Una líder política y la pasión de miles. Lluvia, barro, aguante, la memoria de Néstor Kirchner por el ciclo que inauguró hace 20 años y la compleja coyuntura donde todavía domina el desconcierto por el presente y el futuro. Sin embargo, con casi todo en contra, CFK confirmó su potencia política única, su vocación de unidad, recuperó la centralidad y dejó atrás los debates internos del FdT: ahora está en sus manos rearmar un artefacto político que derrapó entre pandemias, guerras, sequías, errores propios y torpezas.
Cristina Kirchner dictó una clase de historia política contemporánea en clave nacional y popular. Prolijamente enhebrada desde los inicios mismos del ciclo democrático de 1983 a la actualidad y ofreciendo un programa político como base de discusión: barajar y dar de nuevo con el Fondo Monetario (FMI), transformar el sistema judicial en una pata democrática de la República (terminar con su régimen vitalicio) y refundar una asociación económica entre el Estado y los privados que garantice una distribución de la riqueza equitativa.
Aunque parece que nunca pasa nada nuevo y definitorio en el universo peronismo, kirchnerismo y aliados, el acto de este jueves sepultó por vieja una lógica que parecía ineludible hasta hace pocas semanas: la famosa reunión entre Alberto Fernández, Sergio Massa y Cristina, para encaminar el acuerdo del FdT y salir de la crisis.
Luego del acto, con Alberto viajando hasta Chapadmalal para ocupar su día feriado, ausencia que no generó la idea de vacío en la Plaza de Mayo, confirmó que el armado de ajedrez que se viene en los próximos 30 días no tendrá en el presidente de la Argentina (y del Partido Justicialista) ningún rol decisivo. Aunque no debería descartarse. El que no suma y no es tenido en cuenta, en muchos casos no se va amigablemente a la casa sino que obstaculiza.
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La lapicera en el PJ ahora está en manos del presidente del Congreso partidario, el formoseño Gildo Insfrán, quien visitó recientemente la Casa Rosada y también a Cristina. Hay novedad, ahora fuera de toda duda, CFK será artífice central del armado electoral, donde habrá una formula sugerida y acordada por todos los factores de poder del campo nacional, a la vez que no se descarta pueda prosperar alguna lista competidora por fuera de ese gran acuerdo, incluso con el guiño presidencial.
Podría ser el caso de Agustín Rossi, quien se acercó a la plaza a ras de piso, se sacó fotos con militantes y no accedió a las gradas de seis escalones sobre el escenario para el que estuvo invitado, junto a otros 300 dirigentes y referentes. El final de la película se verá el 24 de junio. Con todo, Rossi, como otros candidatos “por la libre” que decidan jugar en las Paso por fuera del acuerdo mayoritario del frente oficialista, y para no morir en el intento, dependerán de las condiciones reglamentarias internas en el armado de listas.
“Este programa con el FMI será imposible pagarlo, digan lo que digan”, sentenció Cristina. Y calificó la Corte Suprema como “una camarilla indigna” y “rémora monárquica”. Además del acompañamiento de los centenares de miles, la vicepresidenta concretó la presencia, sobre el escenario, de la enorme mayoría de referentes políticos del FdT. Si bien, y como se esperaba, no hubo definiciones sobre precandidaturas, todas las especulaciones recayeron sobre las dos figuras mejor ubicadas en el ranking de cercanía en el escenario: Eduardo Wado de Pedro y Massa.
También la del gobernador Axel Kicillof (Buenos Aires), junto a sus pares Ricardo Quintela (La Rioja) y Alicia Kirchner (Santa Cruz), todos bajo la atenta mirada de Máximo Kirchner, con un buzo de Racing y el acompañamiento de sus dos pequeños hijos.
En la concreción de un programa superador que abrace todo el peronismo y aliados, y separarse quirúrgicamente de la experiencia de la gestión actual, aunque reconociendo “que un nuevo gobierno de Mauricio Macri hubiera sido infinitamente peor”, se cifra el bravo desafío que asume la vicepresidenta. Y se hace cargo de una coyuntura endemoniada para las aspiraciones electorales del proceso político iniciado justo hace 20 años, que retomó las tradiciones fundacionales del peronismo del siglo pasado, luego del ciclo neoliberal de la década del 90 y que colapsó en 2001.
Lo que viene hasta el 24 de junio, será un día a día en el que el objetivo para el kirchnerismo consiste en ordenar, unir, convencer y acordar. Y recién luego ponerle nombres a la nueva aventura electoral. El panorama es abierto y la sorpresa, se sabe, un instrumento clave para revertir la adversidad.