Policiales

Disparan 20 tiros contra un empresario en brutal ataque frente a la escuela de sus hijos

Fue ayer a la mañana en la puerta de la sede Fisherton del San Bartolomé y la víctima recibió nueve impactos en distintas partes del cuerpo. Andrés Lamboy, de 45 años, es abogado pero se dedica a negocios inmobiliarios.

Miércoles 19 de Septiembre de 2018

Todos los indicios llevan a inferir que a Andrés Gerardo Lamboy lo esperaban para matarlo. Sobre las 9.20 de ayer, cuando salía con dos personas de la sede Fisherton del Colegio San Bartolomé en Wilde al 1800, fue atacado por dos hombres que portaban pistolas automáticas. Al escuchar detonaciones el hombre de 45 años se arrojó debajo de su camioneta Dodge Ram negra tratando de preservar su torso y su cabeza detrás de la rueda delantera izquierda.

El brutal atentado conmocionó la cuadra donde, paredón de por medio, unos 25 chicos realizaban una práctica de rugby. Los sicarios dispararon unos 20 balazos, de los cuales nueve impactaron en el cuerpo de la víctima. Lamboy fue trasladado al Hospital Clemente Alvarez (Heca) donde fue intervenido y anoche al cierre de esta edición permanecía internado con pronóstico reservado.

Lamboy reside en el Kentucky Club de Campo de Funes, tiene dos hijos y es abogado de profesión, aunque no ejerce ya que se dedica a la compra y venta de propiedades y campos. Tras conocerse el incidente, las redes sociales devoraron con comentarios la vida del empresario tildándolo de prestamista, por un lado, o recordando que fue testigo en la causa en la que fue condenado el "Rey de la Efedrina" Mario Roberto Segovia y por la cual el ex suegro de Lamboy purga en Ezeiza una condena a siete años.

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Sin embargo, hasta anoche los voceros allegados a la investigación que encabeza el fiscal de Homicidios Luis Schiappa Pietra no veían una hipótesis clara respecto de los móviles del atentado y sus posibles ejecutores.


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Baleado Colegio San Bartolomeu

Feroz

"El no traía habitualmente los chicos a la escuela, los traía la mujer. La Ram negra con vidrios polarizados no es un auto que no llame la atención. Cuando salió lo estaban esperando. Saludó y cuando estaba por subirse a la camioneta le dieron", explicó un testigo.

"Uno de los tiradores —agregó— fue a rematarlo pero desde el club alguien gritó y entonces el que manejaba empezó a gritar «vamos, vamos, vamos». El ejecutor dudó. Después se dio vuelta y cuando quiso subirse se le había trabado la puerta. Se le había bajado el seguro. Le quedó medio de blooper pero después se pudo subir y se fueron por Wilde hacia la autopista", agregó el testigo.

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Otras personas que transitan la zona habitualmente indicaron como algo llamativo que en el cruce de Wilde y la autopista diariamente suele haber apostado un móvil policial, que ayer en el momento del ataque no estaba.

"Uno fue a rematarlo pero alguien gritó desde el club y entonces los tipos escaparon hacia la autopista", dijo un testigo"

La ferocidad del atentado quedó reflejado en una veintena de vainas servidas sobre el pavimento y al menos ocho perforaciones en el muro de placas de cemento que delimitan el Colegio San Bartolomé y el club Old Ressian.

Del otro lado del muro 25 pibes de entre 17 y 20 años entrenaban en el gimnasio del centro de alto rendimiento de Old Ressian. Eran preseleccionados Pumitas que a las 9.30 debían trasladarse a la cancha que está paralela al muro para hacer ejercicios de campo.

"Nosotros asistimos al herido con el médico de la UAR (Unión Argentina de Rugby), que se plantó y dijo que no lo movieran y esperaran a la ambulancia", indicó uno de los entrenadores que trabajaban en el predio. "Los chicos estaban en el gimnasio y a las 9.30 íbamos a trabajar en las canchas que están al costado del paredón", explicó. En la cuadra no hay cámaras de videovigilancia a la vista.

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Sorprendido

Según se pudo reconstruir, alrededor de las 8 de la mañana de ayer Lamboy llegó en su camioneta 4x4 Dodge Ram a las puertas de la sede Fisherton del Colegio San Bartolomé. El predio está ubicado a ambas manos de Wilde al 1800 —unos 150 metros al sur del cruce con Mendoza— y unido por un puente peatonal. Además de las actividades propias del club Old Ressian, profundamente vinculado con la escuela, al lugar asisten a realizar actividades alumnos desde sala de 3 hasta la secundaria.

Lamboy llegó y estacionó su camioneta sobre la mano sur-norte a la altura del ingreso al club Caranchos. Caminó con sus hijos hasta el portón de ingreso al colegio y, una vez que ingresaron de los niños, cruzó el puente peatonal que une la sede escolar con el club Old Ressian.

El empresario se quedó desayunando con al menos dos padres en el bufé del club y alrededor de las 9.20 emprendió el camino de salida. Volvió sobre sus pasos transitando por el pasadizo y charlando con dos padres. Al llegar a la vereda caminaron alrededor de 30 metros. Se saludaron y cuando la pareja con la que estaba Lamboy estaba pronta a subirse a su Citroën C3, apareció un escena un auto de color oscuro que circulaba en mano norte-sur.

Fuentes ligadas a la pesquisa indicaron que se trató de un VW Gol Trend azul pero testigos del hecho aseguraron que si bien no recordaban marca y el modelo, era de color negro.

Los sicarios dejaron expuesto que conocían los movimientos de la víctima. Cuando Lamboy se acercaba a la puerta de su Ram bajaron dos hombres armados y enfocaron su furia homicida contra él. Al escuchar las detonaciones el empresario se zambulló debajo de la camioneta y buscó ocultar su cabeza y torso detrás de la rueda izquierda.

Los tiradores ganaron el centro de la calle Wilde y se enfocaron sobre el empresario. "Le pegaron diez balazos más o menos y podía verse que tenía varios roces en su cuerpo. Decí que estos tipos (por los agresores) le dieron tiempo a dejar a los chicos en el colegio", explicó un hombre que se acercó a ayudar a Lamboy, que fue auxiliado en el medio de la vereda.

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Reservado

El herido fue trasladado al Heca con nueve heridas de arma de fuego: una en tórax, dos en abdomen y seis en las piernas, la parte que quedó más al descubierto. Uno de los balazos le perforó la vejiga y otro le rozó el corazón provocándole un neumotórax. También presentaba una fractura de fémur y perforación en el duodeno. Luego de unas ocho horas de intervención quirúrgica, anoche permanecía internado en terapia intensiva en estado crítico y con pronóstico reservado.

En la escena del crimen quedaron diseminadas al menos 20 vainas servidas calibre 9 milímetros y alrededor de 30 marcas con tiza en el pavimento y el paredón de cemento de huellas de material balístico.

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