví es un montón de gente que quería ser protagonista y el protagonista de una tira es el galán. Incluso a los que veía renegar cuando les dieron el papel de galán estaban muy contentos. Y lo digo sin ninguna malicia. Es como es. A mi más que renegar, me gusta acompañar y ver.
¿Qué pensás hoy de los reajustes de algunas cuestiones de la masculinidad o la caballerosidad?
Depende dónde te sitúes. Para mi la caballerosidad nunca fue una cuestión de género. Cuando estoy con alguien, no importa quién sea, le abro la puerta o si voy por la vereda voy del lado de la calle y es una cuestión de caballerosidad, pero no de género. No es de género, sino de respeto y cómo te criaron. Tampoco vas a andar renegando de cómo te criaste. Lo que pasa es que el respeto tampoco tiene género. Si vos estás bien criado ningún cambio de paradigma te va a agarrar nunca mal parado porque ningún cambio de paradigma supone que se pierda el respeto. Al contrario. ¿Cómo querés que te llame? ¿Cómo te percibís? A mi me da lo mismo y te voy a tratar con el mismo respeto. Me gusta que te sientas cómodo. La búsqueda es lograr respeto y yo fui educado para eso, entonces díganme para dónde vamos que si vamos con respeto yo voy a estar bien parado. Eso es lo que le enseñamos a nuestros cachorros con María (Susini).
¿Eso hoy no puede sonar medio old fashioned?
Mirá, no puedo pretender no ser old fashioned siendo modelo 72 (risas). Lo raro sería disfrazarme como un chico de 20. Tengo 51, ¡pero qué 51! Es una sumatoria: la coherencia entre lo que se es y lo que se hace, la edad que tenés y si sos una persona respetuosa. De esa forma, no hay lugar donde te vayas a sentir incómodo ni vas a caer mal parado.