POLICIALES

La sombra de "Guille" Cantero en un atentado ocurrido hace tres años frente al colegio Inglés de Fisherton

En el juicio por las balaceras revelaron que pudo haber instigado un primer intento para balear al empresario Andrés Lamboy, pero el sicario al que se lo habría encargado fue detenido antes de concretarse el ataque

Lunes 20 de Septiembre de 2021

“Después de dejar a los pibes en el colegio toma café en una estación de servicios Axion”. Dos semanas antes de que, el 18 de septiembre de 2018, atacaran con nueve balazos al empresario Andrés Lamboy frente a la sede Fisherton del colegio San Bartolomé, Ariel “Guille” Cantero envió ese mensaje a un hombre sindicado como uno de sus sicarios. El condenado como jefe de Los Monos acababa de ser trasladado a la cárcel federal de Ezeiza cuando remitió ese texto acompañado por una foto de Lamboy en los que constaban también la camioneta Dodge Ram que conducía la víctima y la patente del vehículo.

El dato fue revelado la mañana de este lunes sobre la recta final del juicio que, en un Centro de Justicia Penal (CJP) prácticamente amurallado, se les sigue a Cantero y a otras seis personas por los atentados a objetivos judiciales de ese mismo año. Quien recibió el supuesto encargo de atacar a Lamboy es Matías César, implicado como colaborador directo de Guille y ejecutor en diez de aquellos ataques.

Los fiscales Matías Edery, Miguel Moreno, Gastón Avila y Aníbal Vescovo dieron cuenta de esa conversación de hace tres años —desconocida hasta ahora— para dar cuenta de que “Cantero hacía encargos de otro tipo” y demostrar que era quien daba las órdenes a sus subordinados.

Sin embargo, Cantero no fue implicado por el ataque a Lamboy porque días después de ese intercambio de mensajes, el 11 de septiembre, Matías César fue detenido en una casa de pasaje Winter al 200, en barrio Acindar, donde dormía con su entonces novia Lucía Uberti, también ligada a la trama de balaceras. El atentado criminal contra Lamboy ocurrió una semana después. Esto descarta que haya sido el tirador. “César no fue el que cometió el hecho y por eso no avanzamos sobre este punto”, explicó luego Edery en conferencia de prensa.

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Para los encargados de la acusación, no hay pruebas de que fuera Guille quien ordenó los disparos que casi le cuestan la vida al empresario el 18 de septiembre. Sí consideran que existió al menos un primer acto preparatorio de ese delito por el que nunca hubo acusados. Es decir, entienden que existió un primer plan fallido en cabeza del jefe de Los Monos, quien no tendría motivos propios contra Lamboy pero pudo ser contratado por terceros.

Los fiscales lanzaron el dato ante los jueces Hebe Marcogliese, Pablo Pinto y Rafael Coria luego de explicar que Matías César tenía trato “directo y frecuente” con Cantero. En el celular que llevaba encima al ser detenido se detectó que en sólo cuatro días de septiembre de 2018 intercambió con Guille más de 400 mensajes de WhatsApp que estaban casi todos eliminados.

Pero entre los que no se borraron estaban las referencias a Lamboy.

Mensajes

Entre el 2 y el 3 de septiembre de ese año, Guille fue trasladado desde la cárcel federal de Resistencia a Ezeiza en el marco de la causa federal Los Patrones, en la cual fue condenado dos meses después. Apenas arribado, el mismo lunes 3, Guille contactó a César desde un celular con característica bonaerense y le pidió que le reenvíe el número que había usado mientras estuvo alojado en la prisión chaqueña. César le envió el contacto que tenía agendado como Lokito, uno de los sobrenombres del líder.

Luego, desde la nueva línea le envió datos de una persona y una imagen: una foto de Lamboy. El mensaje mencionaba la calle Wilde, la camioneta Dodge Ram negra, el número de patente y datos de una actividad de seguimiento al empresario: “Después de dejar a los pibes en el colegio toma café en una estación de servicios Axion”. César agendó a Guille como “Miljaus” —otro de los apodos de Guille en referencia a Milhouse, el personaje de Los Simpson que usa lentes— y eliminó varios mensajes posteriores a esa conversación. Pero la imagen del empresario subsistió. También un mensaje del 6 de septiembre en el que Cantero le envió el nombre del perfil de Facebook de Lamboy.

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Días más tarde, César retomó el asunto: “No me olvidé, ya anduve averiguando dónde queda Kentucky”, dijo aludiendo al barrio privado donde entonces residía Lamboy. La hipótesis más firme sobre el ataque, aún no esclarecido, al que sobrevivió el empresario estuvo conectada con la causa por tráfico de efedrina seguida a Mario Roberto Segovia. Es que Lamboy había sido testigo en esa causa y era ex yerno de uno de los condenados. Se cree que por esos días Segovia pudo compartir pabellón con el recién llegado Guille.

Un dato que llamó la atención de los fiscales es que el mensaje que daba cuenta del seguimiento a Lamboy no contenía errores de ortografía propios de las comunicaciones atribuidas a Guille. Por eso presumen que se trató de un reenvío. La caída de César una semana antes del atentado impide considerar a Cantero el ideólogo. Pero los fiscales sospechan que alguien pudo acudir a Los Monos para contratar un servicio de sicariato. No existen pruebas para achacarle el ataque, pero creen que al menos estuvo planificando un primer intento.

Sobreviviente

Andrés Gerardo Lamboy sobrevivió a varias intervenciones quirúrgicas, una de ellas de más de 7 horas, tras recibir nueve impactos de bala en el tórax, el abdomen y las piernas. Tenía 45 años cuando fue atacado la mañana del 18 de septiembre en Mendoza y Wilde luego de dejar a sus dos hijos en el colegio.

Tres atacantes lo esperaban en un Volkswagen Gol y le dispararon. Lamboy se refugió debajo de la camioneta. Logró cubrir su cabeza, pero fue alcanzado por nueve balas en tórax, abdomen y piernas, partes de su cuerpo que quedaron al descubierto. Al menos 20 vainas servidas se levantaron de la escena. El registro de cámaras de vigilancia mostró que los atacantes se intalaron con el Gol a las 7.38 de ese día, vieron al empresario llegar con sus hijos e ingresar a la escuela sobre las 8 y lo atacaron cuando salió a las 9.20.

Días después se supo que el abogado Fernando Arias Caamaño, representante de Segovia —condenado en 2012 a 16 de prisión por contrabando de efedrina y ahora procesado por compra de armas y explosivos— se presentó en el CJP y puso a su cliente a disposición. Es que el juez federal de Lomas de Zamora, Federico Vilela, había recibido un informe respecto a que Segovia realizó una cantidad inusitada de llamados telefónicos, 19 en total, el día anterior del ataque contra Lamboy.

El vínculo entre uno y otro es que Lamboy fue hasta 2007 director de South American Docks (Sadocks), depósito fiscal del barrio porteño de Barracas desde el que Segovia exportó a México efedrina en 2008. Ese depósito era de Rubén Alberto Galvarini, ex suegro de Lamboy, quien en ese expediente fue condenado a 7 años de prisión.

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En la causa por tráfico de efedrina Lamboy había declarado como testigo aunque nunca estuvo imputado. Dijo entonces que estuvo casado con una de las hijas de Galvarini, oriundo de Villa Gobernador Gálvez, hasta que se divorció en 2008. Recordó que figuró como director de Sadocks hasta 2007 pero aclaró que nunca trabajó para esa firma, ya que aparecía como director sólo en los papeles y se limitaba a firmar actas de directorio.

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