POLICIALES

Un perito estableció cómo acribillaron a David Campos y Emanuel Medina

El ingeniero Ricardo Barchetta exhibió una reconstrucción virtual de la escena del doble crimen de Callao y Cazadores

Viernes 09 de Octubre de 2020

La ubicación de tres tiradores y una serie de datos que abonan la teoría de que las víctimas no intercambiaron disparos con los policías que los acribillaron fueron los puntos salientes del testimonio brindado este jueves por el perito Ricardo Barchetta en el juicio oral por el doble crimen de David Campos y Emanuel Medina. El debate ante los jueces María Trinidad Chiabrera, Román Lanzón y Gonzalo López Quintana tiene a 19 policías del Comando Radioeléctrico y la Policía de Acción Táctica acusados de acribillarlos y manipular la escena para simular un enfrentamiento.

De los imputados hay dos, Alejandro Bustos y Leonel Mendoza, acusados de haber disparado las balas letales. Para ambos el fiscal Adrián Spelta y los abogados querellantes que representan a las familias de las víctimas pidieron penas de prisión perpetua. En tanto, para Marcelo Escalante, el tercer tirador cuyas balas no habrían alcanzado a las víctimas, pidieron 8 años de prisión por abuso de armas, encubrimiento y falsedad. En cuanto al resto, para ocho de ellos el fiscal requirió siete años de prisión por adulterar la escena y falsear el acta, y penas a cuatro años para otros seis sindicados por firmar el acta.

Persecusión fatal

La mañana del 23 de junio de 2017 Campos y Medina volvían de festejar con amigos un campeonato de Boca Juniors cuando varios patrulleros empezaron a perseguirlos porque supuestamente esquivaron un retén policial. Tras casi media hora de corridas por la zona sur, el Volkswagen Up de las víctimas chocó contra un árbol en Cazadores y Callao. Los airbags del auto estallaron y enseguida una lluvia de balas policiales cayó sobre ambos. Medina, al volante, recibió nueve balazos, y tres impactos alcanzaron a Campos.

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Según la investigación de Spelta, Bustos bajó de un patrullero y disparó varias veces frente a la puerta del conductor. Escalante se arrimó y, en principio, hizo dos tiros que sólo impactaron el auto. Finalmente Mendoza se asomó por el lado del acompañante y disparó una bala que ingresó en el ojo de Campos y lo mató.

La pesquisa sostiene que la escena fue adulterada al punto que se perdieron vainas, se falsearon actas y se plantaron dos revólveres para simular un enfrentamiento. Por la prueba colectada hasta el momento se presume que Bustos disparó las nueve balas que alcanzaron a Medina y dos de las que impactaron en Campos. En el caso de Mendoza, si bien no hay cotejo balístico sobre el disparo letal a Campos, fue incriminado por dos agentes que iban con él en el móvil policial y que quebraron el pacto de encubrimiento convirtiéndose en testigos protegidas.

En ese relato, además de admitir que había baleado en la cara a Campos, Mendoza fue visto cuando levantaba la vaina servida luego de haber disparado desde el lado del acompañante. Además las uniformadas aseguraron que los jóvenes asesinados estaban desarmados y que las armas fueron plantadas.

Informes

Ingeniero mecánico, perito balístico, instructor de tiro y docente que ha capacitado incluso a fiscales y defensores de la Justicia rosarina, Barchetta realizó un informe a pedido del Ministerio Público de la Acusación (MPA) en el que compiló información, fotos, videos, pericias balísticas de la Policía Federal y Gendarmería y hasta las autopsias de las víctimas. También analizó los impactos en el VW Up para determinar las trayectorias de las balas, desde donde fueron disparadas y a qué distancia aproximada. Con esa información elaboró una recreación virtual de la escena con vistas de distintos lugares.

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Barchetta analizó impactos de bala en la puerta y la rueda trasera derechas, así como en el zócalo trasero, correspondientes al momento de la persecución. Y también balazos que ingresaron por el costado derecho, a través de la puerta y del vidrio de la ventanilla, disparados cuando el auto ya estaba detenido.

Las mediciones del perito establecieron tres tiradores, dos de ellos ubicados frente al lado del conductor. El tirador A, que sería a Bustos, disparó casi frente a la puerta entre 13 y 14 balazos, algunos de ellos a una distancia más cercana de unos 75 centímetros. El B, correspondiente a Escalante, estaba del mismo costado pero en diagonal y sólo habría disparado dos veces. El C, que según los testimonios sería Mendoza, disparó frente al auto pero desde el lado del acompañante. Según la pericia fue ese tiro el que ingresó en el ojo de Campos en momentos en que éste habría intentado bajarse del auto en medio de la balacera.

El informe dio cuenta, además, de que si bien se calcularon 17 disparos en la escena sólo se levantaron nueve vainas, por lo que faltaron siete u ocho. Además expuso que la ventanilla del conductor estaba cerrada cuando comenzó la balacera pero luego la bajaron accionando la manija manual. También que el revólver que apareció debajo de la cadera de Medina fue depositado luego de que los vidrios alcanzaron el asiento. Eso, sumado al dermotest negativo, llevaron a Barchetta a asegurar que “no pudo haber disparado”.

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En cuanto a Campos, si bien esa prueba dio positiva, el perito también sostuvo que no pudo haber disparado el arma tal como aseguran los imputados. “Había dos airbags, estaba la cabeza de su compañero y el vidrio, tampoco pudo tirar”, expresó.

Buscando dudas

A su turno los defensores intentaron desvirtuar el testimonio de Barchetta buscando contradicciones entre su declaración y su informe presentado a principios de 2018. Entre ellos el defensor de Mendoza, Fausto Yrure, expuso algunas contradicciones que permitieran poner en duda si el tiro letal contra Campos, el único que se le adjudicó a su defendido y por el cual podrían condenarlo a perpetua, pudo haber sido disparado por alguno de los otros dos tiradores.

En ese sentido remarcó durante su interrogatorio que el material balístico colectado y las pericias realizadas sólo vincularon a dos armas, las empleadas por los tiradores A y B. También enfatizó algunas contradicciones o cuestiones que el informe no afirma categóricamente, en gran parte por la evidencia que fue eliminada de la escena del crimen.

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