Paro nacional

Negocitos de barrio, shoppings y súper impidieron que el paro fuera total

El centro y los paseos comerciales barriales tuvieron sus persianas bajas. Hubo piquetes para evitar aprietes temprano a los empleados.

Miércoles 26 de Septiembre de 2018

Sin escuelas, Tribunales, comercios, ni bancos, ayer Rosario amaneció desierta. La adhesión del transporte público fue clave, como en cualquier paro, para que las calles estuvieran tan vacías. Con el correr de las horas la cosa se empezó a animar, pero no porque arrancara la actividad laboral, sino porque mucha gente se fue acercando a las dos protestas masivas convocadas en la ciudad (ver páginas xx). Desde temprano, piquetes del Sindicato de Empleados de Comercio recorrieron algunos enclaves "rebeldes", como shoppings y supermercados —que de hecho finalmente trabajaron— y también la emblemática esquina de Falabella, que en cambio no llegó a abrir. Sobre la peatonal sólo un par de locales lo hicieron y el resto estuvo cerrado a cal y canto. Los únicos sectores que jugaron contra el altísimo acatamiento del cuarto paro nacional durante la gestión de Cambiemos fueron esos grandes centros comerciales y algunos otros pequeños —y asfixiados— negocios de barrio.

Una buena parte de los hipermercados y súper rosarinos abrieron ayer pese a la contundencia de la huelga lanzada por la CGT y las dos CTA, entre ellos los de las cadenas La Gallega, Coto, Carrefour, Dar, Libertad y al menos algunos Unico. Los llamados "chinos" también trabajaron en su mayoría.

Sin embargo, esas grandes superficies mostraron escaso movimiento, al menos durante la primera parte del día, y algunos de ellos incluso llegaron a habilitar ingresos laterales para hacer menos ostensible su decisión de no adherir a la huelga nacional.

Los shoppings —a excepción del Del Siglo— también abrieron, pese a que los mercantiles "visitaron" a algunos durante la mañana.

Según explicó el titular del gremio, Luis Batistelli, no lo hicieron con el objetivo de "apretar" a las patronales para que cerraran, sino para respaldar a los empleados que habrían querido adherir a la medida de fuerza y fueron coaccionados para no hacerlo. Tanto el Alto Rosario, como El Portal y el Outlet del Bosque funcionaron con horario normal.

Y obviamente también abrieron quioscos, salones de venta, algunas panaderías con servicio de café y unos pocos bares, así como algunas verdulerías de barrio que se movieron mientras tuvieron mercadería, ya que no hubo mercado.

En algunos casos, se vieron persianas levantadas en tramos de una misma calle, como si hubiera sido concertado entre las firmas comerciales: para dar sólo un ejemplo, en Córdoba entre Santiago y Alvear, y en Córdoba y Oroño.

La mayoría de los negocios, sin embargo, permaneció con sus persianas bajas y la postal predominante tanto en el centro histórico como en los paseos comerciales de barrio fue la de una ciudad paralizada.

La excepción fueron las masivas concentraciones de trabajadores y, una vez terminadas las protestas, la de gente que, desobligada al fin de sus ocupaciones de rutina —como el trabajo o el estudio— salió a disfrutar del día libre. A la caída de la tarde, bulevar Oroño y los espacios verdes situados sobre la costanera, desde el parque Urquiza hasta La Florida mostraron el aspecto de un domingo, con mucha gente caminando, haciendo pic-nic o andando en bicicleta.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario